Dios tiene su cabaña entre nostros
Leo el episodio de la transfiguración de Jesucristo en el Evangelio de San Lucas. Tengo que admitir que es una de las lecturas evangélicas que más me llenan por dentro. En esta lectura San Lucas dice:
"Y mientras Jesús estaba orando, el aspecto de su cara cambió y su ropa se volvió muy blanca y brillante. Entonces aparecieron dos hombres conversando con él, los cuales eran Moisés y Elías, rodeados de un resplandor glorioso, y hablaban de la muerte que Jesús iba a sufrir en Jerusalén. Aunque Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, se quedaron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando esos hombres se iban alejando ya de Jesús, Pedro le dijo: Maestro, ¡Que bien que estemos aquí! Hagamos tres chozas; una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pero no sabía lo que decía. Y mientras hablaban vino una nube que los envolvió, y tuvieron miedo cuando se vieron dentro de la nube. Entonces se oyó dentro de la nube una voz que dijo: Este es mi Hijo amado; óiganlo a él. Después que habló la voz, vieron que Jesús estaba solo. Ellos se quedaron callados, y no dijeron nada a nadie de lo que habían visto."
Es una lectura preciosa que nos dice varias cosas. En primer lugar es una muestra que Jesús le da a sus discípulos de que va ha resucitar; para que los discípulos vean (como ahora tiene que ver la Iglesia) que nosotros vamos a ser transformados como él. Si cambiamos de actitud vamos a tener ese cambio que tuvieron su cara y su ropa. Esa luz que vieron en Jesús los discípulos, es una luz que también estará en nosotros.
También, en gran parte, nos recupera la importancia que tiene la oración. La transfiguración tiene lugar cuando él oraba. Yo creo que para nosotros los cristianos es importante rezar más. Jesús, ante el sufrimiento y el desencanto, siempre encontraba apoyo en la oración.
También nos habla de la vida, de la muerte y de la resurrección. Los muertos que se aparecen con Jesús, Moisés y Elías, aparecen bien alegres para hacernos ver que no habían muerto, incluso después de sufrir la muerte. Por eso hablan con Jesús de la muerte y de la resurrección. Hablan de la muerte con Jesús, ellos lo hacen desde la gloria, compartiendo esa gloria y esa alegría con Jesús. Todos los que comparten los sufrimientos de Jesús, todos los que luchan por su causa, los que luchan por la liberación de los seres humanos, participan con Jesús en la gloria, la mesa común, la Iglesia y la alegría, como lo hacían esos dos profetas. Cuando Moisés y Elías hablan de la muerte de Jesús no hablan solo de él sino que también hablan de todos aquellos que iban a gozar de un destino semejante.
Moisés fue el gran libertador del pueblo, el que lo sacó de la esclavitud en Egipto; Elías es un gran profeta, defensor de los pobres y de los oprimidos, mantuvo una posición verdaderamente profética ante un Israel que volvía a caer en la esclavitud creando una sociedad de ricos y pobres. Los dos estaban muy identificados en el Mesías, el Mesías era un segundo Moisés y Elías era un profeta que volvería a denunciar la injusticias y sería precursor del Mesías (¿Jugo ese papel Juan el Bautista? Muchos creemos que si).
La resurrección es algo que en esta vida uno ya puede empezar a tener, Jesús aún estaba en carne mortal en el momento de la transfiguración. Aún así se le ve con esa claridad, con esa luz, como se le vería después de su muerte, resucitado. Nadie vio eso, solo los discípulos tuvieron esa visión y han visto a Jesús transfigurado ya en vida por la muerte que iba a tener. Eso se puede aplicar a nuestro mundo, a nuestra sociedad, a la Iglesia; sobre todo se puede aplicar a esas partes del mundo que más sufren, las realidades de pobreza, esas realidades están transfiguradas aunque muchos no podamos verlo, porque en esas realidades de pobreza es donde Jesús, su evangelio y su testimonio se hacen más presentes.
