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13 Diciembre 2008

El Concilio Vaticano II y Juan XXIII


Pero tenemos que ser conscientes de una cosa, de que ese espíritu y ese talante no fue algo de entonces sino que tiene que ser también de ahora. No solo tenemos que asimilar las reformas que hizo el Concilio Vaticano II, que muchas de ellas aún no han sido asimiladas por la Iglesia, tenemos que intentar también que se generen cambios basados en este espíritu y este talante. Hace falta que se apliquen las reformas que hizo el Concilio Vaticano II en el seno de la Iglesia, pero también hace falta poner en marcha reformas en el seno de la Iglesia de cara a los retos que nuestra sociedad contemporánea nos plantea ahora.

El día 8 de Noviembre, día de la Inmaculada Concepción de María, “El Periódico” publicó un artículo del teólogo alternativo y díscolo Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid. El artículo va dedicado al Concilio Vaticano II y se escribe con motivo de que estamos en el cincuentenario de la elección del Papa Juan XXIII, el Papa que convocó el Concilio Vaticano II.

El Concilio Vaticano II es descrito por el artículo de Juan José Tamayo como una especie de luz en la oscuridad que en esos momentos cubría la Iglesia Católica, inmersa en una gran crisis. Juan XXIII con el inició del Concilio Vaticano II se demostró como gran líder católico y como luz para la Iglesia y para el mundo. Yo supongo que la admiración de Juan José Tamayo por Juan XXIII será una admiración muy grande, Juan XXIII fue un gran Papa que supo poner la Iglesia en sintonía con los tiempos modernos, en España su memoria es mantenida por una asociación de teólogos aperturistas y en dialogo con la sociedad moderna y secularizada, la asociación es la “Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII”, cada año celebran un congreso que suele levantar bastante expectación.

Juan XXIII fue un Papa elegido por los conservadores italianos para evitar que saliera un Papa francés, como no se ponían de acuerdo en que italiano poner como Papa de la Iglesia Católica (que si el Cardenal Ottaviani, que si Monseñor Montini...había ahí una lucha), la decisión de consenso de los cardenales italianos fue la de elegir un Papa italiano, de transición, que fuera anciano y fácilmente manejable para la curia: ese era el perfil del anciano Cardenal Roncalli. En fin, la decisión fue en gran parte política e inspirada por los entramados de poder que hay en el Vaticano. Aún así, el Cardenal Roncalli (que se decidió llamar Juan XXIII) resultó ser una gran sorpresa. Juan XXIII dio a la Iglesia un talante humanista y un espíritu reformador, este talante y este espíritu acompañaron al Concilio Vaticano en todas sus sesiones (incluso en las que Juan XXIII, ya fallecido, no pudo presentarse).

Pero tenemos que ser conscientes de una cosa, de que ese espíritu y ese talante no fue algo de entonces sino que tiene que ser también de ahora. No solo tenemos que asimilar las reformas que hizo el Concilio Vaticano II, que muchas de ellas aún no han sido asimiladas por la Iglesia, tenemos que intentar también que se generen cambios basados en este espíritu y este talante. Hace falta que se apliquen las reformas que hizo el Concilio Vaticano II en el seno de la Iglesia, pero también hace falta poner en marcha reformas en el seno de la Iglesia de cara a los retos que nuestra sociedad contemporánea nos plantea ahora.

Sin duda, el mayor logro del Concilio Vaticano II (y precisamente, el logro al que Juan José Tamayo rinde tributo en su artículo) es el de haber enterrado el Cristianismo Social o la cristiandad. En esos momentos imperaba en la Iglesia la idea de que lo más importante era la Verdad, y la Verdad tenía que ser defendida por los católicos ante todo y en todos los ámbitos. La Verdad era, para la cristiandad, lo más importante, tenía que hacerse presente en las instituciones y tenía que ser defendida sobre cualquier tipo de cosa. La caridad, por muy buena que fuera, no era válida sino era una ferrea defensa de la Verdad, es más, hay quien defiende (aún se defiende hoy la cristiandad) que la caridad es la defensa de la Verdad. En fin, un fundamentalismo. Juan XXIII logró superar esa cristiandad y ponerse en sintonía con el verdadero proyecto de Jesús de Nazaret. Uno de los mayores errores es el de pensar que el proyecto de Jesús de Nazaret era la Iglesia Católica, no es así, el proyecto de Jesús de Nazaret nunca fue la Iglesia Católica, el verdadero proyecto de Jesús de Nazaret miraba más allá de la Iglesia Católica, está más relacionada con el Reino de Dios.

