Algunas cuestiones sobre los lefebvristas
Benedicto XVI ha decidido levantar la excomunión a los obispos que nombró Marcel Lefebvre en rebelión contra Juan Pablo II. No entraré en cuestiones que ya todos conocemos, por ejemplo que esto es una patada al Concilio Vaticano II o que esos obispos deberían retractarse de algunas de sus afirmaciones (por ejemplo, afirmaciones antisemitas y negacionistas con el terrible drama del holocausto). Quiero hablar de cuestiones que ponen de relieve el absurdo de tal decisión y la debilidad institucional de la Iglesia Católica, una debilidad que reside en sus propios vacíos y contradicciones.
Estos obispos, creo que son cuatro, son obispos nombrados por un señor que sigue excomulgado y que murió sin tener comunión con el Papa, es decir, un hombre que fue separado de la comunión de la Iglesia por nombrar a estos obispos. Ahora este puñado de obispos ¿Tienen el status de obispo? Si lo tienen ¿Por qué? Nunca fueron nombrados por el Papa sino que fue nombrado por una persona que se creyó que era el Papa y que lo hizo sin otro criterio que el de cambiar la línea de la Iglesia por sus santas narices, me parece una gravedad que el Papa acepte como magisterio y como institución lo que fue una rebelión abierta contra el Papa Juan Pablo II (también con los tres predecesores que tuvo) y contra el Concilio Vaticano II. No hay que pedir a los obispos lefebvrianos que acepten el Concilio Vaticano II ni tampoco hay que pedirles que no nieguen el holocausto nazi, es que gente tan insensata no debe ser acercada al rango de obispo, si lo hubiera nombrado el Papa habría sido una torpeza del propio Papa, pero es que ese obispo fue nombrado por un señor que fue excomulgado, lo que hace que encima toda esta situación sea infumable, confusa y ridícula.
Pero es que el desacuerdo entre la Fraternidad San Pío X y el Vaticano no estaba solo en la cuestión del nombramiento rebelde de obispos, eran problemas que venían de atrás. Entre los Lefebvrianos y la Iglesia del concilio hay una diferencia doctrina muy fuerte en lo referente al Concilio Vaticano II, no sobre su interpretación, sino sobre los documentos que se publicaron. Los lefebvrianos (mal llamados tradicionalistas) no aceptan el dialogo ecuménico y menos aún el interreligioso, también están en contra de la concepción de la libertad religiosa que defiende el Concilio Vaticano II y sobre todo están en contra de la reforma litúrgica. Hasta ahora la Fraternidad San Pío X decía que Roma tenía que hablar con ellos y antes que normalizar su status, tenía que tratar las cuestiones que llevaron a Marcel Lefebvre ha hacer lo que hizo.
Se dieron por contentos con el Motu Propio del Papa Benedicto XVI sobre la misa en latín, porque para ellos la cuestión de la misa "tridentina" es muy importante. Pero por otro lado se quejan de que el Motu Propio no es aplicado en muchas diócesis correctamente. Mientras ellos exigen que les dejen celebrar la liturgia como ellos quieren, no dejan que este derecho los tengan otros. Los lefebvrianos son integristas y como tales se comportan, ellos pueden defender su derecho a opinar en libertad porque tienen razón, también tienen derecho a no dejar expresarse en libertad a otros porque ellos tienen la razón y la verdad de su parte.
La relación de Benedicto XVI con este extraño cisma es muy curiosa. Hay una cierta concordancia, pero por otra parte no hay buena confianza. Para la Fraternidad San Pío X, el Papa Benedicto XVI hace importantes avances, pero los creen insuficientes. Por otra parte, el Papa no cuenta con mucho respaldo a la hora de su acercamiento a los lefebvrianos y tampoco cuenta con mucho respaldo de sus seguidores Monseñor Fellay, que es visto por muchos integristas como una persona débil.
Este es uno de los episodios más triste de la decisiones del Papa en los últimos cinco años, tan solo superado por la notificación a Jon Sobrino. Con este suceso se demuestra una vez más la inestabilidad institucional de la Iglesia, sus contradicciones, sus huecos en blanco. Ahora se ve que en el sentido institucional, el Concilio Vaticano II fracasó, Lefebvre y sus obispos consiguieron lo que querían, parar el Concilio Vaticano II y paralizar los cambios, la operación les salió estupendamente, porque además están consiguiendo que se hagan importantes regresiones con el Concilio Vaticano II. El Papa Benedicto XVI no debería pedirle a la Fraternidad San Pío X que acepte el Concilio Vaticano II, el Papa Benedicto XVI tendrá que aceptar él el Concilio Vaticano II y tendrá que defenderlo, sabiendo mantener el equilibrio entre la tradición y la misión, la ortodoxia y el dialogo, San Pedro y San Pablo. Desgraciadamente, el Papa esta desequilibrado y para él no hay equilibrio, la misión tiene que estar al servicio de la tradición (nunca al revés), el dialogo tiene que hacerse para imponer al ortodoxia (nunca al revés) y el Papa es heredero de San Pedro, nunca de San Pablo.
Justicia
