Pues a mi tampoco es que me importe mucho
Se lleva hablando toda la semana de una supuesta "condena" por parte de la Comisión Para la Doctrina de la Fe al teólogo gallego Torres Queiruga. No se muy bien quien es, no he leído nunca nada suyo, lo poco que se de él es que es modernista y al parecer también es un defensor del galleguismo, ninguna de las dos cosas son pecado. No hay notificación, al menos de momento, no sabemos si porque se han "rajado" o porque "las cosas en palacio van despacio". En ambos casos, para mi, queda en mal lugar la Comisión Para la Doctrina de la Fe. Si el hecho de que no se haya publicado una notificación se debe a la repercusión que ha tenido en algunos medios de comunicación la noticia, me parece mal, ¿Es qué hay que tener miedo? Algo poco dente y poco aceptable estarán haciendo cuando quieren ocultarlo y quieren hacer un juicio lo más opaco y secreto posible, como lo fue el juicio de Jesús.
Si no se le condenar por miedo a que Torres Queiruga es intimo amigo de varios obispos gallegos, de muchos prestigiosos teólogos e incluso del Padre Ladaria (Secretario de la Congregación Para la Doctrina de la Fe) eso querría decir que para esta Comisión en la Fe hay clases, hay gente que vale más que otra en la medida de las riquezas institucionales que tenga, cosa que me parece anticristiana. Si el hecho de que no haya condena se debe a que las cosas en palaico van lento, pues también me parece una torpeza. Torres Queiruga es una persona con la carrera ya hecha, lo publicado ya publicado, el prestigio ya ganado y al que lo que pase ahora tampoco le influirá mucho.
Ya no es como antes, que condenaban a un joven Hans Küng o a un prometedor Leonardo Boff, teólogos jóvenes, de ideas innovadoras, que son silenciados y alejados del ámbito estrictamente católico para truncar su carrera (que nunca se vio truncada). Ahora condenan a un Jon Sobrino anciano que todo lo que quería hacer con la Teología de la Liberación en América Latina ya lo ha hecho, condenan a un Antonio de Mello ya fallecido cuya aportación ya está hecha y es asimilada por muchos católicos, le quitan su cátedra a Juan Masía un año antes de que se jubile o condenan (si al final se da el caso) a Torres Queiruga a estas alturas de la película, ya es que ni siquiera les importa el impacto de su obra simplemente les importa publicar una notificación que parece hecha más para llamar la atención que para solucionar cosas.
Si la Comisión Para la Doctrina de la Fe es un cosa que va lenta, probablemente lo mejor sería ya acabar con ella, no solo porque no tenga sentido (que no lo tiene, porque Fe y Teología no es lo mismo, la Teología se puede medir con unos presupuestos, que luego cada uno usara los que crea más adecuados porque al final ninguno es absoluto; la Fe solo la puede medir Dios y no es una ciencia que el hombre pueda controlar), sino que además actúa lento en un mundo que (por más que eso no les guste a algunos jerarcas) se mueve rápido. Los obispos aún andan hablando de lo que supone la participación de los laicos en la Eucaristía, en las zonas de Asia y en algunos casos de España los católicos en general ya hablan de la participación de personas de otras religiones en las celebraciones. Tenemos una jerarquía que soluciona problemas del siglo pasado y eso no es que sea contradicho por el mundo actual, es que ni siquiera le importa.
En realidad estas notificaciones no me molestan mucho, en primer lugar porque al teólogo en cuestión no le perjudica mucho. Su carrera está hecha, ya son ancianos y ya pueden incluso decir lo que les de la gana (si es que en algún momento no lo hicieron), la notificación al hablar de problemas ya superados pues no conecta con el interés de nadie porque la gente anda superando otros retos y lo único que sufre es la credibilidad de la misma Fe que ve su significado desvirtuado por una institución que nada tiene que ver con la Fe, además de que sufren las personas allegadas al teólogo (los teólogos en cuestión, por lo menos los últimos, no parecen muy preocupados).
No se como terminará este episodio con Torres Queiruga, tampoco me parece importante. Sobre Torres Queiruga, como sobre cualquier teólogo, importará más lo que escriba (¡Y lo que haga! Que sin praxis no hay teología) que lo que digan o escriban de él, porque se pueden escribir y decir muchas tonterías y desde la Comisión Para la Doctrina de la Fe se han dicho verdaderas barbaridades, ya sobre medios mamporreros de la institución (que parece que les den de comer, cuando no les dan de comer ni la Fe misma) se lee de todo.
Yo no le suelo dar importancia ha estas cosas a la hora de juzgar la vida de un cristiano. Jesús nunca tuvo buen trato con las instituciones religiosas, Francisco de Asís fue incomprendido mucho tiempo incluso fue prácticamente expulsado de su propia orden, Ignacio de Loyola estuvo preso de la Inquisición, la Iglesia tardo tiempo en comprender y aceptar la misión de Teresa de Calcuta, Monseñor Romero nunca tuvo el apoyo de sus compañeros obispos, no me importó tampoco que el Papa regañase en público a Ernesto Cardenal, ni tampoco me importan las censuras que hayan caído sobre Hans Küng o sobre Leonardo Boff, me da igual lo que los obispos digan de Juan José Tamayo o de José Antonio Pagola, la Iglesia ya se equivoco con Ives Congar y con de Chardin, Charles de Foucault nunca tuvo un seguidor hasta años después de su muerte y hoy es beato; la Iglesia y el éxito institucional en la Iglesia no es un buen principio para medir la santidad de un hombre y que los hombres más santos que conozco estuvieron reñidos con la institución o no tuvieron nada que ver con ella. Al final tiene razón Jon Sobrino cuando dice que es más importante lo que opine de un teólogo la señorita que trabaja de cocinera en su pueblo que lo que opine una Comisión Para la Doctrina de la Fe. Una Comisión Para la Doctrina de la Fe que tarda décadas en condenar cosas que considera muy peligrosas para la Fe, y tarda décadas por motivos burocráticos, lo que quiere decir que al final se comportan como funcionarios de la Fe (una Fe que luego ni siquiera es Fe, sino que es otra cosa).
El Vaticano está muy lejos y los obispos... miran más al Vaticano que a su pueblo.
Justicia
