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La Coctelera

Justicia

26 Febrero 2009

Verdadero examen de la Teología de la Liberación

Hace un rato leía un artículo sobre la Teología de la Liberación llamado "Examen a la Teología de la Liberación". El artículo está plagado de contradicciones y de tópicos. Empieza reconociendo la importancia que tuvo en los ochenta la Teología de la Liberación, activamente en América Latina e intelectualmente en Europa. También reconoce, el autor, los sufrimientos que hubo en América Latina en las décadas de los setenta, ochenta y principios de los noventa, reconociendo también que cualquier persona con un mínimo de conciencia no podía hacer otra cosa que sentir indignación. Pero la acusación de que los religiosos de América Latina, afectados por esa indignación, supeditaron lo espiritual para imponer lo social me parece una acusación tópica y falsa.

No se cambia "la palabra que alimenta por el pan físico", es simplemente que a cualquier persona mínimamente cristiana le parece contradictorio decir "Padre nuestro" sin decir "Pan nuestro", si no tenemos Padre (Dios) no podemos rezar el Padre Nuestro, pero si no tenemos "Pan" tampoco podremos rezarlo. Creo que el autor se olvida de la importancia que la hospitalidad y la solidaridad tiene en el evangelio, no es algo solo social, es que esa solidaridad, ese acto de dar pan al otro tiene un significado trascendental que el autor no reconoce. Jesucristo no se anda con teorías, es un hombre de acción, veía a la gente cansada y lo que hacía no era únicamente hablar de Dios sino que daba testimonio de él, ¿La gente está cansada? Pues se descansa y se les da alimento, que no hay alimentos suficientes, se multiplica, así se da testimonio y así se da ejemplo. Incluso en un acto tan milagroso como es la transfiguración, los apóstoles presentes (Pedro, Santiago y Juan) lo primero que hacen es ofrecer tres enramas (una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías). Eso es cristianismo en estado puro. Ante tal milagro, no se detienen en oraciones y alabanzas, sino que ofrecen trabajo y hospitalidad...esa es la adoración que Dios quiere, esa es la adoración que Jesús quiere, no solo con Él sino con todos, porque aquello que hacemos a los más pobres, a también Dios se lo hacemos.

No tarda, el autor, en mencionar que ciertos religiosos tomaron, a veces con armas en mano, la causa de los marxistas. No se que causa marxista tomaron los religiosos con las armas, llamo al autor ha una mayor información sobre lo que dice. No conozco todos los casos de los religiosos con armas, pero si conozco los más famosos o los más sonados. Camilo Torres, que yo sepa, no tomó las armas por la causa marxista sino que la hizo por la causa cristiana. Para Camilo Torres el cristianismo tenía que ser la práctica del amor y en Colombia, un país torturado por la pobreza, las represiones militares y la dictadura, ese amor y esa caridad pasaba por un cambio político. El cambio político, decía Camilo Torres, no se podía hacer por las vías democráticas porque el gobierno asesinaba a los líderes de la oposición, por eso Camilo Torres tomó las armas. Nunca fue Camilo Torres un marxista, siempre fue un cristiano que quiso más derechos para su pueblo. Lo único que Camilo Torres quería de los marxistas era luchar con ellos por las causas comunes, y eso no es hacer tuyo el marxismo, eso es colaborar con unas personas que son de un ámbito externo al cristianismo (eso no es pecado, que yo sepa). De todas formas, las revoluciones en América Latina nunca han sido marxistas, han sido revoluciones de unidad nacional donde había todo tipo de expresiones políticas, entre ellas (y con gran importancia) estaban los marxistas, pero también había cristianos, sandinistas, nacionalistas, indigenistas y personas que simplemente querían tener derechos sobre sus tierras.

El autor comete otro error garrafal cando dice que actualmente en América Latina ya no hay dictaduras, y menciona la excepción de Cuba. Yo tengo que decir que si Cuba es una dictadura, más dictadura es México (cuyo presidente está en la presidencia por unas elecciones fraudulentas), una dictadura es El Salvador (cuyo gobierno está donde está por la intervención de los EE.UU. en las elecciones, por el fraude electoral y por las represiones y acciones violentas que ejerce durante las elecciones), una dictadura es Colombia (cuyo presidente quiere perpetuarse en el poder, ataca de manera despiadada a las comunidades indígenas, está ligado al narcotráfico y al paramilitarismo, espía a la oposición política y mata a jóvenes líderes sindicales) y más dictadura es Nicaragua (donde el gobierno persigue a toda la oposición, se ha repartido las instituciones con los liberales del ladrón Arnoldo Alemán, persigue de manera despiadada a las mujeres, se alianza con clérigos ultraconservadores y comete fraude electoral). Dice el autor que los cauces de la política van seguros en América Latina, eso es porque no es indígena en México, porque no es cristiano de base en El Salvador, porque no es un joven sindicalista en Colombia o porque no es un cooperante de una ONG en Nicaragua.

