La Iglesia conservadora
En el anterior post hablábamos de Leonardo Boff y de Hans Küng, es cierto que hay grandes diferencias entre el teólogo brasileño y el suizo, pero ambos representan lo mismo dentro de la Iglesia, ambos representan la oposición a la dirección tomada a partir del pontificado de Juan Pablo II. Leonardo Boff representa la defensa del Concilio Vaticano II y del dialogo, mientras que Benedicto XVI representa a defensa de la tradición.
Benedicto XVI no dialoga, no se abre al mundo, simplemente lanza críticas y condenas a la modernidad, se enfrenta constantemente con los no católicos y dice de los católicos que no siguen sus dictados que en realidad no son católicos. Para Benedicto XVI la única Iglesia verdadera es la Iglesia Católica, esto dicho en tiempos de la globalización y el encuentro intercultural, es inviable e inaceptable. Por desgracia, esta es la postura dogmática de Benedicto XVI y de la Iglesias jerárquica; no se intenta aprender del mundo (como quería plantear Juan XXIII en el Concilio Vaticano II) sino que se trata de enseñar al mundo, cuando no imponer sus tesis.
Estas enseñanzas ultra-conservadoras de la jerarquía eclesiástica tampoco llega a las masas, pero eso parece no importar. Hay una idea más o menos extendida, y yo creo que es una idea que le debe mucho a Hans Urs Von Balthasar, de que en la Iglesia tienen que ser pocos pero puros e intachables. La idea de una Iglesia pequeña, pero más pura y fiel es algo muy extendido dentro de la Iglesia. Tal cosa es imposible. Ni la Iglesia va a ser pequeña, porque es todavía una gran fuerza religiosa, también política y cultural, ni tampoco van ha ser sus fieles intachables, en primer lugar porque la gente no debe simplemente obedecer ordenes sino que también tiene que cuestionar las autoridades que quedan por encima de él, en segundo lugar porque el ser humano comete errores y de ellos es consciente el cristianismo.
Hay un teólogo salmantino que decía que la Iglesia empezó siendo doce y volverán a ser doce para volver a expandirse. Se tiende ha creer que volveremos a ser doce cristianos, doce elegidos entre la masa confusa. Esa idea es totalmente surrealista, por desgracia está extendida. De momento somos menos que antes y no somos en absoluto fieles, por ahí salen casos de católicos corruptos en sus negocios o en la política, también casos de curas pedófilos. El cristianismo nunca va ha ser cosa de doce, a lo mejor lo acaba siendo el catolicismo (cosa que no creo), pero el cristianismo es algo abierto que se hace presente en todas las culturas.
Para Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) la Iglesia es el encuentro de la cultura judía, griega y romana, ahí se termina todo, ya no acepta más culturas. No se acepta la Ilustración, no se acepta la tradición democráticas de los países modernos, no se acepta el socialismo…por eso la Iglesia tiene tantos problemas con la Unión Europea, por eso la Iglesia tiene problemas con los procesos democráticos que vive América Latina, por eso Obama tiene que hacer sus reformas con una oposición incomprensible de la Iglesia; la Iglesia es una institución anclada siglos atrás, una institución que no quiere que se investiguen las ciencias, no quiere que el ser humano s desarrolle como tal, quiere dejarnos estancados en un idealismo vano, en la creencia de que las cosas dan igual porque después de morir todos seremos felices y sabremos la verdad; deshumanizan a la humanidad.
La Iglesia es una institución centralista, machista y totalitaria, no puede encajar en la democracia mientras así sea. Con la Iglesia y la democracia no hay un problema superficial de comprensión, hay un problema muy gordo en la raíz política del asunto mismo. Ya Leonardo Boff decía en su libro “Iglesia: Carisma y Poder” que si la Iglesia no hacía ciertas reformas internas que la democratizaran y la hicieran respetar los Derechos Humanos de puertas para dentro, la Iglesia no conseguiría tener credibilidad en estos temas. Eso es precisamente lo que pasa. La Iglesia no es capaz de aceptar una sociedad democrática ni tampoco acepta la forma de gobierno de las democracias, no acepta (y eso lo vemos en España) que democráticamente se discutan asuntos como el matrimonio entre homosexuales o el aborto. Se creen poseedores y pastores de una verdad única, que nadie más que ellos poseen, no quieren enseñar su mensaje sino que quieren imponerlo. La Iglesia es muy señora suya de expresar sus opiniones en el mundo laico, pero tiene que respetar el resto de corrientes culturales; la Iglesia Católica es una entre tantas…no tiene el monopolio de nada, ni siquiera de Jesús de Nazaret.
Justicia
