Categoría: Vaticano
10 Julio 2009
Hace poco el Papa Benedicto XVI ha publicado una encíclica preciosa. Realmente es bella. Es bella, yo siempre le admitiré a Ratzinger el buen gusto a la hora de escribir, es capaz de exponer las ideas más conservadoras y tridentinas de la Iglesia con un atractivo y una elegancia propios de Karl Rahner. Es una encíclica valiente, porque toma una postura bien definida y que expone sin ningún complejo. También se puede decir que en cuestiones políticas de política internacional, la encíclica se ve alineada con la izquierda política y hace suyas su reivindicaciones (Una autoridad mundial, reforma y democratización de la ONU, un nuevo modelo económico, un sistema productivo que sea sostenible...).
Creo que cualquier persona admite que Joseph Ratzinger se ha apoyado bastante en las reflexiones hasta ahora hechas por la izquierda. Pero aún así sigo viendo problemas en la encíclica, problemas que tienen mucho que ver con el gran problema de la Iglesia. Lo que tiene que distinguir a la Iglesia no es el hecho de hacer los más acertados análisis económicos, políticos, culturales y sociales. No se me mal interprete, es importantísimo que la Iglesia tenga centros de reflexión desde los que, con una perspectiva cristiana, se mira el mundo y se analiza, y es importante que esos análisis sean unos trabajos rigurosos. Pero yo creo que cometemos un error si nos creemos que el hecho de escribir encíclicas sociales con análisis acertados, ya por eso la Iglesia se convierte en una realidad más viva y presente en nuestra sociedad.
Yo creo que lo que tiene que distinguir a la Iglesia es la manera de vivir y de hacer esas reflexiones, es ser una Iglesia ética y ser una Iglesia con coherencia y credibilidad. No se puede hablar de la crisis económica desde los palacios del Vaticano. Ojo, no intento con esto hacer una demagogia barata. Yo creo que hay algo en la Iglesia que es muy importante, ese algo es el lugar de reflexión. Para mi el lugar de reflexión no puede ser el Vaticano, la tradición y la Doctrina Social de la Iglesia; sino que tiene que ser la experiencia de la Iglesia allí donde más se está sufriendo la crisis (todo ello, por supuesto, a la luz de la tradición y de la Doctrina Social de la Iglesia, que se ponen al servicio de esta realidad).
Cuando yo hago esta crítica, que creo que es muy seria y habla de un problema muy serio en la Iglesia (que es la excesiva centralización que hay en la Iglesia para todo, incluso para la reflexión sobre la sociedad), se me suelen dar unas respuestas que no son satisfactorias. Por un lado se me dice que una encíclica que habla de economía no puede ser escrita desde una realidad de pobreza porque tendrá que ser escritas por personas que sepan bien de economía, ¡Como si no hubiera economistas que están comprometidos de manera total con las realidades de pobreza que podrían ser los asesores y pudiesen trabajar en el borrador de la encíclica! Se me ocurre, sin ir más lejos, en la UCA, el difunto Padre Javier Ibisate. Son respuestas que no me satisfacen en absoluto, porque además ponen bastante de relieve el poco respeto que hay en la Iglesia hacia los pobres y hacia las gentes comprometidas con ellos.
En resumen, una encíclica muy buena y un gran documento que analiza de manera acertada la actualidad y da con unas soluciones que a mi me parecen las correctas. Pero por desgracia, tampoco es nada nuevo, ya hay otros centros de reflexión de otras Iglesias y de partidos políticos que hacen lo mismo. Lo que la Iglesia Católica tendría que hacer, lo que tendría que hacer la Iglesia de Jesús, es superar los defectos de esos partidos y esas Iglesias y conseguir tener lo que ellos no tiene, Fe verdadera en lo que dicen y conseguir ser coherentes con esas ideas políticas expuestas. Que esas reflexiones no sean fruto de una ideología aprendida, sino que sea producto de una reflexión hecha desde una realidad que nos pone ante algo más grande. Por desgracia la Iglesia Católica, al menos la institucional, no supera al resto de iglesias ni a los partidos políticos. Por eso la encíclica, creo, tampoco es lo que necesitaba la Iglesia Católica en estos momentos...hacen falta testigos, profetas y hacer falta austeridad.
Justicia
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2 Abril 2009
El día 19 de Abril el Papa Benedicto XVI cumple cuatro años como Papa de la Iglesia, el número 265. No parece que haya mucho que celebrar ya que durante su ministerio ha sufrido fuertes críticas de sectores muy amplios, de la derecha y de la izquierda, del ateísmo e incluso de la propia Iglesia Católica.
