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Justicia

17 Diciembre 2008

La revolución son los pobres

A lo mejor cuando haya unas instituciones realmente democráticas en Nicaragua se podrá demostrar que hubo fraude electoral. A lo mejor cuando haya instituciones democráticas se podrá demostrar la inocencia del misionero católico (de nuestra misma Iglesia, la mía y la de Benjamín Forcano) acusado en falso y sin pruebas de un acto de violencia armada en una manifestación, cuando videos emitidos en los medios de comunicación muestran que Albero Bochi lejos de agredir a nadie, fue agredido él. También, cuando haya instituciones democráticas, podremos demostrar la inocencia de Ernesto Cardenal, o puede que Carlos Mejía Godoy vuelva a tener mano sobre su propia creación. No se, puede que hasta se pueda sacar de juicios injustos a las mujeres que abortan y podremos meter en juicios a los pederastas y las personas que trafican sexualmente con niñas en Nicaragua. Son una serie de cosas que se me ocurren, que podrían pasar en Nicaragua si tuviera vigencia la revolución y si fuera el país democrático soñado por Sandino.

Benjamín Forcano es uno de los mejores teólogos de España. En su día fue claretiano y ahora es uno de los teólogos más visibles de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Tiene un gran interés y una gran sensibilidad para la realidad que se vive en América Latina, probablemente debido a su cercanía (por no decir total identificación) con la Teología de la Liberación. Una vez tuve el placer de escuchar sus palabras en Salamanca, cuando vino hace un año y medio junto con Leonardo Boff para dar una charla sobre la crisis ambiental.

De que Benjamín Forcano es un gran teólogo no me cabe duda, pero tampoco me cabe duda de que a veces muestra posiciones que no coinciden con las mías, puede que sea yo el que esté equivocado pero también puede que sea él. Hace poco leí en El País un artículo de Benjamín Forcano sobre la Revolución Sandinista y solo puedo decir, después de leerlo, que no estoy para nada de acuerdo. Benjamín viene a repetir sistemáticamente lo que viene a decir la propaganda danielista del FSLN, con argumentos que lejos de ser revolucionarios más bien parecen socialdemócratas (que ni eso). El artículo se llama “¿Fraude en las elecciones de Nicaragua?”.

Hablo como una persona para la que la Revolución (y más concretamente, la Revolución Sandinista) quiso decir, aun lo quiere decir, mucho en su vida. Tengo amigos varios en Nicaragua y en El Salvador, gente de muy buena voluntad, en su mayoría muy buenos cristianos que están comprometidos con las ideas sandinista o farabundistas, que quieren que su país sea un lugar mejor para vivir. Le tengo gran estima a la figura histórica de Augusto Cesar Sandino y de Farabundo Martí, a la misma vez que tengo una gran admiración y respeto por la Revolución Sandinista, que triunfó en 1979 y fue derrotada el mismo día que a sus principales dirigentes les pareció que era buena idea robar al pueblo (robaron muchísimo).

Benjamín Forcano defiende que hubo observadores internacionales, pero Benjamín Forcano tendrá que admitir que esos observadores internacionales fueron los observadores internacionales que eligió Daniel Ortega a dedo, lo suyo sería que los observadores internacionales fueran neutrales y no fueran observadores internacionales que son aceptados por Daniel Ortega por algo. Públicamente en Nicaragua se dice que el país va al abismo y que si sigue así acabará en una fuerte quiebra, Daniel Ortega no ha conseguido mejorar la situación de los pobres y ha generado más pobreza aún, por no decir que la posición de las mujeres en Nicaragua ha empeorado hasta lo indecible, todo por un inmoral pacto entre Daniel Ortega y el Cardenal Obando. Los partidos opositores ciertamente se tomaron las elecciones regionales como un plebiscito al gobierno de Daniel Ortega, pero también es verdad que Daniel Ortega se lo tomó como tal. ¿Un error de perspectiva? No creo, en Nicaragua la situación es límite, se está yendo (sino se está ya) a una dictadura de Daniel Ortega, su mujer y sus hijos (con al complicidad del Partido Liberal y del Cardenal Obando). Puede que Daniel Ortega no sea todo el Frente Sandinista, como recuerda Benjamín Forcano en su artículo, pero Daniel Ortega si es el jefe supremo del Frente Sandinista y lo trata como si fuera suyo, Daniel Ortega es un dictador de partido. Yo conozco gente del sandinistmo que apoyó a Ernesto Cardenal cuando éste tuvo sus confrontaciones con Daniel Ortega, pero los que lo hicieron una de dos: o se fueron de FSLN o lo hicieron en secreto. Eso solo pasa en un partido que está bajo la férrea dictadura de alguien, en este caso Daniel Ortega.

