El amigo de Rajoy
Me ha llamado poderosamente la atención las extrañas amistades que hace la política. No hace mucho cada vez que el ex presidente Zapatero iba a Marruecos el entorno mediático del Partido Popular se tiraba de los pelos y decía que Zapatero se sometía a un dictador, trazaba amistades con él y torturaba al pueblo del Sahara. No les faltaba razón, Zapatero apoyó en todo momento un régimen vergonzoso como es el marroquí y lo hizo incluso en momentos en los que se hicieron locuras, como lo de Aiún, que escandalizaron al mundo entero. Ahora el amigo es Mariano Rajoy, que ha pasado de mandar a gente del PP a manifestaciones en favor del Sahara a ir con Mohamed VI a llamarle amigo.
Es cierto que Mohamed VI ha hecho algunas reformas democráticas para ablandar el régimen de su padre Hassan. La tortura sigue existiendo únicamente porque es la respuesta de un Estado no democrático al terrorismo que hay, pero las denuncias de Amnistía Internacional son cada vez menos. También hay una cierta libertad de prensa y en pocos años ha progresado algo la posición de la mujer. Pero digan lo que digan, lo que hay en Marruecos sigue siendo una dictadura y además es una dictadura bastante cerrada. El rey sigue siendo una figura que no se puede cuestionar, de la misma manera que tampoco se puede cuestionar el tema del Sahara.
Marruecos es un país con muchos problemas. Su principal problema es el paro juvenil, que afecta además a una población con una gran preparación académica. También tiene el problema de la acumulación de la riqueza en unas pocas manos, manos que son cercanas al entorno del rey, en un país donde la pobreza va en aumento y la corrupción aflora por todas partes.
Cada vez hay una sociedad civil mejor organizada, con una mayor cultura democrática, que forman partidos políticos y asociaciones para modificar el rumbo de su país. La influencia de la Revolución de Túnez hizo que en Marruecos también hubiese protestas por parte de los jóvenes estudiantes, el Movimiento 20 de Febrero. El rey Mohamed habló de hacer una reforma constitucional, pero la reforma que hizo fue mínima y no cede casi soberanía al pueblo.
El rey Mohamed tiene que mirar a su alrededor y darse cuenta de lo importante de la Primavera Árabe. En sus manos está hacerse cargo de su responsabilidad y estar a la altura de las circunstancias, si no quiere hacer más daño a su propio país. Por ello es necesario que tome una serie de reformas democráticas. A saber, crear un gobierno que tenga competencias reales, abrir la institución monárquica y hacerla más transparente (si quiere salvar una monarquía parlamentaria), marcar la división de poderes, abolir la censura, inscribir la laicidad en la Constitución y garantizar la libertad de culto, hacer una verdadera democracia donde las elecciones sean totalmente libres y donde el parlamento tenga libertad para organizarse sin que el rey tenga que elegir gobierno de la lista más votada.
Este es el contexto en el que está Marruecos y en este contexto lo favorable sería un compromiso inequívoco de España en favor de la democracia, dándole su apoyo a Marruecos en las reformas y solo en las reformas, para que las vaya acometiendo sin temer las reacciones de aquellos que no quieren que se realicen esas reformas bajo la autoridad del rey Mohamed VI, hablo por ejemplo de los movimientos terroristas que intentan intensificar la tensión en el país. Y por supuesto, tiene que poner sobre el tapete el tema del Sahara e intentar ser el abogado del pueblo saharaui.
Desgraciadamente no veo que vayan por ahí los tiros. Lo único que hará el gobierno de España será dar el apoyo a Mohamed VI que necesite, no para hacer las reformas, para ayudarle a contener las movilizaciones que pueda haber y ser una garantía de apoyo ante la adversidad. El gobierno español prefiere que en Marruecos haya un gobierno controlado por un poder autoritario, con el que estén en paz para poder controlar los flujos migratorios y llegar a acuerdos para salvaguardar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. La democracia parece que no figura en la agenda de política exterior de Mariano Rajoy, que ignora la primavera árabe y se apunta al apoyo inequívoco a las dictaduras árabes (una postura habitual en los países occidentales que han sido el escándalo de la sociedad civil cuando estas revueltas empezaron).
En fin, Rajoy en su estilo, con esa cara que contrasta una sonrisa tétrica con unos ojos claros de niño. Diciendo que Marruecos es una democracia cuando es mentira, además no había por qué decirlo. Nos deja en ridículo a los españoles que diga semejante sandeces, que ponga a Marruecos como ejemplo para el mundo árabe (como si Marruecos fuera más progresista que Túnez, que Libia, que Egipto o que Argelia), que diga que es una democracia y que ande lanzándole palmitas a Mohamed VI solo para poder llegar a acuerdos sobre inmigración etc. Vergüenza de presidente, que no tiene ni la ética ni la estética.
Justicia