¿Qué pasará? A saber. Hay quien pide que el Papa Benedicto XVI dimita, lo hace su colega el teólogo Hans Küng. Yo creo que el Papa tiene una posición muy difícil en la Iglesia ahora mismo, tiene muchos problemas de comunicación y no estoy muy seguro de si vivirá en el Siglo XXI. Hans Küng dice, y yo creo que tiene razón, que este Papa es un Papa del pasado, con una mentalidad que llega a la conclusión de que las civilizaciones están destinadas a chocar, de que el progresismo es la barbarie, de que hay buenos y malo en este mundo y los buenos tienen que aplastar a los malos con los métodos que sean necesarios, todo ello para defender la verdad, es un Papa del pasado, un Papa de la era Bush.
Hace falta otra cosa, otro Papa. Un Papa que responda a las aspiraciones de cambio que tienen los ciudadanos del mundo, un Papa que sea como Obama. Un Papa que venga de una dimensión de la que otros pontífices no han venido. Por ejemplo, hay quien siempre dice que el Cardenal Maradiaga (amigo de los pobres y compañero en su lucha) sería el primer Papa de América Latina, Cardenal Arinze el primer Papa negro o el Cardenal Zen el primer Papa chino. Hace falta un Papa que habrá la Iglesia y que no la cierre, como está haciendo Benedicto XVI.
Ratzinger tiene posiciones que en si son controvertidas, pero lo peor llega a la hora de comunicar todas esas posiciones, es una cuenta pendiente que tiene. No se trata de un error de darse a ver en los medios de comunicación, el Papa Benedicto XVI ha utilizado medios de comunicación que ni siquiera el Papa Juan Pablo II, tan mediático él, utilizó, como el youtube por ejemplo.
Tiene errores muy graves en sus discursos. En el 2006, en Ratisbona, dio un discurso en el que dio a entender algo así como que el mundo del Islam es un mundo bárbaro y salvaje, una religión que solo ha traído guerra y carencias. Esas declaraciones desataron el descontento y las furibundas críticas del mundo islámico al Papa Benedicto XVI. Más tarde, en América Latina, el Papa dijo que los indígenas esperaban ansiosos la evangelización, justificando así toda la colonización, algo que humanitariamente supone algo tan inhumano como justificar el holocausto. Muchos movimientos indígenas y el presidente de Venezuela criticaron las palabras del Papa y le pidieron que rectificara. En África, un país que tiene 22 millones de contagiados de SIDA, el total mundial son 33 millones, el Papa condenó el preservativo y dijo que lejos de ayudar a acabar con el SIDA, lo que hace es empeorar el problema. Esas declaraciones han sido criticadas por jefes de estado y presidentes del gobierno de toda Europa, España incluida, por muchas ONGs, por muchos médicos y expertos, incluso por algunos misioneros africanos que ante los devastadores efectos del SIDA recomiendan el uso del preservativo.
Hace medio mes, aproximadamente, el obispo de Recife excomulgaba a los médicos que le practicaron un aborto a una niña de 9 años embarazada de gemelos, el padre era el padrastro de la niña, que la violaba. Más tarde, el Cardenal Fisichella, Presidente de la Pontificia Academia de la Vida, tenía que corregir el error del obispo de Recife y señalar que los pecadores en ese caso ni son la pobre niña violada, ni tampoco los médicos que la han salvado la vida.
En Enero, el Papa levanto la excomunión a los obispos ultraconservadores nombrados por Marcel Lefebvre, entre ellos al negacionista Monseñor Williamson, que negaba el uso de las cámaras de gas para matar a los presos en los Campos de Concentración y que negaba que la cifra de muertos en los Campos de Concentración fueran seis millones sino que eran trescientos mil. El escándalo le valió las críticas de muchos teólogos comprometidos con el Concilio Vaticano II, de muchos obispos alemanes, del gobierno alemán y del mundo judío.
En realidad, Benedicto XVI no es muy diferente a Juan Pablo II. Benedicto XVI está continuando lo que dejó Juan Pablo II. Lo que pasa es que Juan Pablo II tenía una gran habilidad mediática, era una persona muy popular (y muy populista) que sabía tratar con los medios de comunicación para mostrar siempre una cara depurada, aunque fuera increíblemente conservador y cometiese errores de una magnitud tremenda (como su actitud ante las dictaduras militares de América Latina o ante el mundo moderno, por no hablar ya del bloqueo que hizo del Concilio Vaticano II o de todos los escándalos que salieron de curas pederastas). Benedicto XVI esa habilidad no la tiene, y no puede maquillar lo que su predecesor maquillaba de manera tan admirable.
