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La Coctelera

Justicia

11 Marzo 2009

Vivir la vida

Hace poco he visto en la TV que el Vaticano se siente decepcionado con Barack Obama. Todo gira entorno a la investigación con células madre. Quisiera hablar del caso yendo más allá de las figuras de Ratzinger y de Obama. Pasando así por encima de sus figuras solo quiero remarcar que no me extraña nada en absoluto que el Papa Benedicto XVI y Barack Obama se vea enfrentado, son dos visiones del mundo totalmente contrarias. Benedicto XVI es una imposición de una decena de tradicionalistas, Barack Obama es la elección democrática de millones de americanos que tienen aspiraciones de cambio.

Pero quisiera hablar de la vida y de la protección de la vida. Hace poco en Brasil una niña de 9 años, violada, tomaba la decisión de abortar el bebe. El Vaticano lo vio mal e incluso excomulgó a los padres que tomaron la decisión por ella ¿Se puede considerar eso una verdadera defensa de la vida? No creo, defender la vida es proteger la vida, no adorar la vida a toda costa y adorar la mala calidad de vida por ser vida. Una niña de 9 años puede tener muchas dificultades psicológicas si queda embarazada, más las dificultades que le traería el parto (no está preparada), más luego la guindilla final de que el niño no es fruto del amor, ni siquiera de un error de responsabilidad, es fruto de un violador pederasta. Creo que hay que ser más comprensivos, así no se defiende la vida del niño (que ya no va a vivir, fue abortado) y sin embargo si se ataca la vida, y lo más importante de ella que es la dignidad, de una pobre niña de 9 años que debe estar viviendo un auténtico infierno. Esos comportamientos de la Iglesia alejan a la gente de Dios y de la Iglesia, o alejan a la gente de la Iglesia jerárquica y la acercan al verdadero Dios, que es aquel que acompaña incluso al que más solo está, el despreciado, y no las representaciones arquitectónicas o arqueológicas (algunos de los cardenales rozan ya los cien años) que hay en el Vaticano.

Hay que defender, sobre todo, la vida. No lo que puede ser vida, lo que algún día fue vida o lo que en algún momento podría volver a ser vida. Hay que pensar más en los enfermos, en los paralíticos, en las personas que necesitan un corazón o un pulmón; y pensar menos en la células madre, que son parte de las de la masa celular interna de un embrión de 4 o 5 días. Hay que pensar más en la memoria, en los últimos deseos de una persona y en su vida, entendiendo la vida como la vida mental y no el aparato mecánico de nuestro cuerpo (yo no soy solo mi cuerpo, yo soy mis sentimientos y mi pensamiento); pensar menos en mantener vivo el cuerpo de un ser humano en estado vegetativo que nunca va a volver en si y de hacerlo, como el caso de Eluana, lo haría con la gran mayoría de las partes del cuerpo podridas y con los órganos defectuosos, sin poder ponerse de pie y ni siquiera poder estar tumbada boca arriba.

No hay que aguantar la vida, hay que vivirla. No vivimos porque Dios quiere que vivamos, hay que vivir porque nosotros queremos vivir, Dios ve que es bueno y por eso nos da el don de la vida. Hay que tener cuidado y leer con buenos ojos el libro del Génesis, si uno hace una buena lectura y lo plasma en la vida diaria, lo que ve es que la vida se da ni más ni menos que porque Dios ve en ello algo bueno. Hay que vivir la vida, no aguantarla.

