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Justicia

7 Noviembre 2009

Mil millones de personas hambrientas

El número de personas que mueren de hambre, según la FAO, ha aumentado de manera alarmante a causa de la crisis económica que vivimos. Antes de la crisis eran 800 millones de personas pasaban hambre y no recibían la alimentación indispensable para sobrevivir, este número de personas hambrientas ha aumentado con la crisis y e incrementado otros doscientos millones de personas en situación de hambre. La situación es alarmante, creo. En el momento en lo que escribo esto pienso que en el mundo hay más de mil millones de personas muriendo de hambre y me lleno de estupor.

Esto es un problema político, porque la pobreza es problema político con causas políticas. Estas personas, esta pobreza, afecta al desarrollo de los pueblos y el desarrollo de los pueblos aceptan al mundo y al desarrollo de la globalización. No podemos permitir que haya pueblos que mueren literalmente de hambre, la política sirve precisamente para solucionar este tipo de problemas y no para crearlos. Por desgracia, la política está aletargada. En los países más adinerados los jóvenes “iluminados” no hablan de política pero sin embargo se escandalizan cuando hay cambios políticos, todo ello a pesar de que admiten que la política no les importa y que tampoco saben mucho. Otros, un poco más coherentes, admiten que no saben de política porque no les interesan y asimilan con optimismo los cambios. Aunque lo favorable sería que la gente se interesara por lo político, porque al final lo político les afecta a ellos. La misma colocación de una fuente en un parque o en otro, eso ya es política y puede ser una propuesta política. El hombre es un animal político.

Pero además de ser un problema político, es un problema humano. Esta crisis también es humanitaria. Estamos deshumanizándonos por completo. Nos escandalizamos porque el gobierno no sepa identificar la edad de un pirata somalí y por lo tanto no pueda tomar las medidas de castigo que dejen cómodas las conciencias y los egos de la nación; pero nos importa un pepino que en este planeta haya una persona que pueda ser menor de edad y que no este identificada, que carezca de identidad, recuerdo que la identidad es un derecho humano y que los Derechos Humanos son inalienables, ¿De verdad nadie ve la profunda hipocresía que hay detrás de esta forma de organizar la sociedad?

Por último, este problema del hambre es también un problema teologal. Jesús dice “Tuve hambre y me disteis de comer”. Sin embargo no parece que la pobreza sea mucho problema para las Iglesias. En España los obispos casi no hablan de la crisis económica, no hablan de la corrupción ni de cómo aumenta el número de personas que no tienen hogar ni techo bajo el que dormir, simplemente hablan del aborto, del condón y muchas veces de sus propias obsesiones con ciertas formas de teología en su Iglesia (que si niegan la divinidad de Jesús, que si eso es marxismo, que si niega verdades fundamentales de la Iglesia), algo que se está convirtiendo en una autentica obsesión, por cada tres meses tapan la boca al menos a dos teólogos como poco. La cosa resulta escandalosa cuando uno se da cuenta de que los teólogos a los que tapan la boca, son en muchas ocasiones los que saben ver el problema teologal que supone la pobreza (Jon Sobrino, Leonardo Boff, José María Castillo, Teres Forcades…).

Que somos malos políticos ya lo tengo claro, y que los peores políticos encima son los que ejercen la política con no poca complicidad popular es algo que tengo también muy claro. También tengo claro que hemos perdido nuestra propia conciencia como humanos, no reconocemos nuestras virtudes ni nuestras diferencias, no apreciamos el saber, no apreciamos el conocimiento y muchas veces ni siquiera ejercemos la capacidad de pensar, se lo dejamos a otros y nosotros hacemos de eco. Pero también estoy viendo que no somos ni cristianos, no se si creemos en Dios o en qué creemos, y aunque todo esto lo digo de la sociedad en general (yo me incluyo, porque sino es injusto) no puedo evitar decir esto último pensando especialmente en la Iglesia Católica con la que me identifico plenamente y hacia la que tengo unos determinados sentimientos, ¿Cómo puede la Iglesia creer en Dios en un mundo con tanta pobreza y tomársela con tanta calma? Escandaloso, sin duda.

Esta reflexión hay que plantearla desde la Iglesia, igual que planteamos ¿Cómo creer en Dios después del nazismo? Tenemos que pensar ¿Cómo creer en Dios desde el gran genocidio que viven los pueblos del sur y los pobres del mundo? Tenemos que pensar en ello, porque estas personas que mueren de hambre no están muriendo de hambre, las está matando de hambre un sistema que de momento no solo parece estar muy interesado en sacar a esas personas de su situación de pobreza, sino que cada vez da más señales de que incluso necesita de esa pobreza para sostenerse (es un sistema inmoral y antiético, anticristiano).

Es duro decir estas cosas de la sociedad, y es duro porque me identifico con ella y hacer críticas tan negativas nunca me ha gustado, prefiero ser optimista. Supongo que esta situación algún día cambiara y que nuestros bisnietos se preguntaran como nosotros podíamos vivir en un mundo así (igual que lo pensamos nosotros de nuestros abuelos) y les extrañara nuestro mundo. Pero de momento lo que hay es sangrante, mil millones de personas con hambre, aquellos a los que Jesús amaba están muriendo de hambre ante una pasividad apabullante y, también hay que mencionarlo, ante la lucha de determinados grupos que son verdaderas fuentes de una ética para el mundo del mañana, un mundo mejor y posible donde no se puedan hacer este tipo de críticas a la sociedad ni a la Iglesia.

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