No se si la gestión de los municipios gobernados hasta ahora por el FSLN sería tan buena como dice Benjamín Forcano, a juzgar por la realidad de pobreza en Nicaragua (cada vez más sangrante) tengo muchos motivos para dudarlo. Más aún lo dudo si el candidato para gobernar Managua, que es la capital de Nicaragua, es un personaje que en su día fue boxeador, es uno de las personas más ricas y pudientes de Nicaragua, con sus connotaciones corruptas y que además en su día lucho en la contra-revolución violenta y asesina, que tantas víctimas ha dejado en Nicaragua y con la que ahora gobierna Daniel Ortega y el FSLN tan tranquilos. No se si esos gobiernos hechos a partir del politiqueo, del tráfico de influencias y del poderosismo tendrán mucho éxito revolucionario.

El Consejo Electoral Supremo, que cita Benjamín Forcano como si eso diera legitimidad al proceso electoral, es un consejo que está controlado por el FSLN (y eso es un secreto a voces en Nicaragua). Cierto es que el PLC pidió el recuento y que el Consejo Electoral Supremo recontó (un recuento al que fueron invitados los cuatro partidos: FSLN, PLC, PRN, Alternativa por el Cambio), pero también es verdad que ha ese recuento no se presentaron dos partidos que tradicionalmente tienen mucha importancia en Nicaragua: ni fue el Movimiento Renovador Sandinista ni fue el Partido Conservador (el partido político más antiguo de Nicaragua). No fueron por un solo motivo, porque el Consejo Electoral Supremo suspendió su personalidad jurídica no dejándoles ir ni siquiera a las elecciones, intentando legitimarlo en complicaciones burocráticas, pero que en realidad más bien parece una estrategia marrullera para dejar fuera a los segundos partidos, a los minoritarios, para reforzar la fuerza del bipartidismo y del pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.

Benjamín Forcano recurre al pasado, al primer gobierno sandinista y al gobierno de Violeta Chamorro. Es cierto lo que dice Benjamín, el FSLN dejó el país mucho mejor que como lo dejó luego Violeta Chamorro (que se cargó todo el trabajo que hizo el ministerio de educación, capitaneado por el jesuita Fernando Cardenal). Pero también hay que ser justos y decir que el FSLN tampoco dejó el país muy bien que digamos, ya al final Daniel Ortega dejó el país hecho trizas, se volvió muy autoritario, se cargo ministerios que funcionaban bien tan solo porque su mujer lo pidió y sin consultar al ministro de ese ministerio (es el caso del ministerio de cultura del Padre Ernesto Cardenal), no fue una gran experiencia ese gobierno sandinista. Eso si, Violeta Chamorro vino a empeorarlo todo más aún.

Lo que pasa es que Benjamín Forcano pasa por alto la corrupción del FSLN porque la del gobierno de Violeta Chamorro fue una corrupción mayor aún. Parece que Benjamín pasa por alto algo que los revolucionarios de Centroamérica tienen muy presente: Que el sandinismo es la revolución y Violeta Chamorro no. La revolución no es que tenga que robar menos, es que no puede robar. Ernesto Cardenal dice, y tiene mucha razón, que cuando el FSLN pierde las elecciones la revolución pierde pero solo el gobierno, que era algo de lo que los sandinistas eran conscientes, pero la revolución podía seguir desde la oposición democrática; para Ernesto Cardenal (y para mí) la Revolución Sandinista pierde cuando los altos mandatarios del FSLN ven que van a perder y roban muchos bienes al pueblo de Nicaragua, más tarde se repartirían el poder de Nicaragua con la derecha.