Con la investigación de células madre se pondrá encontrar la cura a múltiples enfermedades. Christopher Reeve fue muy popular toda su vida, pero si vida giró de manera radical en 1995 cuando montando a caballo sufrió una caída que le costó la fractura de las dos primeras vértebras cervicales. Tras una peligrosa operación tan solo podía mover dos dedos de la mano izquierda. Se hizo popular en el mundo católico porque se le vio como una alternativa a la eutanasia, el gran héroe que vivía la vida a pesar de estar paralizado por completo, una figura diferente a la de Ramón Sampedro. Pero lo que ese mundo católico oculta o desconoce es que Chritopher Reeve vivió la vida, una nueva vida, vivió la causa de las luchas por las personas que vivían en una situación muy parecida a la suya, vivió acompañando campañas de la UNESCO, intentando que el Senado de su país (EE.UU.) permitiera la investigación con células madre para que así personas como él volvieran a andar. Su asociación, "Christopher and Dana Reeve Paralysis Foundation", consiguió (ya después de que Christopher muriera en el 2004) reparar lesiones medulares en un ratón usando células madre que provenían del tejido nervioso de seres humanos.

La eutanasia no se soluciona ilegalizándola. La vida de Sampedro no la salvó el hecho de que no pudiera aplicarse la eutanasia, aunque no hubiese logrado suicidarse envenenándose con cianuro tampoco se habría salvado, porque vivir infeliz es no vivir. La eutanasia se soluciona solucionando la enfermedad, no azotando a los enfermos y a las familias, peor aún a sus conciencias (que suficiente sufren ya). La enfermedad se soluciona haciendo uso de la investigación científica con células madre, algo que no se confronta para nada con el cristianismo.

La ciencia y la ética pueden converger, no se riñen. Por eso me parece que el hecho de que Barack Obama haya decidido financiar con fondos públicos federales la investigación con células madre es una patada a las corrientes que mezclan ciencia con su ideología pseudo política o pseudo religiosa. Bush, carnicero de Irak, decía con el Papa Benedicto XVI que ellos dos serían aliados por la defensa de la vida (¿Qué vida?, ¿La mala vida?, ¿La de los enfermos?, ¿La de Irak?). Barack Obama lanza al Papa y a la Iglesia (a todos los que somos católicos) una nueva oferta para que optemos por otra vida, por otra concepción de la defensa de la vida, más allá de la ideología política o la identidad religiosa.

El Osservatore romano acusa a Obama de abortista en base a la consideración de que el blastocito es una persona, cosa que defendió la Congregación Para la Doctrina de la Fe en su documento "Dignitas Personae". Se comete el error de caer en un integrismo que es más anti-aborto que pro-vida y es más anti-cientifico que pro-vida. Se mezclan conceptos y se confunden cosas, se elimina la diferencia que hay entre aborto y contracepción e intercepción, se hace un flaco favor a la defensa de la vida y se provocan abortos que sería posible evitar con una bioética más seria y menos fundamentalista.

El debate del aborto no se da más que a partir de la implantación del pre-embrión en el endometrio uterino, es en ese momento cuando se inicia la relación embrio-materna, la interacción, que desemboca en el feto hacia la octava semana de gestación. Ni es aborto la investigación con células madre ni tampoco es aborto la píldora del día después. Es una interrupción del proceso de implantación.

Los obispos de los EE.UU., que están a mucha distancia de esa Conferencia de Obispos aperturistas de la que gozaron los EE.UU. en los 70s, se oponen y dicen que es la victoria de la política sobre la ética y la ciencia. Yo creo que es la victoria de la ética laica y de la ciencia entendida como servicio a los demás, por encima de las ideologías políticas y las identidades religiosas.

De todas formas, yo, católico, digo una cosa sobre la actual situación del Vaticano y del papel que está jugando el Papa en el mundo y en la Iglesia: Que dejen quieto a los que están quietos, que no señalen a otros que no sean ellos. Si quieren hablar de ataques a la vida, de aborto, de experimentación con humanos, de eutanasia, eugenesia y otras faltas de respeto al ser humano y a la vida, que lo hablen con Williamson, el obispo nazi que Ratzinger decidió readmitir, los nazis saben mucho más de esos temas que Barack Obama, que la niña de nueve años de Brasil o que mi propia persona. El Papa no tiene tampoco mucha autoridad moral para hablar de la vida en estos momentos.

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