Sobre los curas de Euskadi mártires de la Guerra Civil
Hace poco los obispos de Euskadi, en una misa, reconocían a los 14 sacerdotes asesinados en Euskadi a manos del bando nacional. Realmente era una necesidad. No conozco con detalle la vida de los 14 religiosos, pero si sé que fueron asesinados por su Fe y por un compromiso con su pueblo basado y asentado firmemente en esa Fe (por culpa de que unos energúmenos no comprendieron eso, fueron vilmente asesinados). Quiero comentar unas cuantas cosas, y espero no ofender a nadie con mis opiniones. 1- Han pasado más de 70 años de esos acontecimientos, 70 años de silencio por parte de la Iglesia, tanto la vasca como la de España en general. Ese silencio me parece bastante penosos, y así lo ven también los obispos de Euskadi, que ahora piden perdón y sus disculpas deben ser aceptadas por la sociedad. Hicieron falta 70 años para que los obispos vascos pidan perdón (y todo esto genera una gran polémica con la Iglesia de España, que no lo ve con buenos ojos). Y tras verlo, yo, a lo mejor demasiado caído en la desesperanza pienso ¿Y qué?, ¿Ahora ha esperar unos 70 o 30 años para que pidan perdón por su tolerancia con la ETA y su mal comportamiento con las victimas del terrorismo? Estas cosas las digo con mucho respeto a la Iglesia de Euskadi y también con mucho respeto a sus obispos. No estoy de acuerdo con la manera en la que afrontan el nacionalismo o el terrorismo de ETA, pero tampoco olvido que son humanos y que los humanos cometemos errores. 2- La Iglesia hace bien reconociendo sus culpas. El paso que se ha dado en Euskadi es importante. Como también fue importante el discurso de Monseñor Blázquez en el que pedía perdón por el comportamiento colaboracionista de la Iglesia y de algunos obispos (casi todos) durante la Guerra Civil. Creo que los católicos empezamos ha asumir nuestro pasado con sus luces y con sus sombras. Tenemos que asumir ese error, eso si no queremos volver a cometerlo. Tenemos que asumir que la Iglesia institucional, me da igual las motivaciones, colaboró con un régimen autoritario, criminal y dictatorial que se ensaño con una mitad de los españoles, que fueron los que perdieron la guerra. La Iglesia fue un apoyo moral para éste régimen y solo hasta unos años antes de reformarse, la Iglesia se puso en enfrente de ese régimen para plantarle verdaderamente cara (aún así, formando parte de ese régimen). 3- Pero no solo tenemos culpas que reconocer, como dice las asociaciones por la memoria histórica. También hay que reconocer y recordar las cosas buenas. La Guerra Civil fue un momento de locura colectiva y fue un momento en el que casi todos los sectores de la sociedad española sacaron lo peor de sí mismos (la Iglesia incluida). Pero también fue un momento en el que muchas personas demostraron estar a la altura de las circunstancias. Los católicos debemos llevar muy a dentro de nuestros corazones todos esos mártires cristianos, asesinados, me da igual que fueron ejemplos éticos o no, pero fueron asesinados no por su ética o su manera de afrontar la vida, fueron asesinados por su identificación con la Iglesia. Ahí se mató, a lo mejor, a gente que son penosos ejemplos éticos y cristianos, gente que a lo mejor no merece un reconocimiento de beato o de santo (como decían del sacerdote beatificado que estuvo en Filipinas al lado de los imperialistas torturando a sacerdotes, también católicos y perseguidos, que acompañaban la lucha liberadora de su pueblo), pero también se mataron a sacerdotes muy buenos, que solo querían cumplir una misión que sentían que Dios les había encomendado, sacerdotes que solo querían ir de misión a otros países para ayudar al prójimo. No nos confundamos, ahí no se mataron católicos por ser buenas o malas personas, o por ser criminales o no criminales, ahí se mataron católicos por ser católicos, y eso es una persecución irracional e injustificable.
También debemos mantener vivo el recuerdo de esos sacerdotes asesinados por el bando nacional. Un asesinato que no se debe a su identificación con lo católico, pero que también tiene que ver con un sello de identidad cristiana más importante que la adhesión a una institución: el compromiso con el pueblo y con la realidad que nos rodea, todo ellos desde una perspectiva cristiana y evangélica. Ellos también son mártires cristianos.
Hubo muchos católicos que no estuvieron a la altura, igual que la Iglesia (como institución y como colectivo social) tampoco lo estuvo. Tampoco creo que sea algo como para sonrojarse, aunque hay que reconocer la culpa por honestidad, pues la gran mayoría de los sectores sociales (los partidos políticos, los militares, los comunistas, fascistas y anarquistas) se comportaron, en varias ocasiones, como auténticos locos.
Pero también hubo católicos dieron testimonio. Ahí queda el recuerdo de aquel sacerdote vasco, Aita Patxi, preso en un campo de concentración con los Gudaris, que pudiendo salir de la prisión prefirió quedarse en ella para acompañar a su pueblo, ofreciendo, en dos ocasiones, la vida por las de sus compañeros (aunque nunca se le acepto el cambio, no como en el conocido caso de Maximiliano Kolbe). Ahí queda esa bellísima historia. Como esas más, como la de aquel cura de Mallorca que ayudaba a escapar a los perseguidos y fue por ello juzgado y asesinado como un criminal. Hace poco una película, llamada la Buena Nueva, hablaba de este otro comportamiento de la Iglesia, que creo que merece una mención de los católicos, pero también (por honestidad y por justicia) de la sociedad española.
Durante la dictadura nos queda la colaboración y la presencia de altos mandatarios católicos en el régimen de Franco. Pero también nos quedan esos curas obreros, esa cárcel de Zamora, nos queda la HOAC y la llamada misión obrera. Nos queda el ejemplo de Monseñor Añoberos, nos queda la labor positiva del Cardenal Tarancón, el compromiso de Monseñor Iniesta, nos queda la posición de líderes importantes de la Iglesia (como Pedro Arrupe o como el mismo Pablo VI) adversa al régimen de Franco.
Conclusión
Por desgracia estas cosas las hace una minoría de la sociedad. La mayoría mantiene la versión de que el papel de la Iglesia fue el apoyo al régimen y que no hay nada de lo que sentirse orgullosos, que mataron católicos por antidemocrátas y que luego se apoyo la dictadura, por parte de la Iglesia, oponiéndose hasta el final a la democracia. En base a eso se justifica que la Iglesia se adapte tan mal en la nueva era.
Quien opine así, que son muchos (por desgracia), es un simplista. No se puede reducir la historia a buenos y malos, y no se puede reducir la historia de una Iglesia tan grande a la postura de unos jerarcas que ni siquiera son electos. Hay que saber mirar las varias realidades de la Iglesia para hacer una juicio que sea justo para todos los católicos.
La dificultad de la Iglesia para reconocer esas culpas, así como para reconocer también esas glorias. Las desconozco. Las culpas que pueda reconocer son humanas, errores que se cometieron porque fue un momento de locura, en los que todos cometieron locuras, y quien diga que no es un mentiroso. Yo creo que la sociedad perdonaría, y creo que además aún así gran parte de la sociedad a perdonado sin que se pida perdón, lo cual debería motivar a la Iglesia para descubrir sus errores y ser más humana.
¿Y el no reconocimiento de esas glorias? Pues es difícil de entender. Lo único que se e ocurre, así fugazmente y no como un análisis minucioso, pues que esas grandes glorias ponen en cuestión un modelo de Iglesia que no coincide con lo que la institución quiere, con las necesidades de esa institución; es una Iglesia basada en la pobreza, en la relación con Dios de cada uno y en la bondad, no tanto en las identidad, en la acción política institucional desde una determinada identidad o en la ortodoxia. Parecen que, por el momento, prefieren ser criticados y vilipendiados, injustamente, a dar ha conocer a grandes cristianos que hicieron cosas buenas por el país.
Justicia
