Por favor, pensemos
Una persona religiosa es una persona que acepta como creyente que hay un elemento extraño en la vida, un elemento que no es verificable y que es indiscutible, pero que también es (por desgracia) manipulable. Con esto hay que tener mucho cuidado porque fomentan las voces que ven la religiosidad como una militancia, así lo defienden día si y día también los obispos de España, la Congregación Para la Doctrina de la Fe y el mismo Papa Ratzinger. Militar no es malo de por sí, el mismo culto significa a cuentas finales militancia; pero una militancia que nos pone la mano en la boca y no nos deja actuar, reflexionar o pensar por nosotros mismos, una militancia que se mete en lo mas íntimo de nuestra vida (porque aquí lo que se mete hasta en la cama es la doctrina de la Iglesia, no la relación personal del creyente con Dios…que es otra cosa tan compleja que la Iglesia no sabe ni tratarla sin faltar, muchas veces, al respeto de no pocos creyentes) es una militancia perjudicial para el desarrollo personal y también para el desarrollo colectivo de los pueblos, porque al final el compromiso ético queda relevado a un segundo lugar o incluso a un tercero.
Por supuesto que el fin último de la vida es servir a Dios; pero para servir a Dios tenemos que ser nosotros mismos y usar la cabeza para pensar, el corazón para sentir y las relaciones sociales para plasmar en esa realidad social a Dios…no tenemos la cabeza para pensar por otros, no tenemos la voz para hacer de eco de lo que otros nos dicen y desde luego no somos un cuerpo que responde a voluntades superiores que quedan por encima de nuestra conciencia o de nuestra ética. Creemos profundamente en el individuo y lo defendemos ante una corriente que trata de hacer de la cristiandad una cosa homologada, donde todo responda a lo mismo, donde si la jerarquía pone una “A” donde hay una “O”, los demás en lugar de cuestionar eso y expresar lo que vemos, lo que hacemos es ponernos unas gafas que nos hagan ver mal esa “O” para que veamos una “A”. Así responde, por desgracia, muchos creyentes. En esas ocasiones da la sensación de que la religión son los porros del pueblo y que muchos han fumado de más.
Hay una cierta corriente exclusivista en lo cristiano; solo es bueno lo cristiano, pero dentro de lo cristiano solo es bueno lo católico, ahora se da un salto más allá y decimos que dentro de lo católico solo es bueno cierta forma de vivir el catolicismo en clave militante, haciendo la voz de las enseñanzas ortodoxas una voz público, con capacidad de movilizar la sociedad y de redirigir las corrientes políticas y culturales de los pueblos. Tal visión es errática, en primer lugar porque muchas veces lo que estas corrientes exponen como dogmas de Fe o como imperativos cristianos innegociables, son cosas que dentro de la misma Iglesia se están negociando y que no emanan de la tradición misma de la Iglesia sino que pertenecen a una cierta ideología que hace de la familia tradicional (que no cristiana) y de la defensa de la vida una bandera ideológica, una bandera cultural, para atacar derechos fundamentales como la libertad, la protección social de la mujer, la misma autonomía de la mujer o la defensa de la pluralidad a la hora de hacer proyectos familiares. Eso no emana del cristianismo, ni el catolicismo tradicional enseñaba lo que ahora impone la Iglesia sobre aborto, ni tampoco intentaba imponer las leyes de Dios como leyes civiles (y esto lo decía Tomás de Aquino, no yo).
Justicia
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