Pero es que tampoco conozco muy bien el concepto de democracia que puede tener el autor del artículo, pues en un momento dado dice que a pesar de que hay democracia en América Latina, no ha cesado la injusticia ¡Pero bueno! Disculpe ¿Qué es democracia? Votar no creo, votar lo hacen también en Cuba. Creo que democracia es otra cosa, no hay democracia injusta. No puede haber democracia verdadera si hay pobreza, porque si hay pobreza es porque la economía no está democratizada. Hace poco, el que fue líder de Izquierda Unida, Julio Anguita, decía que el cambio se dará cuando al economía esté al servicio de los ciudadanos y no al revés. Hay unos dogmas en la economía y parece que seamos los ciudadanos los que estamos al servicio de la economía y no al revés, eso no solo es una pobreza intelectual, es que encima es un concepto antidemocrático. La economía también hay que democratizarla. Más gordo aún es decir que hay democracia donde no hay educación básica, ¿Cómo puede ser? No es, no hay democracia sin cultura democrática, no hay cultura democrática sin cultura, no hay cultura si no hay educación. No creo que haya cabida ha hablar de democracia en América Latina cuando estamos viendo lo que dicen los informes de varias ONGs como Intermon y otras.

El autor dice que la solución al capitalismo decimonónico de América Latina no está en un marxismo trasnochado. Por supuesto que no. Pero el autor tampoco apunta nuevas alternativas. En la Agenda Latinoamericana del 2009, el obispo de Sao Felix de Araguaia, Dom Pedro Casaldáliga, apunta a una nueva meta, un socialismo nuevo. La utopía es necesaria como el pan de cada día. Habrá que tener nuevas alternativas para América Latina, un socialismo nuevo, un socialismo humano y democrático que defienda a los pueblos indígenas, a los más pobres y al medio ambiente. Eso señala Dom Pedro Casaldáliga y esas aspiraciones las veo yo recogidas en actos como el Foro Social Mundial. Este año el Foro Social Mundial de Belem contó con la asistencia de algunos presidentes de América Latina, estuvo el presidente de Venezuela (Hugo Chávez), estuvo el de Ecuador (Rafael Correa), estuvo el de Bolivia (Evo Morales), estuvo el de Paraguay (Monseñor Fernando Lugo) y estuvo el de Brasil (Inazio da Silva). Algunos de ellos han sido muy consecuentes con estas aspiraciones de cambio, otros de ellos han sido solo consecuentes en algunos puntos y otros espero que sean consecuentes con las aspiraciones de cambio de América Latina, la utopía debe continuar y hay que construir un nuevo socialismo. Hace poco hablaba con un amigo mío, cristiano y comunista (no a pesar de ello sino precisamente por ello, como me dijo una vez), y le decía preocupado que no sabía si la Iglesia sobreviviría a un papado como está siendo el de Benedicto XVI (todos estamos viendo que está poniendo en grabe peligro la unidad del cuerpo de la Iglesia, todo por emprendimientos ideológicos y teológicos que no se muy bien donde van a parar), él me decía que seguro que la Iglesia sobreviviría a los grandes errores que está cometiendo Benedicto XVI y que sobreviviría ofreciendo un socialismo nuevo; que Dios le oiga.

Pero volviendo al artículo que examina a la Teología de la Liberación, la acusación más fuerte llega cuando el autor lanza al aire la cuestión ¿Cómo puede ser que la Iglesia Católica (que tanto se comprometió con los pobres) se vea ahora eclipsada por las iglesia evangélicas, adventistas etc, financiadas desde sus sedes en EE.UU. (precisamente el país que tanto daño ha hecho a la soberanía de América Latina)? Para el autor la respuesta es fácil, pero los teólogos no la ven porque les supondría bajar la cabeza y porque están demasiado ocupados en debates económicos, políticos y sociales. Para el autor del artículo el problema ha estado en que el hombre necesita a Dios incluso en los momentos más duros y tristes de su vida (sobre todo en los momentos más duros y tristes de su vida).

No creo que sea cierto lo que dice el autor. En primer lugar, los hombres no necesitan a Dios, necesitan la Fe, esta Fe muchas veces se identifica con un Dios, con una religión, pero no lo hace siempre, muchos ateos tienen Fe (todos). Dios no es una necesidad humana, la necesidad es la Fe, Dios es lo que descubrimos mediante la Fe, con quien trabajos por el Reino de los Cielos gracias a la Fe. Pero por otra parte, la Teología de la Liberación no solo ha acercado a Dios a los más pobres en los momentos en los que más sufren, es que ha identificado a Dios con los más pobres y con los que más sufren.

