Publicidad:
La Coctelera

Justicia

4 Agosto 2009

Una Iglesia que camina

 El poeta y sacerdote, Ernesto Cardenal, dice que es necesario hacer en la Iglesia reformas para que la mujer pueda acceder a más ministerios en la Iglesia, incluyendo el sacerdocio o incluso el papado. No resulta raro ver a Ernesto Cardenal decir algo en esta línea, él es un enamorado de la Revolución y de una Iglesia "revolucionaria" entendida desde las realidades de la pobreza.

En la Iglesia se da el problema de que hay una gran división entre sus bases y su jerarquía. La idea debería ser que las bases desarrollasen, pensasen, sintiesen y reflexionasen la Iglesia; recreando la Iglesia desde lo mínimo de lo mínimo. La jerarquía debería dejar a las bases reflexionar en libertad y luego enriquecerse de algunas de sus reflexiones, tenerlas en cuenta. De esa manera la tensión entre Iglesia-Pueblo de Dios e Iglesia-institución sería una relación justa que enriquecería a ambas partes y renovaría enormemente la vida eclesial.

Por desgracia esto no es lo que sucede. La Iglesia, por desgracia, es una férrea dictadura de unos pocos. Quieren sacar todo pensamiento libre de los foros públicos, donde esos libres pensamientos podrían ser escuchados. Si eres un profesor y no opinas como tienes que opinar, como te lo exige la militancia, te expulsan de tu puesto de profesor. Si te vas al ámbito laico, te reprochan la traición (a saber cual...) y presionan con todos los medios a ese ámbito para que te cierren las puertas. Eso es lo que pasa en la Iglesia Católica, y es una desgracia porque tiene unas bases eclesiales que valen su peso en oro.

En la Iglesia, si alguien no opina como el líder siempre acaba viendo como es institucionalmente excluido, aunque muchas veces es bien aceptado por las bases y su tensión con la jerarquía no desgasta ni su Fe ni su vida comunitaria, tampoco su vida eclesial y menos aún su relación personal con Dios. Son muchos los teólogos u otros agentes de la Iglesia que se tienen que alejar de la institución precisamente para hacer aquello que estaban haciendo antes de chocar con la jerarquía, aquello por lo que se consagraron. José María Diez-Alegría y José María Castilla se tuvieron que salir de la Compañía de Jesús para que los obispos de España les dejaran publicar en paz, Ernesto Cardenal y los sacerdotes revolucionarios tuvieron que renunciar a su sacerdocio para poder hacer su aporte a la Revolución Sandinista, grandes teólogos como Leonardo Boff, Hans Küng o Torres Queiruga dan clases en universidades civiles y están en ámbitos laicos porque en la Iglesia Católica poco o nada les dejan hacer, Boff incluso tuvo que renunciar a su ministerio sacerdotal y secularizarse para que la jerarquía le liberará. Esa es la situación en el que se encuentra la Iglesia, una situación de dictadura ferrea, donde todo pensamiento libre o todo tipo de crítica es leída como una amenaza exterior o una infiltración de fuerzas misteriosas y malévolas.

Dejando esta polémica, esta gran crisis en el interior de la Iglesia que la está consumiendo, podemos decir que Ernesto Cardenal simplemente dice lo que diría cualquier persona que ve la Iglesia Católica, ve las Iglesias locales, sus vidas y reflexionan sobre ello. La mitad de la Iglesia Católica, incluso más, está compuesta por mujeres. La mujer es uno de los elementos más importantes de la Iglesia, es importante hasta el punto de que el mismo Evangelio nos habla de la importancia de la mujer en el Reino de Dios y en al comunidad. Los obispos dicen que Jesús no ordeno a ninguna mujer (tampoco a ningún teólogo, ni a ninguna persona que no fuera judía, ni a ningún negro...ni siquiera a ningún católico), pero omiten que fue una mujer la primera que anunció la resurrección de Jesús.

No podemos negar la importancia de la mujer y no podemos tratar a la mujer como si fuera, eclesialmente, una menor de edad. La mujer es importante para la Iglesia y debe de poder ejercer el sacerdocio, de una cierta manera no oficial las mujeres se comportan como las grandes sacerdotisas de nuestra Iglesia. Juan Pablo II dijo que las mujeres nunca serán sacerdotisas, pero no debía tener mucha Fe en ello porque en lugar de esperarlo y confiar en que Dios nunca permitirá que eso suceda, lo que Juan Pablo II hizo fue ordenar, mediante un documento (que fácil y que antievangélico es hacer todo a golpe de leyes dictatoriales y personalistas), que las mujeres jamás tenga acceso al sacerdocio. Tal cosa es un atrevimiento, incluso yo diría que es una ofensa para la Iglesia y para el Espíritu Santo. Yo creo que la mujer conseguirá, gracias a su trabajo silencioso, abrirse un paso en la Iglesia Católica y todo ello a pesar de las trabas que la jerarquía ponga (y de hecho, pone); no me hace firmar ninguna ley ni ningún documento, tengo Fe ciega en Dios y en que Dios está con las pequeñas y humildes mujeres de su Iglesia, por una parte santa, pero por otra parte (y me da que esto tiene mucho que ver con la parte más burocrática e institucional) tremendamente pecadora.

Justicia

servido por justicia sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Fotos

justicia todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Mis tags

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera