Sobre San Vicente Ferrer
Admiro mucho la obra y la vida de Vicente Ferrer. En la tele veo la multitud que asiste a las ceremonias de despedida, que culminan con un funeral cristiano en el que no faltan oraciones de otros credos. Es la mejor despedida para un hombre que como todo cristiano que se haga valer, supero las religiones (incluyendo la católica) y toco los corazones de todos los credos, supo decir algo a la Fe con su vida vivida.
En varios sentidos, Vicente Ferrer es todo un ejemplo y un testimonio para los cristianos, un autentico profeta. Yo me atrevo a llamarle ya San Vicente Ferrer, teniendo en cuenta el kaos que hay en las beatificaciones y canonizaciones, creo que es mejor guía para reconocer la santidad de un hombre la propia reacción de los pueblos que las pujas, presiones y políticas que hacen los grupos que postulan y promocionan los santos, como si fueran los managers de la santidad, para que luego todo acabe en sacar dinero de vender postales; yo se que eso a Vicente Ferrer no le haría mucha gracia. Por eso le voy a llamar lo que es, San Vicente Ferrer, un santo que no es santo de la iglesia "oficial", pero que luego es de los santos que más acompañan en la vida.
Su vida es lucha. Primero lucha por la vida en España, donde sufrió la represión franquista en un campo de concentración. Luego su lucha más importante, la India. Llegó a la India creyendo que tenía que enseñar a la gente a ser cristiana, a orar y a administrar sacramentos; pero allí el pueblo indio le enseñó muy pronto que estaba allí para vivir el cristianismo con ellos, orar a través de la contemplación y la acción y a vivir los sacramentos de la vida.
Son muchas las lecciones que nos deja. Primero que la pobreza es el reto a superar y lo tienen que ver así los gobiernos y las organizaciones sociales, también nosotros en la vida pública y en la privada. La pobreza supone un gran escándalo y todos tenemos que mojarnos en la solución al problema de la pobreza. Nos enseño que la pobreza es algo con causas, no una simple casualidad; que la pobreza es el resultado del egoísmo humano y de la voracidad del capitalismo, no una situación querida por Dios para que nos redimamos mediante el sufrimiento (como han enseñado algunas religiones).
Fue, ciertamente, un revolucionario. A lo mejor no fue un revolucionario marxista, no lo fue, no llegó a las conclusiones a través del análisis marxista de la realidad, sino que era un revolucionario de los que más valen, esos que llegan a sus conclusiones a partir de la praxis, de vivir en su propia carne la opresión y la marginación de los pobres de la India. Todo eso lo hizo por motivos religiosos, siguiendo a los profetas de Israel que decían que a Dios se le conocía mediante la justicia, por ello asumió la exclusión social y la lucha política para dar dignidad a aquellos que no tenían dignidad, lo hizo para luchar por la liberación de los pobres de obra, de palabra, de pensamiento y de sentimiento.
San Vicente Ferrer no fue una persona que sintiera lastima por la situación de los pobres, como hacemos tantos en el mundo desarrollado. San Vicente Ferrer fue pobre, asumió sus causas hasta las últimas consecuencias, estando en el objetivo del gobierno que lo quería expulsar y de la Iglesia Católica que no veía bien su trabajo ni la manera de hacerlo, motivo por el cual abandono la Compañía de Jesús.
No era solo una persona caritativa, sino que era una persona liberadora. Su Iglesia no era la que tenía al pobre en la puerta pidiendo dinero, sino que su Iglesia era la que tenía al pobre dentro participando en el sacramento y siendo protagonista de su liberación. Se acercó a los sectores oprimidos no para darles una caridad de ricos y ganarse así la salvación, sino que se acercó a ellos para organizarse con ellos y hacerlos protagonistas de su lucha por la liberación del pueblo oprimido.
Despertó las utopías de la población adormilada, dio esperanza a aquellos que ni eso tenía. Fue todo un testigo y todo un profeta, que en vida obró milagros y revoluciones. Un gran hombre, de esos que dedican toda su vida a una causa, esos que son imprescindibles. Su ejemplo nos queda, San Vicente Ferrer.
Justicia