En su repaso Benjamín Forcano también da testimonio de la visión del sandinismo en los años 90. Para Benjamín Forcano la controversia entre el sector de renovación sandinista de Sergio Ramírez y el sector de Daniel Ortega estaba basado en la confrontación entre un sector izquierdista liderado por Daniel Ortega y otro más conservador y socialdemócrata liderado por Sergio Ramírez. Yo no lo veo así. Ahí la confrontación que se dio fue entre el partido institucional sandinista y entre el movimiento social del sandinismo. Es decir, como dice Ernesto Cardenal, entre verdadero y falso sandinismo. Conozco a gente del MRS que es realmente derechista, pero también los conozco que son muy izquierdistas y revolucionarios, en el FSLN igual. La diferencia está en que si la situación, el dinero y el poder dicen a los dirigentes del FSLN que “toca” ser de izquierdas, pues son de izquierdas y levantan el puño con Hugo Chávez y con Fidel Castro, pero como diga que hay que ser de derechas pues en ese caso sacan banderas rosas, hablan de la reconciliación con la derecha nicaragüense, penalizan el aborto, le dan puestos políticos al Cardenal Obando y ya de paso dan mítines con banderas de los EE.UU. (Daniel Ortega lo ha hecho). El Movimiento Renovador Sandinista han hecho cosas de derechas y cosas de izquierdas, han tenido aciertos y fallos, pero lo han hecho siendo profundamente sandinista, el FSLN ha sido de todo (chavista, castrista, centrista, cercano a la jerarquía eclesiástica) menos sandinista.

También habla, pero muy poco, Benjamín Forcano, del pacto entre el Frente Sandinista y el Partido Liberal para cambiar la constitución. Poco habla de las carencias democráticas que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán (que es el gran ladrón de Nicaragua) dejaron en la reforma que hicieron a la constitución. Dice que pese a ello el FSLN se hace ganador principal en el 2000 en las elecciones regionales, con el triunfo en Managua de Henry Lewites (que poco después abandonaría el FSLN para irse al MRS, cosa que no cuenta Benjamín Forcano) y ganaron 11 de las 17 cabeceras departamentales.

En el 2006 el FSLN gana, no lo hace mayoritariamente, lo hace con un 38% de los votos. La oposición tenía más, pero es que estaba dividida. También hay que decir que si Daniel Ortega gobernó con ese porcentaje de votos es gracias a la reforma constitucional que hizo el FSLN con el PLC.

Me llama la atención que Benjamín Forcano hable de la ayuda de Venezuela a Nicaragua. Venezuela realmente da una ayuda muy solidaria al pueblo nicaragüense, pero esa ayuda se la da el gobierno a manos privadas. Es decir, que Venezuela le da ayuda al gobierno de Nicaragua para que ayude al pueblo nicaragüense y el gobierno de Nicaragua se la da a manos privadas que se lo venden al pueblo nicaragüense (al que pueda comprarlo claro).

Habla de politiquismo y chaqueteos en la oposición. De como ALC y PLC se arreglan de repente, de como Montealgre se arregla con Alemán para ser candidato a la alcaldía de Managua. Se olvida de esos chaqueteos en el FSLN y de como Daniel Ortega se arregla con la contra-revolución para presentar a un boxeador contra-revolucionario para la alcaldía de Managua. Le extraña que el Movimiento Renovador Sandinista apoye al PLC, pero no se extraña de que el FSLN maneje el Consejo Electoral Supremo y deje sin personalidad jurídica a dos partidos políticos: MRS y Partido Conservador, eso si, que estos partidos que se han quedado sin personalidad jurídica que ni se les ocurra apoyar la oposición de su verdugo, que eso solo puede ser llamado locura inesperada.

