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Justicia

18 Agosto 2009

Una Iglesia exclusivamente revolucionaria

Ernesto Cardenal habló en Chile de su esperanza en que un día la Iglesia sea exclusivamente revolucionaria. La idea puede parecer desternillada, pero en realidad no lo es. Está claro que la Iglesia sufre una fuerte crisis y que esta crisis desembocará en una Iglesia totalmente diferente, situada en un lugar diferente al que tuvo antaño. Por desgracia la jerarquía vive esto con miedo, no con esperanza y acogimiento. Yo creo que lo que tenemos que hacer no es encerrarnos en nuestra sacristía y comportarnos como unos talibales, sino que tenemos que abrirnos a la sociedad y buscar nuestro lugar en ella.

Karl Rahner decía que la Iglesia del Siglo XXI sería mística o no sería. Jon Sobrino, sin embargo, dice que la Iglesia o será pobre o no será; Ernesto Cardenal dice que la Iglesia será revolucionaria porque es lo que tiene que ser. Las tres cosas está muy relacionada. Hace poco estuve en una charla de Juan de Dios Martín Velasco y lleve para que me firmara, como recuerdo de ese encuentro, un libro llamado "Mística y humanismo", guardo con mucho cariño esa dedicatoria porque me pareció preciosa: "Un recuerdo de nuestro encuentro en Salamanca, para que se anime a se místico de ojos abiertos", ¿No es bello? Místico de ojos abiertos.

Si una persona es mística y tiene los ojos abiertos a su mundo y a su sociedad, se da cuenta enseguida de que los pobres ocupan un espacio importante en el Evangelio de Jesús y rápidamente llega a la conclusión de que la Iglesia se tiene que encarnar en esa realidad y tomar una opción por ella. Una Iglesia que es mítica de ojos abiertos, es también una Iglesia que opta por los pobres.

Cuando la Iglesia opta por los pobres, rápidamente se da cuenta de que la caridad aunque sea buena es insuficiente, no basta la caridad sino que hay que darse del dolor. Es decir, hay que optar radicalmente por ellos y darles voz y voto, no darles el pez sino enseñarles a pescar. Asía la Iglesia comienza una relación con los pobres que supera la mera ayuda socio-caritativa, la Iglesia pasa a ser una Iglesia de los pobres. No son los pobres ayudados o salvados por la Iglesia, sino que la Iglesia se encarna en el mundo pobre y se deja evangelizar por él. Es entonces cuando la Iglesia se convierte en un fenómeno positivo de movilización social a favor de los pobres, está movilización es un autentico cambio social y por lo tanto podemos decir que es una revolución. Una Iglesia que opta por los pobres es una Iglesia revolucionaria, que opta por el cambio a favor de los pobres, opta por reversar la historia o por revolucionar a los pueblos. Eso es positivo.

Sin duda, la Iglesia mística, pobre y revolucionaria es una esperanza que sigue viva, aunque muy maltrecha después de los ataques del imperialismo, de las dictaduras militares y del conservadurismo y tradicionalismo religioso (incluido el católico).

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