Ovejas y pastores
Este año es el año sacerdotal y hay que reflexionar sobre el sacerdocio y sobre la crisis del sacerdocio. Existe la idea de que el mayor problema del sacerdocio es que no hay sacerdocio femenino ni tampoco un sacerdocio que no sea célibe (ayer mismo pusieron un reportaje sobre el celibato en TVE).
Efectivamente, estos temas hacen daño al sacerdocio y cierran las puertas del sacerdocio a mucha gente de buena Fe y con vocación; pero hay más problemas. No se trata de permitir a las mujeres que sean sacerdotisas ni tampoco de dejar que los curas se casen, es que hay que cambiar todo el sacerdocio casi de raíz, incluso el planteamiento del mismo que tenemos en la Iglesia Católica (y en las demás iglesias).
Existe la idea de que el pueblo es rebaño y de que el sacerdote es pastor. Ayer mismo estuve en una misa del vicario de la diócesis de Salamanca y no hacía otra cosa que repetir que los parroquianos son rebaño del pastor. Lo dijo unas diecinueve veces, según conté. Esta idea es dañina para el sacerdocio porque no refleja ni la realidad de la misión que deberían realizar ni la realidad de la misión que realmente realizan la mayoría de los sacerdotes (al menos los que yo conozco personalmente).
Un sacerdote no es un hombre que se pone en el altar, por encima del "rebaño", donde esta Cristo para dirigirse a un público que (pobre de él) es pecador y necesita del sacerdote hasta para saber que son pecadores. Un sacerdote es el que coge el micrófono y en la misa hace preguntas a los asistentes, un sacerdote es el que es plenamente consciente de que el milagro no es que el pan se convierta en Cristo (como si eso fuera una transubstanciación mágica) sino que es el que se da cuenta y es consciente de que el milagro es Cristo presente en la asamblea a la que se dirige. Si se comprende esto se entienden las bellas palabras de Monseñor Romero, "Es fácil ser pastor de este pueblo".
Creo que hay que replantear el sacerdocio y volver a presentarlo. Da la sensación de que los sacerdotes solo son funcionarios de Dios y que solo hay una manera de vivir el sacerdocio. En primer lugar, el sacerdocio no tiene porque ser clerical sino que también puede ser laico. Yo soy laico y soy sacerdote, o al menos es fue lo que dijo el señor que me bautizó como "sacerdote, profeta y rey".
Tendríamos que pensar, los católicos, si lo que tenemos es una crisis de vocaciones para el sacerdocio o si lo que tenemos es una crisis de sacerdocio que no reconoce vocaciones evidentes. Sin ir más lejos, hace casi un año le escribía una carta a un sacerdote llamado Roy Bourgeois (un hombre muy comprometido con la pobreza, con las víctimas de la Guerra Civil de El Salvador y de las dictaduras militares en América Latina) dándole mi apoyo en un momento en el que pasaba grandes dificultades con la jerarquía eclesiástica por su postura favorable al sacerdocio femenino y por su presencia en un supuesto acto de ordenación de sacerdotisas.
Tenemos que pensar en el sacerdocio como un factor positivo de liberación, de comunicación y de dialogo. Hay que ser rebeldes ante la vida y ante las cosas, tener un sentido crítico. Lo contrario es hacer lo que quiere la actual jerarquía eclesiástica, es encerrarnos en la placenta materna, adormecernos, no actuar más que a consignas que nos dan de alguna parte. Eso no puede ser, no se hace el sacerdocio con consignas o con instrucciones canónica (ni que fuera un micro hondas celestial) sino que se hace con la relación que se tenga con el pueblo y con Dios.
Justicia