Justicia
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1 Abril 2009
Se rumorea en internet que el Padre Federico Lombardi podría ser destituido de su puesto como portavoz del Papa y Jefe de Prensa del Vaticano. No sé si la noticia será veraz o solo un mal rumor de unos cuantos sin vergüenzas, de verificarse sería una autentica lástima. Tengo que decir que las tramas internas dentro del Vaticano no me importan en absoluto, pero siendo Federico Lombardi un jesuita (orden religiosa por la que siento gran afecto) la noticia me toma importancia.
Aún recuerdo que cuando el antiguo portavoz, Navarro Vals, que era un laico del Opus Dei, se fue y nombraron como portavoz al Padre Federico Lombardi, mis amigos jesuitas se alegraron bastante y lo vieron como un acercamiento entre el Papa y la Compañía de Jesús (que estaban distanciados desde que Juan Pablo II tuvo sus roces con Pero Arrupe). La verdad es que yo tampoco me llegué a confiar mucho, ya que los jesuitas siempre habían tenido mucha importancia en la prensa del Vaticano y Federico Lombardi ya era de antes el director de Radio Vaticano. Pero mucha gente tenía mucha esperanza.
De todas formas, cosas como el castigo a Jon Sobrino, ponen de relieve que la opción de los jesuitas con los pobres y la relación que hacen entre la Fe y la Justicia es algo que el Vaticano sigue sin entender o sin querer entender.
Federico Lombardi no lo ha tenido nada fácil. En primer lugar los fallos de coordinación, quien sabe, lo mismo también de comunicación entre el mismo Lombardi y Benedicto XVI. Una solución que cualquiera puede leer por ahí es que se quiten los intermediarios y que Federico Lombardi y el Secretario del Papa hablen todos los días.
También, gente muy injusta, acusa al jesuita de no ser listo y de no ser ortodoxo. Se le echa la culpa de todo el escándalo de los lefebvristas, del caso de Williamson. Todo el mundo sabe que el que llevaba eso no era Federico Lombardi, sino que era el Cardenal Castrillón, y yo creo que también gran responsabilidad en eso tiene el propio Papa. Yo no me creo la teoría de que el gran teólogo Ratzinger no estaba al tanto de que en los grupos ultra-conservadores del catolicismo hay un profundo sentimiento antisemita que roza (si no toca ya) el nazismo. Federico Lombardi se come, perdón por la expresión, un marrón que no es suyo. Al más puro estilo medieval, se mata al mensajero.
En realidad, Federico Lombardi es simplemente la víctima de una situación lamentable. Da la sensación de que en el mismo Vaticano hay una crisis abierta por el levantamiento de la excomunión a los ultra-conservadores de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Federico Lombardi señaló las deficiencias de ese proceso y señaló como responsable al Cardenal Castrillón. Eso puede haber sido un error, es un cardenal muy admirado por los sectores conservadores y le puede salir caro el atrevimiento de haber insinuado que pudo cometer un gran error en el proceso mediante el cual se levanto la excomunión de los lefebvristas.
También se le reprocha falta de claridad porque en muchas ocasiones ha tenido que salir a matizar declaraciones del Papa que han sido desafortunadas pero que a los sectores conservadores les encantaron, como por ejemplo las declaraciones sobre el preservativo en África o por ejemplo la excomunión del obispo de Recife sobre la niña embarazada de nueve años en Brasil. Evidentemente, es más fácil ser portavoz de un Papa como Pablo VI que era más bien moderado y comedido, o de un Papa como Juan Pablo II que era muy popular y se le daban muy bien los medios de comunicación, que de un Papa como Benedicto XVI que es muy dado a la controversia, al personalismo, a la defensa de sus propias ideologías por encima de lo que la gente necesita oír y al escándalo. Evidentemente, cuando eres portavoz de un hombre que cada vez que abre la boca es para montar un escándalo mediático, es muy difícil ser portavoz en esas circunstancias. Federico Lombardi no llevaba apenas un mes como portavoz del Papa y ya tuvo que hacer frente al escándalo con los musulmanes que montó el Papa en Ratisbona. En fin. Tampoco es algo que me importa mucho. Estoy seguro de que Federico Lombardi ha hecho una buena labor y ha sido coherente con los sentimientos que le llevaron a ser jesuita, aunque me parece que si le quitan de portavoz, muchos se van a decepcionar (otros se frotaran las manos, estas cosas al final son tensiones y rivalidades de poder). Federico Lombardi hará una gran labor, ya sea como portavoz del Papa o en otros lugares. Tampoco hace falta tener mucho poder de representación para hacer grandes cosas, es más, muchas cosas grandes se hacen muy lejos del Vaticano.
