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La Coctelera

Justicia

31 Enero 2009

Los jesuitas de la UCA

En España se van ha llevar a cabo unos juicios sobre el caso de los jesuitas de la UCA. Este caso se dio en 1989, cuando el FMLN (Frente Frabundo Martí de Liberación Nacional) lanzó su mayor ofensiva y en un momento en el que el régimen de seguridad nacional de El Salvador se tambaleaba. Los jesuitas de la UCA eran en su mayoría españoles, por eso la Audiencia Nacional tiene competencias para llevar adelante el proceso. En el contexto de la Guerra Civil, los jesuitas de la UCA (encabezados por el rector Ignacio Ellacuría) tomaron una opción radical por lo pobres y contra la pobreza, también tomaron una opción radical por la paz y el dialogo. La UCA defendía que el gobierno de El Salvador tenía que iniciar un proceso de dialogo con la guerrilla rebelde del FMLN.

De eso han pasado ya casi 20 años, sigue sin hacerse justicia en estos casos. La Iglesia Católica no los reconoce como santos, a duras penas como mártires. No creo que en el Vaticano valoren su labor ahora que están muertos, no lo hicieron cuando estaban en vida. Hace unos dos años, Jon Sobrino, que sobrevivió a la masacre de la UCA en la que murieron casi todos sus compañeros, fue sancionado por el Vaticano por hacer cristología desde la realidad de los pobres y de las víctimas. La noticia fue penosa.

En España se van ha juzgar el caso de los jesuitas de la UCA, pero se van ha juzgar porque los jesuitas asesinados eran españoles. Es un juicio al que solo tienen acceso los jesuitas, una justicia a la que solo tendrán acceso los jesuitas de la UCA, los miles de pobres que sufrieron la represión y la guerra no obtendrán justicia. En El Salvador la memoria histórica bien entendida está completamente perdida. Si alguien perdió familia durante la Guerra Civil no sabe a quien recurrir ni a que recurrir. Esa es la realidad.

Los verdugos no pueden ser juzgados porque ellos mismos elaboraron una Ley de Amnistía por la cual quedaban perdonado por las víctimas y decidían que las heridas de las víctimas estaban cerradas, todo esto sin consulta previa a las propias víctimas. El difunto Jon Cortina, otro de los jesuitas que sobrevivió a la matanza de la UCA y que fundo la Avocación Pro-búsqueda, decía sobre eso que el hecho de que las heridas estén curadas tendrá que dar fe de ello los que tienen las heridas, no los que la hicieron. Nadie dice nada contra la amnistía y la impunidad de los verdugos, ni siquiera el candidato de oposición a presidente (Mauricio Funes, del FMLN) parece interesado, ha dicho ya que no tiene intención de suprimir la Ley de Amnistía (más bien de impunidad).

Ésta es la realidad de El Salvador hoy, una realidad de violencia social, política y económica. Seguramente en esta realidad los jesuitas de la UCA desempeñarían la labor que desempeñan los jesuitas actualmente en El Salvador, no solo los jesuitas, también lo desempeñan las comunidades cristianas de base y los movimientos sociales de El Salvador, ellos permanecerían con los pobres, buscarían la memoria de todo el pueblo salvadoreño, no solo de los jesuitas españoles.

Que se haga justicia ha los jesuitas aquí en España es bueno, las familias van porque quieren ir y porque quieren justicia. Pero también es necesario que el caso se estudie en El Salvador, sin duda es mucho más difícil sacar el caso en El Salvador que sacarlo en España, pero lo cierto es que juzgar el caso de los jesuitas en El Salvador es el único modo de conseguir que esa memoria y esa justicia sean accesibles a todos, sobre todo los más pobres, las víctimas desprotegida de la Guerra Civil.

El de los jesuitas no fue un caso excepcional, fue uno más de tantos injustos. Eso está en el núcleo de su mensaje. Ignacio Ellacuría y los jesuitas de la UCA lo que hicieron fue encarnare en la realidad de los pobres, no se trataba solo de una caridad o de unas limosnas, sino de estar a su mismo nivel, usar su mismo lenguaje, sentir su misma tristeza, alzar su voz en todas partes del mundo (esto es muy importante) y correr su misma suerte (la muerte martirial). Eso fue lo que hicieron, por eso murieron, hicieron lo más grande, pero lo hicieron encarnándose en lo más pequeño. La postura de los jesuitas de El Salvador de querer investigar el caso de los jesuitas en instituciones salvadoreñas en lugar de en las españolas (respetando y apoyando moralmente esta línea seguida por las familias de las víctimas y por algunas asociaciones) es una postura totalmente comprensible si se entiende la realidad de El Salvador y la labor de opción por lo pobres que tienen allí la Compañía de Jesús, una labor fuertemente inspirada en esos jesuitas mártires y canonizados hace mucho por el pueblo.

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