Causas de la Revolución de Mayo en Buenos Aires
En 1776 los trece estados del Norte de América declararon su independencia con su metrópoli inglesa, algo que sirvió de ejemplo para los criollos. Se demostró que era posible una revolución independentista. La Constitución de los EE.UU. proclamaba la igualdad de todos los hombres ante la ley, un derecho que no alcanzaba a los esclavos, y defendía el derecho de la propiedad privada y la libertad, estableciendo una forma de gobierno republicana.
En 1789 se produce la Revolución francesa y sus ideales comienzan a expandirse por todo el mundo. Una asamblea revolucionaria en Francia acaba con la monarquía y ejecuta al rey Luis XVI junto con su esposa María Antonieta, suprimiendo los grandes privilegios de la nobleza. La Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, resumida en libertad, igualdad y fraternidad, tuvo un gran impacto entre los sectores de edad más jóvenes de los criollos. La Revolución francesa expandió por Europa la ideología liberal, que propugnaba la libertad política y económica. Destacaron políticos y pensadores opuestos a la monarquía y el absolutismo como Voltaire, Rousseau, Montesquieu o Diderto, así como las ideas económicas de libre comercio que Adam Smith exponía en su obra La riqueza de las naciones.
Las ideas liberales estaban perseguidas en el territorio español, no se dejaba entrar obras sospechosas de revolucionarios, aunque igualmente se difundían de forma clandestina. En América del Sur, la obra de Rousseau "El contrato social" es acusada de ser la base ideológica de las revoluciones de La Paz y Chuquisaca. En la Iglesia, Francisco Suarez (importante pensador católico) sostiene que el poder político no pasa de Dios al gobernante de forma directa sino que se hace a través del pueblo. El gobernante, según Suarez, simplemente es un delegado del poder que posee el pueblo, en el momento que estos gobernantes no gobiernan para el bien común se convierten en tiranos y el pueblo tiene derecho a enfrentarlos y derrocarlos para establecer nuevos gobernantes.
En Gran Bretaña se vive una revolución industrial que necesita de nuevos mercados en los que vender su producción creciente de carbón, acero, telas y ropa. Gran Bretaña deseaba que el comercio de las colonias españolas en América dejara de ser un monopolio de su metrópoli, en varias ocasiones intento conquistar las colonias mediante las fallidas Invasiones Inglesas asique optó por promover la su emancipación.
En Europa se desarrollaban las Guerras Napoleónicas entre el Imperio Napoleónico y el Reino Unido (también el Reino de España). Las fuerzas francesas tenían todo a favor en un principió, con las abdicaciones de Bayona se consiguió la abdicación de Carlos IV y Fernando VII, los cuales fueron reemplazados por el hermano de Napoleón, José Bonaparte. La monarquía española intentó resistir formando la Junta de Sevilla y más tarde el Consejo de Regencia de España y las Indias.
Como hemos mencionado antes, en la época del virreinato el comercio exterior era un monopolio de España y no se permitía el comercio legal con otras potencias. Esta situación era realmente injusta para Buenos Aires, ya que España minimizaba el envío de barcos a dicha ciudad. Esta decisión se debió a la piratería que obligaba a enviar los barcos de comercio con una fuerte escolta militar. Buenos Aires no contaba con recursos de oro ni de plata, tampoco tenía poblaciones indígenas de las cuales obtener recursos, de manera que enviar estos convoyes de barcos era mucho menos rentable y sencillamente no se hacían, era más rentable enviarlos a México o Lima. Los productos que llegaban de España a Buenos Aires eran caros y escasos, insuficientes para mantener a la población, por lo que se desarrolló el contrabando, todo ello con el beneplácito de los gobernantes locales. El comercio ilícito alcanzó cirfras similares al comercio autorizado con España. Con el tiempo se formaron dos grupos de poder en la oligarquía porteña, los ganadoeros que reclamaban el libre comercio para explotar su producción en mejores condiciones y los comerciantes contrabandistas, que rechazaban el libre comercio porque ello disminuiría sus ganancias.
Desde la fundación del Virreinato del Río de la Plata, el ejército de las instituciones recaía en funcionarios designados por la corona, todos españoles provenientes de Europa y ajenos a los problemas de América. No había diferencias en clases sociales entre peninsulares y criollos en teoría, pero en la práctica los cargos más importantes eran de españoles peninsulares. Lo burguesía criolla, fortalecida por el comercio e influida por las nuevas ideas liberales, esperaba una oportunidad para accede al mando político.
Durante años hubo una rivalidad entre habitantes nacidos en la colonia, a favor de la autonomía, y los nacidos en la metrópoli, que optaban por mantener el orden establecido. Los que estaban a favor de la autonomía se autodenominaron patriotas, americanos, suramericanos o criollos, mientras que los partidarios de la corona española se autodenominaron realistas. Los patriotas eran señalados por los realistas como insurgentes, rebeldes, sediciosos, revolucionarios, herejes y libertinos, mientras que los realistas eran tratados por los patriotas como unos godos, gallegos, sarracenos, extranjeros e invasores.
Buenos Aires logró un gran reconocimiento ante las demás ciudades del Virreinato tras expulsar a las tropas inglesas durante las Invasiones Inglesas. Este prestigió fuer el argumento de Juan José Paso para justificar en el cabildo abierto que Buenos Aires tomara la iniciativa de reemplazar al virrey sin consultar con otras ciudades. Los independentistas, animados por la derrota de los ingleses, veían la posibilidad de que Buenos Aires funcionara sin la supervisión e los españoles. Durante el conflicto se crearon milicias españolas que tendrán un peso político importante, la que más el Regimiento de Patricios de Cornelio Saavedra.
Una alternativa a la revolución fue la de apoyar a la Infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII, para que se pusiera al frente de las colonias como regente. Podía hacerlo ya que la Ley Sálica había sido derogada pero la idea, que entusiasmo a algunos sectores independentistas americanos, no contó con el apoyo peninsular. Carlota Joaquina de Borbón renegó de los apoyos de los independentistas americanos y denunció su intencionalidad política revolucionaria. Sin esos apoyos, las pretensiones de Joaquina de ser regente de las colonias españolas en América desaparecieron. Tras la revolución, hubo sectores independentistas que barajaron la idea de que Carlota Joaquina tuviera la corona, pero esas estrategia fue algo con lo que Joaquina no iba a tragar, ya que se oponía a lo sucedido en América y consideraba a los independentistas un pérfidos revolucionarios con los que habría que acabar mediante ejecuciones.
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