Justicia
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12 Febrero 2009
Desde una perspectiva política, la visita del Cardenal Tarcisio Bertone ha sido todo un triunfo. De una viaje ha puesto a sus rodillas a todos los elementos de la política española, el gobierno español y la oposición, incluso el Rey. Pero también desde una perspectiva política la visita del Cardenal Tarcisio Bertone roza el ridículo, primero porque no se entiende como es recibido con tantos honores un señor que no solo es Jefe de Estado de un Estado que no acepta los Derechos Humanos (una dictadura, vamos) que encima tiene en su seno y en sus órganos políticos auténticos nazis, auténticos fascistas y auténticos enemigos declarados de la democracia. Pero además, se recibe con un despliegue desproporcionado al representante, que ni eso, de un Estado pequeño, enano, no sé como sería el recibimiento del presidente de EE.UU., de Rusia o de China.
Es escandaloso que venga el Jefe de Estado del Vaticano a España llevando a cabo una verdadera inspección de trabajo. Se ha tocado, con este señor, temas tan importantes para los españoles como los Acuerdos Iglesia y Estado, el aborto y la asignatura de Educación Para la Ciudadanía. Son temas sobre los que parece que el Cardenal y Jefe de Estado del Vaticano puede hablar con el gobierno, pero el gobierno nunca pregunta sobre estos temas a la sociedad civil de España ¡¿Cómo va a solucionar un poder extranjero nuestros problemas internos?! España tendremos que decidirla los españoles, no la curia del Vaticano. Lo del Cardenal Bertone es una intromisión en toda regla.
También es escandaloso el comportamiento del gobierno, por un lado vende laicismo barato y por otro lado practica complicidad con la jerarquía eclesiástica. La Constitución española defiende la colaboración entre la Iglesia y el Estado, pero no impone la complicad entre ambas que han defendido tantos gobiernos y también la Conferencia Episcopal Española. No entiendo como el gobierno negocia de esa manera con una institución privada, olvidando la población civil de España y al resto de organizaciones.
Pero la cosa no acaba allí, esta visita es escandalosa mirada también desde el estricto sentido de la Iglesia Católica. El gobierno negocia cosas que importan a toda la Iglesia recurriendo a un líder no muy legítimo, porque aunque ese señor sea el Jefe del Estado Vaticano, los que más tienen que decir sobre la Iglesia en España somos los católicos españoles. No es muy legítima la postura del Cardenal Bertone como la postura de la Iglesia, si hacemos un análisis realista de la realidad española y de la realidad religiosa de España, un país muy cristiano pero también muy poco tradicional.
Aún así los medios insisten en decir que el Cardenal Bertone es un moderado y que esto supone una nueva relación entre el gobierno y la Iglesia (otra), pero en realidad esto es más de lo mismo. Porque se sigue pasando de la colaboración y se sigue luchando por conseguir la complicidad, de eso han hablado algunos militantes del PSOE y algunos obispos hace poco, no creo que sea ni comparable a las reuniones entre cristianos y socialistas de antaño.
El gobierno seguirá cometiendo el error de pensar que si se modera el gobierno la Iglesia se modera, pero Bertone en su discurso sobre unos supuestos Derechos Humanos (que el Vaticano no acepta) ha demostrado el gran error del PSOE. Por cada cinco pasos que el gobierno dé para contentar a la Iglesia en España, la Iglesia exige unos cinco mil pasos más. No puede ser, sencillamente no puede ser tal cosa.
La Iglesia sigue cometiendo el error de concebirse como una institución más que tiene que defender su identidad propia a toda costa, de verse a sí misma como una realidad estática incapaz de sufrir cambios, verse a sí misma como enemiga de esta sociedad moderna y secularizada.
Evidentemente, si las bases que se han puesto el gobierno y la jerarquía eclesiástica me parecen equivocadas, no se extrañen de que me parezca muy equivocado también lo que ha ocurrido entorno al viaje de trabajo del Cardenal Bertone.
Justicia
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10 Febrero 2009
Hace poco por este blog un comentario ha dicho lo siguiente: "YA NO ERES CATÓLICO...ERES SADAVACANISTA". Supongo que ese comentario viene a raíz de que yo he dicho que el Papa Benedicto XVI no actúa como el Papa, sino que actúa con personalismos, como Joseph Ratzinger, como un teólogo conservador y occidental, rompiendo así la unidad y la universalidad de su cuerpo, al ponerse él y sus amigos por encima de un concilio universal, rompen el cuerpo de la Iglesia.
