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Justicia

Blog de Pedro Sánchez Prieto // "La Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho." (Justinano)

16 Agosto 2012

Una España de corrupción

Si algo caracteriza a la vida política española en estos tiempos ese algo es la corrupción. Desgraciadamente tenemos un sistema que premia a lo chorizos y defiende la corrupción. Evidentemente la gran culpa de ello lo tiene el sistema electoral, un sistema electoral que deja secuestrada la soberanía nacional en los despachos de los partidos políticos, una oligarquía de partidos políticos que representa solamente a las viejas oligarquías españolas, oligarquías nacionales y regionales que han sido las grandes lacras de este país. Lo digo claramente, el sistema proporcional de listas cerradas es un insulto a la democracia española.

El sistema de España es corrupción, una corrupción que ya comenzó a asomar su hocico de manera tímida en los primeros gobiernos de UCD y que llegaron a un grado insultante durante los gobiernos socialistas de Felipe González. Podríamos echar una repaso rápido de los casos más conocidos: El caso Roldán, el caso Filesa, el caso de Juan Guerra o el caso GAL. Son muchos los casos de corrupción, una corrupción que invadió totalmente la vida política del país y que puso la duda en la mente de todos los españoles sobre nuestro sistema político. Fue entonces cuando comenzó la cuestión sobre la situación democrática de nuestro país y fue entonces cuando se empezó ha hablar de la regeneración de la democracia española.

José María Aznar se presentó como regenerador de la vida política española, pero tal regeneración no se vio por ninguna parte. No hubo reformas políticas de ningún tipo y se pusieron los cimientos del sistema económico basado en la especulación urbanística, madre de todas nuestras desgracias. Fue entonces cuando comenzó la burbuja inmobiliaria, una burbuja inmobiliaria que fue negada en su momento por Rodrigo Rato (ese gran hombre que se ha cargado el sistema financiero español). Así estamos inmersos en una España donde no se sabe donde termina la clase política y donde empieza la clase financiera, una España donde no se sabe hasta donde llega el gobierno y donde comienza la banca, una España donde tenemos bien claro porque las cúpulas corruptas de este país son tan solidarias entre ellas a la hora de la verdad: Todos están hasta el cuello de mierda.

No habrá regeneración política hasta que no haya una profunda reforma del sistema. Reforma que debe comenzar por la Constitución de 1978, una Constitución que no debe ser profundizada ya que si son los errores de esa constitución la que nos ha llevado a esta degeneración, profundizar en ella supondría profundizar en esas degeneraciones y alejarnos de la democracia a la que este país desde hace doscientos años aspira (siempre impedido por los sectores más tradicionales de este país). La corrupción se pasea por todos los palacios de España, está bien presente en el Partido Popular y el Partido Socialista, cala también en la Casa Real y se pueden ver rasgos de ella en algunos casos de Izquierda Unida o Unión Progreso y Democracia. Eso lo estamos viendo ahora, cuando casos de corrupción del PP, el PSOE y CiU protagonizan todos los días las portadas de los informativos y su impunidad protagonizan las conversaciones en la calle.

Es doloroso ver como la corrupción es algo impune en España, como se hace más contra un político que roba productos de primera necesidad en las grandes superficies que contra un político que roba de las arcas del Estado, lo que es de todos, para llenar sus bolsillos y arruinar al país. Es muy duro ver como la corrupción en España es prácticamente un sistema de vida para muchos políticos y para muchos ciudadanos que conviven con esa corrupción por necesidades económicas o por su cultura (más bien por su incultura). No puede terminar bien algo tan basado en la corrupción como el sistema político español. Es tremendo no solo ver el comportamiento poco ejemplar y el lenguaje barriobajero de los implicados (algo que pudimos ver en el caso Camps), pero más tremendo aún es ver como esos corruptos desarrollaron todas sus redes fraudulentas con una facilidad pasmosa.

Cuando Rajoy tomó investidura como presidente tuvo una acalorada discusión con Rosa Díez sobre la corrupción. Rajoy no quería admitir que la corrupción era un problema político. No es normal que un político no asuma la corrupción en las instituciones como un problema político, eso solo lo hace el político corrompido que participa de ello o el pobre ignorante que no es consciente de que no puede haber una democracia si hay una corrupción que queda impune y adultera esa soberanía nacional a golpe de dinero. Eso en el Partido Popular no lo comprenden, posiblemente porque para ellos la democracia es el "menos malo" de los sistemas de gobierno para desarrollar su política en lugar de la forma óptica de gobierno para un Estado.

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