En defensa de Fernando Lugo
Dice el Nuncio Antonini que la Iglesia prohíbe a los clérigos tener cargos políticos. Pero eso es discutible, más que nada porque él mismo es clérigo y tiene un cargo político (es el embajador del Estado Vaticano en Paraguay), el Papa también tiene un cargo político (es el Jefe de Estado) y otros muchos clérigos tiene cargos políticos, en mi país José Chamizo hace de manera excelente la labor de defensor del pueblo y el obispo de Urgel es co-príncipe de Andorra. La Iglesia prohíbe a los clérigos tomar cargos políticos que quede por encima de su compromiso cristiano, pero ese compromiso cristiano bien puede estar ligado con un cargo público, un cargo que no sea partidista, sino que sea cívico y que sea plural, de todos. Fernando Lugo es presidente, pero no tiene partido ni tampoco es un presidente partidista, es más bien la respuesta del pueblo de Paraguay que quiere, mayoritariamente, un cambio. Ese cambio Fernando Lugo no lo está haciendo alineándose con nadie (ni con Álvaro Uribe ni con Hugo Chávez) sino que lo hace escuchando el clamor de aquellos que le llevaron al gobierno, los pobres. La presidencia no es algo que va contra el ministerio de Fernando Lugo como obispo, sino que entra perfectamente dentro de él.
Dice el Nuncio de Paraguay, Monseñor Antonini, que si se volviera a dar un "caso Fernando Lugo” en América Latina la Iglesia volvería a mostrar la misma oposición que mostró en el caso de Fernando Lugo en Paraguay. En primer lugar querría decir mi deseo de que ningún país llegue a una situación como la de Paraguay, de esa manea ningún clérigo responsable tendrá que abandonar su ministerio para reducirse al estado laical y ejercer así un cargo público y llenar el vacío que han dejado en nosotros los políticos. Espero que eso no tenga que pasar en ningún otro país de América Latina. El caso de Fernando Lugo es un caso comprensible y que merece respeto. Él no ha hecho nada fuera de lugar, precisamente por no querer hacer nada fuera de lugar renuncio a su estado clerical, otra cosa es que en principio se la rechazaran desde Roma para aceptarla cuando ya era presidente electo.
Ese cambio de actitud del Vaticano, que dejó a muchos obispos de Paraguay (entre ellos el Nuncio) como unos auténticos bocazas ante la opinión pública es algo que el nuncio justifica en que “el Vaticano no puede lidiar contra un presidente”. Es decir, que para Monseñor Antonini es más importante las relaciones políticas y la geoestrategia que la vida de la Iglesia. Si Fernando Lugo en vez de ser presidente fuera otro más, hubiese perdido unas elecciones, entonces la reacción de Roma habría sido muy diferente. Eso solo puede ser visto como una hipocresía y como un chaqueterismo barato.
Las causas por las cuales el Vaticano se opuso a la candidatura Fernando Lugo no fueron porque no quisieran que fuera presidente, que lo mismo también, sino que fue porque eso iba en contradicción con la vida de la Iglesia. El motivo de la opción a la candidatura de Fernando Lugo no fue político sino que fue netamente eclesial y pastoral, un clérigo no puede tener un puesto político (dice el Vaticano). Pero sin embargo, ya lo político importa más y se mira más si el político tiene el suficiente poder como para ser tenido en cuenta. Pierde ya importancia la eclesialidad y la pastoral, prima más la relación con el nuevo presidente.