Es importante valorar el papel que tiene en la Iglesia los testigos. Los testigos son aquellos que ven el mensaje de Jesús y lo practican hasta sus últimas consecuencias. Un ejemplo de testigo es Monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo mártir de El Salvador. Monseñor Romero fue obispo de un país muy pobre, al borde de una guerra civil, donde el ejercito mataba día sí y día también, de manera injustificada y en nombre de no se que seguridad nacional, a montones de campesinos (los amontonaban en las cunetas). En esa realidad, Monseñor Romero intento luchar por la paz y evitar que explotase la guerra, por otra parte también intentó que su país fuera un país donde los derechos humanos se respetaran; pero sobre todo Monseñor Romero defendió a las personas más humildes de El Salvador y a los sacerdotes que estaban encarnados en las realidades de mayor pobreza. Predicó una liberación profundamente enraizada en la Fe, aunque esto es algo que a muchos les cuesta comprender.
Yo creo que hay dos clases de muertes, una muerte es la de aquel que no está unido la gente y a las realidades de pobreza, que donde Jesús se hace más presente, y esa es una verdadera muerte. Y la muerte de aquel que está unido a la gente y es sensible, solidario, comprometido con las realidades de pobreza, esa es una muerte con resurrección. Monseñor Romero que murió por defender a su pueblo es una persona que está viva, resucitada y presente en la Iglesia Católica, en sus misioneros, en los obispos comprometidos con los pobres (como Dom Pedro Casaldáliga, Monseñor Nicolás Castellanos, Monseñor Fernando Lugo o el Cardenal Maradiaga).
La buena obra que uno hace con los demás es un triunfo sobre la muerte porque en ese momento, casi sagrado diría yo, es cuando esa persona pasa a formar parte de la humanidad y del Reino de Dios. Aunque la memoria de esa persona no sea guardada, cosa que sería una pena, esa persona y esa buena obra queda en la historia de la humanidad como testimonio.
Pero hay que decir más sobre esta lectura, en la lectura he dicho "muerte", pero lo que San Lucas dijo de verdad es "su partida", en griego partida se dice éxodo y esa es la palabra que San Lucas usa. Jesús, con su muerte, encabeza un nuevo éxodo de la humanidad, una nueva partida hacia la liberación. El éxodo, entendido en un lenguaje actual, es una transformación o una revolución. Dios aparece en la Biblia como el Dios del Éxodo, de la transformación, de la revolución...el Dios de la liberación. El profeta Amós dice que el Éxodo de Israel no fue el único, que Yahvé ya había hecho salir de la esclavitud a otros pueblos, eso supone que Dios es un Dios de la liberación de todos los pueblos, de su transformación y de su revolución.
En la Iglesia Jesús nos libera de todas nuestras esclavitudes y lo podemos ver en la Iglesia, Jesús está presente en la Iglesia, en sus celebraciones, en sus comunidades, en sus misiones, en sus obras de caridad y en sus movimientos de liberación. La luz de su transfiguración debe iluminarnos, debe darnos esa luz de amor. No podemos ignorar esa llamada de Jesús.
También, Moisés y Elías, su ejemplo y su testimonio valen de consuelo para Jesús, de ánimo y de testimonio que le ayuda en su confirmación, en su decisión de aguantar voluntariamente la pasión, de morir por la liberación del hombre. Los apóstoles, a pesar del sueño, están toda la noche despiertos, creo que eso también tiene un cierto valor simbólico y que algo nos quiere decir el Evangelio con ello.
Los apóstoles, también, dan una muestra de hospitalidad ante tal milagro. En vez de arrodillarse y adorar, ofrecen. No son muy conscientes de lo que estaba pasando. Son personas humildes, del pueblo, que reaccionan con esa hospitalidad típica de las personas del pueblo. Ante una visión, ellos quieren quedarse ahí, en la visión, sin sufrimiento. Querían la resurrección pero sin la muerte, eso es algo que hoy nos pasa a muchos cristianos y por eso a pesar de tener una profunda Fe en la vida tras la muerte, la idea de morir nos asusta. Somos humanos.