Pero en donde más desacuerdo entro con el autor es cuando cuenta una anécdota personal, cuenta cuando estuvo en Cuzco (Perú), en un pequeño pueblo invitado a la inauguración de su primer circuito de agua potable. Cuenta que toda la población se vistió con la mejor ropa de gala. Todos bailaban menos un grupo de treinta personas que se mantenían a parte, no querían participar y le dijeron que la Iglesia a la que pertenecían les tenía prohibido bailar, "Estaban dispuestos a renunciar a las pocas alegrías mundanas que se tiene cuando se es pobre y se vive a más de 4.000 metros de altitud a cambio de que su pastor les hablara de Dios" dice el auto admirado.

¿Es eso lo que tenemos que hacer? Predicar a Jesucristo y a Dios, centrar el mensaje en ellos y en la adoración a sus personas. No señor. Jesucristo no se predicó a sí mismo y ni siquiera predicó a Dios, Jesucristo predicó el Reino de Dios y el Reino de Dios no es una soberanía de Dios sobre los hombres, como defiende Joseph Ratzinger en su libro Jesús de Nazaret, el Reino de Dios es un Dios viviendo con los hombres, en sus penas y en sus alegrías, en sus danzas y en sus oraciones, en su trabajo por la justicia y en su piedad. Eso es el Reino de Dios, eso es a lo que tiene que aspirar la Iglesia y en ese sentido la Teología de la Liberación ha hecho un gran aporte.

No se puede culpar a la Teología de la Liberación de los males de la Iglesia en América Latina cuando en América Latina la Iglesia autóctona no ha podido cometer errores porque está supeditada a la Iglesia de Roma que no la deja maniobrar con la adecuada libertad, para poder abordar la realidad de América Latina desde ese continente y no desde Europa. Puede que esas cosas tengan mucho que ver con los problemas que la Iglesia Católica se pueda encontrar en América Latina, pero de eso no conviene hablar, es más facil criticar corrientes ideológicas y criticar comportamientos concretos, pero el organismo y la institución nunca se tocan, no pueden tener errores. Yo creo que el mayor error de la Iglesia Católica está en la fosilización de su institución, no la deja ser cercana, dificulta ese trabajo y entonces la gente pasa olímpicamente de la Iglesia Católica porque le es ajena y porque le es externa (las sectas vienen de EE.UU., pero la Iglesia viene de Europa). Cierto es que muchos sacerdotes y religiosos/as se comprometieron con los pobres de América Latina, pero muchos obispos y cardenales se comprometieron con los EE.UU. en contra de la Teología de la Liberación, Cardenal Ratzinger y Juan Pablo II incluidos, ni la Iglesia ha sido tan santa ni las sectas tan perversas y astutas.

El autor recuerda: "La conclusión a la que se llega es muy simple: el hombre necesita pan, trabajo y justicia social pero desde y con Dios". Precisamente eso es lo que dice la Teología de la Liberación, desde Dios (que se identifica en los pobres) ven la necesidad de trabajar por la justicia, de trabajar y de dar pan al hambriento. Lo que pasa es que en la Iglesia no creer que la reflexión tiene que partir de la tradición católica occidental sino que tiene que partir de la Fe de las clases populares de América Latina es no creer en Dios, no tener presente a Dios, lo tienen de otra manera, que el autor del libro no pueda entenderlo no quiere decir que no se así.

Hace poco en Salamanca daba una conferencia uno de los teólogos más importantes de España, Olegario Gonzalez de Cardenal. Yo no estuve en la ponencia, pero un amigo mí me contó que al ser preguntado por la Teología de la Liberación, Olegario dijo que para él la Teología de la Liberación tiene cosas buenas y malas, pero que él no opina mucho sobre el tema porque ese juicio lo tienen que hacer desde la realidad desde la que trabajó esta teología (América Latina, la pobreza) y no la realidad desde la que trabaja él, que es la teología desde otro ámbito. Creo que esa es la posición más respetuosa que se puede tener con la Teología de la Liberación que pueden tener los occidentales que tienen una cierta distancia o unas ciertas reservas con esta teología, otros occidentales, españoles concretamente, podemos defender los postulados de esta corriente teológica que tiene sentido también en otros lugares que no sea América Latina. No creo que sea grato tratarla a sopaos y hacerla exámenes injustos, que no tengan en cuenta la realidad desde la que trabaja y en la que lo que se intenta es quitar importancia a un trabajo muy serio que se hace en América Latina desde los pobres y a favor de los pobres. Pero a cuentas finales habrá que preguntar, si queremos saber de verdad, a los pobres que opinan de la Teología de la Liberación. Ni Olegario, ni el auto del artículo que menciono, ni tampoco yo somos quienes para hacer un juicio duro sobre la Teología de la Liberación, solo los pobres tienen esa autoridad. La Teología de la Liberación tendrá que continuar su reflexión desde las realidades de la pobreza en el mundo, refundando la Iglesia a partir de sus periferias y construyendo el Reino de Dios.

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