Dice el Nuncio Antonini que la Iglesia prohíbe a los clérigos tener cargos políticos. Pero eso es discutible, más que nada porque él mismo es clérigo y tiene un cargo político (es el embajador del Estado Vaticano en Paraguay), el Papa también tiene un cargo político (es el Jefe de Estado) y otros muchos clérigos tiene cargos políticos, en mi país José Chamizo hace de manera excelente la labor de defensor del pueblo y el obispo de Urgel es co-príncipe de Andorra. La Iglesia prohíbe a los clérigos tomar cargos políticos que quede por encima de su compromiso cristiano, pero ese compromiso cristiano bien puede estar ligado con un cargo público, un cargo que no sea partidista, sino que sea cívico y que sea plural, de todos. Fernando Lugo es presidente, pero no tiene partido ni tampoco es un presidente partidista, es más bien la respuesta del pueblo de Paraguay que quiere, mayoritariamente, un cambio. Ese cambio Fernando Lugo no lo está haciendo alineándose con nadie (ni con Álvaro Uribe ni con Hugo Chávez) sino que lo hace escuchando el clamor de aquellos que le llevaron al gobierno, los pobres. La presidencia no es algo que va contra el ministerio de Fernando Lugo como obispo, sino que entra perfectamente dentro de él.
Monseñor Antonini insinuó que el abandono del ministerio “sagrado” de Fernando Lugo para salir a la arena política se debe a que Fernando Lugo hace una idolatría de la política y a que para Fernando Lugo Jesucristo no es suficiente. Yo más bien creo que para Fernando Lugo la política no es idolatrada sino que es vista como una labor honesta (eso lo dijo el Papa Pío XI) y como un cargo al que el pueblo le pedía que accediera para hacer los cambios, el como obispo se vio obligado a dar ese salto. Para Fernando Lugo Jesucristo es tan suficiente que ha dado ese salto para dar testimonio de él y de su evangelio, también en la esfera política. En mi país, España, los obispos hablan de hacer visible a Cristo en la esferas política y pública sin que eso signifique acusación de idolatrar la política, y eso que estos obispos no lo hacen porque se hayan visto evangelizados por un pueblo que pide nada, sino que lo hacen porque creen que así se evangeliza realmente al pueblo (una verdadera idolatría de la política).
En tono de broma el Nuncio dice que Fernando Lugo dio muchos problemas en la Iglesia, yo más bien creo que la renovó y si dio problemas fue a esos que creen que el cristianismo es un cúmulo de normas y no una opción renovadora de vida. Fernando Lugo nunca se ha salido de su sitio, en el lugar del obispo que es escuchando el clamor del pueblo. Le pido al Nuncio que tenga un poco de humildad y vea el mismo su lugar, él es político también, ante la ley el nuncio es un embajador de un estado en otro, en este caso el Vaticano y Paraguay, normalmente después de unas declaraciones así lo normal es que el embajador sea llamado al orden o incluso expulsado del país por injerir en la democracia de ese estado. El nuncio tiene una labor diplomática, no pastoral. Monseñor Antonini tendrá que ser consciente de que él es el nuncio y no el presidente de la Conferencia Episcopal de Paraguay.
Justicia
Dice el Nuncio Antonini que la Iglesia prohíbe a los clérigos tener cargos políticos. Pero eso es discutible, más que nada porque él mismo es clérigo y tiene un cargo político (es el embajador del Estado Vaticano en Paraguay), el Papa también tiene un cargo político (es el Jefe de Estado) y otros muchos clérigos tiene cargos políticos, en mi país José Chamizo hace de manera excelente la labor de defensor del pueblo y el obispo de Urgel es co-príncipe de Andorra. La Iglesia prohíbe a los clérigos tomar cargos políticos que quede por encima de su compromiso cristiano, pero ese compromiso cristiano bien puede estar ligado con un cargo público, un cargo que no sea partidista, sino que sea cívico y que sea plural, de todos. Fernando Lugo es presidente, pero no tiene partido ni tampoco es un presidente partidista, es más bien la respuesta del pueblo de Paraguay que quiere, mayoritariamente, un cambio. Ese cambio Fernando Lugo no lo está haciendo alineándose con nadie (ni con Álvaro Uribe ni con Hugo Chávez) sino que lo hace escuchando el clamor de aquellos que le llevaron al gobierno, los pobres. La presidencia no es algo que va contra el ministerio de Fernando Lugo como obispo, sino que entra perfectamente dentro de él.