La Noria pasada de vueltas
El día 29 de octubre el programa La Noria, producida por la Fábrica de la Tele, emitida en Telecinco y presentado por ¿el periodista? Jordi González, realizó una entrevista a Rosalía García, madre del cuco, uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo. La entrevista generó una reacción sin precedentes en internet, las redes sociales ardieron contra el programa de La Noria y la campaña acabó teniendo tal incidencia social que los anunciantes decidieron retirar sus anuncios del programa (Nestlé, Campofrío, Plueva, Bayer, Banco de Sabadell, Vodafone, L´oreal y el Corte Inglés). En los medios de comunicación la crítica también fue unánime. La familia también se sintió ofendida por la entrevista a la madre del Cuco y sobre todo por el cobro que la madre del Cuco tuvo por la entrevista.
La verdad es que la falta de ética periodística de La Noria ya roza lo insoportable. Una cosa es dar voz a parte de la acusación y otra cosa es entrar a un caso con una gran incidencia social, en un momento de gran tensión porque hace nada ha sido el juicio y el Cuco (que es menor de edad, o al menos lo era cuando cometió el delito) acaba de ser juzgado, un juicio en el que el resultado no parece haber contentado del todo a una familia dolida que, desgraciadamente, está dejando de creer en un sistema penitenciario que trabaja por la reinserción, discurso que está teniendo incluso calado político (y ahí tenemos la promesa del PP de establecer la cadena perpetua revisable).
Después de la retirada de los anuncios pudimos ver al padre de Marta del Castillo dando las gracias a las marcas que retiraron sus anuncios de La Noria en el programa de Antena 3, competencia de Telecinco, llamado Espejo Público. Por otra parte, en El Gato al Agua, de Intereconomía, el europarlamentario del PP y contertulio del programa Alejo Vida-Quadras se felicitaba por lo sucedido y señalaba que ante la falta de ética periodística de Las Noria, que manchaba el oficio del periodismo en nombra de captar más audiencia mediante el morbo, una empresa tiene la obligación de retirar sus anuncios por motivos de ética empresarial (yo más bien diría que por estudio de mercado e imagen de la marca, no creo que a empresas como Nestlé le importe demasiado la ética).
En respuesta, un patético Jordi González dedicó unos minutos de su programa para explicar lo sucedido. Para defender su programa, González señaló que en Antena 3, en el programa Tal Cual, Rosalía fue entrevistada en las mismas condiciones que en La Noria, al igual que en Las Mañanas de CUATRO (cuando este canal aún pertenecía a PRISA). La defensa de Jordi González es cierta y ahí están las hemerotecas para dar fe de lo que pasó. No sé cuáles serán las condiciones económicas de la entrevista, el pago a Rosalía, peor si es cierto que su estancia en La Noria no fue su primera experiencia con la TV. Pero se equivoca Jordi González cuando se hace la víctima o llama censores a aquellos que le critican, diciendo que los televidentes de Telecinco defienden la democracia al ver La Noria (con el público aplaudiendo en uno de los momentos más grimosos de la TV).
Yo no le niego la libertad para hacer tele mierda de manera continua, con unas tertulias políticas a nivel de retrasados mentales con contertulios del todo a cien (María Antonio Iglesias, Enric Sopena, Alfonso Rojo, Pilar Rahola, Miguel Ángel Rodríguez, ¡Menudo cartelazo!), que utiliza el morbo con asuntos como la muerte del futbolista Antonio Puerta y que fue demandada por la presidenta de la Asociación El Defensor del Paciente por manipulación de una entrevista (demanda que fue aceptada y que le costó una condena a Telecinco. Él es libre, puede hacer esa televisión si consigue fondos en ese modelo televisivo, yo ahí no puedo hacer más que no verlo por vergüenza propia y ajena. Pero él me admitirá a mí el derecho, como ciudadano libre, de opinar que lo que hace es porquería en estado puro, un circo infame que llena de mierda la labor periodística y me permitirá el derecho de organizarme junto a otras personas en la red para manifestar mi descontento por las cotas a las que está llegando esta manera de hacer televisión. Yo también soy libre y yo seré más sujeto de derechos, dado que en la pelea periodística la fuerza la tiene Telecinco que tiene los medios para llevar a cabo un proyecto comunicativo audiovisual, yo solo tengo mi voz y mi pensamiento, mi palabra. De la misma manera, en una economía libre de mercado las empresas tendrán la libertad de colocar sus anuncios donde les de la real gana y si creen que el fango de un programa de basura puede manchar su imagen, es normal que decidan retirar sus anuncios a pesar de la audiencia tan positiva que pueda tener dicho programa.
La Noria puede llorar y señalar a los de al lado, Antena 3 o CUATRO (que ahora está fusionada con Telecinco), pero no se pueden quejar. Aunque sea verdad lo que dice Jordi González, a La Noria le ha pasado como al jugador que se tira haciendo faltas todo un partido y al final se va a la calle con dos amarillas mientras que al frente tiene a un jugador que solo hizo una entrada dura y solo tiene la amarilla asique permanece en el campo hasta el final. La Noria a forzado demasiado el límite de la dignidad y al final ha reventado, estamos bastante cansados del morbo y de esta televisión que se erige cada vez más como principal huerto donde se cultivan imbéciles iletrados o babosos que buscan ver desesperadamente un pezón en alta definición.
Se ha demostrado que una movilización social alta, sin precedentes hasta ahora, en contra de un contenido indignante de un programa de televisión puede forzar a dañarles donde más les importa, en los anunciantes. Creo que eso es algo que ya no podrán olvidar los demás canales de TV (que muchos tienen ya una amarilla, algunos hasta con último aviso). No se contenten los periodistas de Antena 3 e Intereconomía con criticar los malos contenidos de Telecinco a la vez que alaban los contenidos de una cadena donde, casualidades de la vida, trabajan ellos. Aquí todos los canales tienen que mejorar sus contenidos, ofrecer una parrilla variada para todos los públicos, trabajar por hacer buenas series, desarrollar los medios de comunicación para innovar y marcar la diferencia, hacer un periodismo riguroso y contrastado con programas de debates donde se dejen ver todas las opiniones y que busquen crear criterios de opinión sólidos, oferta cultural y programas infantiles con finalidad educativa, tanto en conocimientos como en valores positivos. Esa es la televisión que pedimos, no podemos realizarla nosotros porque no tenemos los medios (los tienen ellos), asique no nos queda más que utilizar las herramientas que tenemos como ciudadanos para forzar cambios, como clientes, en el modelo televisivo. Si Jordi González va a dar lecciones de democracia que al menos lo haga con las tetas de la Daniela Blume al lado, al menos habría algo más interesante que ver en vez de los vagos conceptos de política que pueda soltar de manera tópica un filósofo frustrado.
Justicia