San Pedro, que no quería ir a Jerusalén, ahora goza de la felicidad de la resurrección sin sufrir. Piensa que toda la misión está terminada y que se pueden quedar ahí, sin tener que vivir la vida luchando, sin tener que vivir en el mundo real, sin tener que pasar los sufrimientos, penurias y las muertes que hay que la vida. No sabía todavía lo que suponía de verdad el mensaje de Jesús. Se quedaba en simple visión, sin volver a la realidad. Vivía en una especia de país de las maravillas, eso es algo que aún hoy nos pasa a muchos cristianos que creemos que vivimos en un mundo perfecto, en una Iglesia perfecta, donde nadie sufre, donde todo va bien, eso es solo pura imaginación, hay que poner los pies en la tierra. La gloria de la transfiguración es real, pero es futura, es producto de la vida y da la muerte. La transfiguración es una visión que nos pone en contacto con nuestro mundo, que nos llama a vivir la vida con sus penas y con sus alegrías, es un apoyo para la lucha por la liberación de los hombres.
La humanidad es muy destacable y entrañable. Ver como se asustan ante las nubes que los envuelven, ver como no están aún concientizados de lo que Jesús les quiere decir. Representan esas constantes dudas y esas constantes contradicciones que los cristianos tenemos en nuestro día a día. La nube es el misterio de Dios, es aquello que se nos presenta pero no podemos ver, Dios en la Biblia se presenta en muchas ocasiones como una nube. Los apóstoles son humanos, ante el misterio de aquello que no entienden, se asustan, a pesar de que saben que es un Dios amoroso que simplemente manifiesta su amor por Jesús. Jesús es la palabra de Dios hecha carne, es el mensaje de Dios hecho vida, hecho testimonio, es el mensaje de amor hecho carne.
La nube nos envuelve hoy a la Iglesia, muchos somos los que tememos, los que sentimos confusión o duda. La nube de Dios nos dice que oigamos a Jesús en nuestra realidad, que sepamos oír a Dios a través de Jesús que es palabra hecha carne. Con esa palabra y ese amor, nos transfiguramos, nos unificamos toda la humanidad y vamos todos a un mundo mejor.
También remarca la humildad. Jesús siempre guarda en secreto sus glorias, la transfiguración y también que era el Mesías. Es parte de la humildad del cristiano, que nunca se da importancia a sí mismo. Hay una consigna del sandinismo que siempre compartiré: Las alabanzas por al espalda y las críticas a la cara. Jesús cuenta a sus discípulos que es el Mesías, que va a morir y que va a resucitar; todo ello lo guarda en secreto y lo cuenta a unos apóstoles que tampoco acaban de entender muy bien que es lo que Jesús les quiere decir.
El relato de la transfiguración es un relato de gran belleza y de gran valor. Un relato puramente simbólico. No habla de algo concreto que pasa en un monte concreto de Palestina, habla de los montes que hay en nuestra vida, un nuevo monte, donde hay un nuevo Moisés, con una nueva ley, con la ley del amor. Pedro quiere hacer unas chozas para ellos, Jesús, Moisés y Elías; esto tiene sentido si recordamos que los profetas decían que Dios habitaría de nuevo en una tienda de campaña en medio de su pueblo, como en el Éxodo, como en las luchas de liberación y emancipación que hoy viven muchos pueblos. Con Jesús Dios planta su cabaña en medio de nosotros. Pedro quería levantar la cabaña para Dios, pero lo hizo sin Éxodo ni libración, lo hizo por puro desconocimiento. La Iglesia, hoy, sus comunidades, están en movimiento y Dios esta en medio de la Iglesia, en sus chozas.
Justicia