Hace falta recuperar el espíritu del Concilio Vaticano II para que la Iglesia se ponga en sintonía con el mundo actual. Los últimos pontificados no han ido en esta dirección. Juan Pablo II y Benedicto XVI han confesionalizado la Iglesia Católica y la han convertido en algo de un sector, en poco más que una ideología que debe ser defendida en el ámbito público y en el ámbito eclesial. Por eso ahora el mayor reto de la Iglesia, en lugar de ser el de dialogar con la modernidad es el de poner una cruz allí donde este. Me llamó la atención la polémica sobre las cruces en las escuelas públicas. Reflexione un poco sobre ese asunto y le dedique alguna de mis oraciones.

¿Qué haría el Papa Juan XXIII en esta situación de laicismo? La verdad es que no hace falta ni preguntárselo porque fue una realidad, Juan XXIII (siendo aún Monseñor Roncalli) se topó con el laicismo en Turquía (sin ir más lejos) donde no pudo llevar sus atuendos de monseñor, de manera que tenía que ir “de paisano” y lo hizo con mucho optimismo. Yo creo que en una situación como la española, a Monseñor Roncalli poco le importaría que hubiese o no hubiese cruces en las escuelas públicas, más bien se preocuparía porque hubiese educación para todos y de que si no la hubiese la Iglesia fuera un factor positivo y educador, no basado en intereses propios o políticos sino que basado en que es lo necesario para la sociedad actual y es la verdadera caridad (que no es decir la Verdad, sino practicar esa gran verdad que es el amor, es decir, hacer a los demás lo que queremos que hagan con nosotros, querer a todos como hermanos).

El Papa Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI no parecen interesados en un proyecto de Iglesia universal, más bien parecen que creen que la Iglesia es una institución que tiene que ser equidistante de las otras instituciones religiosas y que tiene que ser crítica con la modernidad. No es raro ver duras críticas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI a la sociedad, y no digo a los errores sociales y los sistemas sociales ineficaces que tantas guerras y pobreza generan (por lo general, ambos Papas han sido muy cordiales con los ideólogos y los mayores responsables de estos errores sociales), sino que hablo con la sociedad de a pie, con la gente humilde, no es raro ver a Juan Pablo II y Benedicto XVI diciéndoles que van a ir al infierno, que viven en la inmoralidad, que la crisis de la Iglesia se debe a la inmadurez de su Fe y cosas por el estilo. Tampoco es raro ya ver en Benedicto XVI una actitud hostil con las otras religiones, el mimo ha dicho que piensa que el dialogo interreligioso es imposible. Tampoco es raro ver a Benedicto siendo pesimista ante los cambios de la sociedad y no queriendo que la Iglesia se sume desde su perspectiva cristiana, menos aún es raro ver teólogos que son eclipsados, castigados, cuyas carreras se ven truncadas tan solo porque su Teología se hace desde los presupuestos de la Teología de la Liberación o desde el dialogo con las ideologías, con la modernidad o con las otras religiones.

Olvidaron, ambos Papas, que el pensamiento crítico es necesario para la Iglesia Católica. También olvidaron la Opción por los Pobres que se realizaba en el Tercer Mundo y solo supieron ver peligros (peligros comunistas, peligros diplomáticos, en pocas palabras...peligros políticos), castigaron teólogos simplemente por su Opción por los Pobres y dificultaron la labor de obispos en el Tercer Mundo que en ese momento clave necesitaban ante todo el apoyo de el Papa, muchos de esos obispos murieron asesinados por los gobiernos a los que el Papa intentaba complacer criticando al obispo que intentaba luchar por los derechos de los más pobres. Gracias a Dios, a pesar de los castigos del Vaticano, de las críticas de los sectores conservadores y de las no pocas matanzas de sus más importantes exponentes, la Teología de la Liberación sigue teniendo actividad y vitalidad hoy, supongo que porque se convirtió en algo más que una simple teología de académicos...imprimió realmente en la sociedad, la latinoamericana sobre todo. Igual que ha imprimido en la sociedad el talante humanista y el espíritu renovador del Papa Juan XXIII.

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