A lo mejor cuando haya unas instituciones realmente democráticas en Nicaragua se podrá demostrar que hubo fraude electoral. A lo mejor cuando haya instituciones democráticas se podrá demostrar la inocencia del misionero católico (de nuestra misma Iglesia, la mía y la de Benjamín Forcano) acusado en falso y sin pruebas de un acto de violencia armada en una manifestación, cuando videos emitidos en los medios de comunicación muestran que Albero Bochi lejos de agredir a nadie, fue agredido él. También, cuando haya instituciones democráticas, podremos demostrar la inocencia de Ernesto Cardenal, o puede que Carlos Mejía Godoy vuelva a tener mano sobre su propia creación. No se, puede que hasta se pueda sacar de juicios injustos a las mujeres que abortan y podremos meter en juicios a los pederastas y las personas que trafican sexualmente con niñas en Nicaragua. Son una serie de cosas que se me ocurren, que podrían pasar en Nicaragua si tuviera vigencia la revolución y si fuera el país democrático soñado por Sandino.

Ni siquiera Benjamín Forcano puede decir que las elecciones fueron justas y limpias, pero se respalda en que las de 1996 fueron “aún peor”. Un argumento que no es válido y que intenta ocultar lo evidente. El FSLN en Nicaragua ya no es lo que era, en Nicaragua ni hay revolución ni hay sandinismo. Hay un gobierno populista, que es muy machista, que persigue el aborto pero no sus causas, que persigue y asfixia las asociaciones de mujeres feministas en Nicaragua. Un gobierno que es hostil a las ONGs y los proyectos solidarios en Nicaragua, les acusa de tener malos planes contra el gobierno. Un gobierno que mete en la cárcel a sus opositores, un gobierno que controla los jueces y el Consejo Electoral Supremo, muy cercano a las personas tradicionalmente poderosas en Nicaragua.

El FSLN, al igual que el FMLN en El Salvador, ya no necesitan a los pobres porque ahora tienen el apoyo de sectores más poderosos, de gente mas adinerada de su país. Ya los pobres dejaron de ser elemento revolucionario y la revolución dejo de ser un medio para llegar a la igualdad y la justicia, la revolución se convierte en un fin: “todo por la revolución”, como si hubiera que alcanzarla algún día en lugar de practicarla. Los pobres no tienen que hacer sacrificios por la revolución, no tienen que esperar a que el “partido revolucionario” ya sea el FSLN o el FMLN se acuerde de ellos y hagan las cosas bien (no mejor que lo peor) y respetando mínimamente la participación popular y la dignidad de los pobres como personas libres y protagonistas de su propia liberación, sino que el FSLN y el FMLN tienen que hacer sacrificios para ser ellos mismos partidos revolucionarios. Esto es por una causa muy simple, y es ahí donde el FSLN y el FMLN cometen su error más capital, y creo sinceramente que en el caso de Nicaragua Benjamín Forcano también lo comete: La revolución no es el FSLN y el FMLN. La revolución, Benjamín Forcano, son los pobres. Por desgracia ni el FMLN y el FSLN están ahí ni emanan de ahí, más bien emanan de otros intereses políticos y económicos muy alejados de los pobres de su país. Yo tengo amigos en Nicaragua y en El Salvador que han sufrido mucho este cambio de interés del FSLN y del FMLN, ellos siguen ahí, con los pobres, trabajando (ahora sin el FMLN detrás, luego con más dificultades porque muchas veces incluso lo hacen contra el FMLN o el FSLN), están en lo que es la verdadera revolución, con los pobres. Fuera de los pobres no hay salvación, que dice Jon Sobrino. Es una pena que a 30 años de la muerte martirial del Padre Gaspar García Laviana (considerado un héroe de la Revolución Sandinista) el tema d ella prostitución infantil en Nicaragua siga teniendo la misma actualidad ahora, eso es patético e interpela a Nicaragua y también a su gobierno sandinista.

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