Pero ¿Qué es el sedevacantismo? Pues es bueno que los lectores del blog sepan lo que es para que vean que todo parecido entre un sedevacantista y el autor de este blog es pura coincidencia. En primer lugar, el sedevacantismo no es una teología externa de la Iglesia Católica, es una postura teológica que dice que la Sede Apostólica de Roma (la diócesis de Roma y el Papado) están vacantes, de ahí su nombre.
Estos alentamientos nacen cuando se comienza el Concilio Vaticano II, abierto por el Papa Juan XXIII y que cerró el Papa Pablo VI. El Concilio Vaticano II estipuló en sus actas la libertad religiosa, reformas eclesiasticas y eclesilógicas, una de las más polémicas fue la que decía que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica y que no "es" directamente la misma, con eso el Concilio Vaticano II le daba cierta legitimidad a las iglesias cismáticas que pasaron de ser herejes a ser considerados como lo que son: hermanos separados. El ecumenismo y el dialogo interreligioso, que fueron condenados por el magisterio pre-conciliar, fueron aceptados por el Concilio Vaticano II. Se hizo una reforma en la liturgia, con una misa nueva que superaba el rito tridentino, tenía ciertas semejanzas con los ritos protestantes. También, doctrinalmente, el Papa Pablo VI se alejó del integrismo dogmático y católico. Estas reformas en la Iglesia tenían a sus enemigos en el propio Vaticano, no fueron pocos los cardenales que se opusieron, algunos de ellos muy importantes (como Ottaviani o Bacci).
Entre los discrepante del Concilio Vaticano II estaban la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pero también estaban los sedevacantistas. Los sedevacantistas niegan la validez de los pontificados posteriores al Concilio Vaticano II, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI (pasando por Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II) ¿Por qué lo consideran? Porque estos padres de la Iglesia o hicieron el concilio o mantuvieron en pie sus reformas. Los sedevacantistas consideran que el Papa es un hereje, un hereje no puede ser miembro de la Iglesia y menos aún ser su cabeza.
Al considerar al Papa como un hereje cuya autoridad no existe y que no es realmente el Sumo Pontífice, también consideran que los obispos que nombra no son realmente obispos y no tienen autoridad de obispo. Para el sedevacantismo el Vaticano y la jerarquía de la Iglesia Católica ha caído en el modernismo.
Si alguien ve un parecido entre mi pensamiento y el sedevacantismo, será pura coincidencia. Para empezar el sedevacantismo tiene una visión de la Iglesia que no comparto, al igual que su juicio del Concilio Vaticano II. Yo criticó al Papa en aquello que hace mal y me o parece que es un insensato que en muchas ocasiones es más un teólogo conservador alemán que un Papa de la Iglesia Universal, esa inconsecuencia puede tener nefastas consecuencias, incluida la ruptura del cuerpo de la Iglesia. Pero yo nunca he dicho que el Papa se un hereje, yo no juzgo sus teorías (que no comparto) sino que juzgo una mala manera de afrontar el papado y una praxis nefasta, pero nunca unos planteamientos suyos personales. El sedevacantismo es un ultra-conservadurismo, tan conservador que acaba poniendo el tradicionalismo por encima de todo, de los concilios universales, del magisterio del Papa, del Pueblo de Dios. A mí ya me parece que el Vaticano tiene poco equilibrio en lo que se refiere poner al justo lugar de los concilios, el magisterio del Papa, el Pueblo de Dios etc...pero es que el sedevacantismo es un total y completo desequilibrio de prioridades.
Justicia
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4 Febrero 2009
Monseñor Williamson se disculpó, dicen los defensores que ahora vienen ha justificar lo injustificable y ha defender lo indefendible. En realidad Monseñor Williamson se ha disculpado, pero no lo hizo con el que lo tenía que hacer. Lo que pidió Monseñor Williamson fue perdón al Papa por las reacciones que generaron sus declaraciones (¡que exaltados estos judíos!) y no pidió perdón al pueblos judío por el insulto que les propino a la hora de negar el holocausto, por no mencionar otras declaraciones en las que hasta les acusa de ser la mano que hay detrás del 11 de Septiembre.
El problema de Williamson no es solo con el Holocausto, es con el Concilio Vaticano II. Es un insulto la readmisión de una serie de obispos que van en contra de un Concilio que es universal, de toda la Iglesia. Los obispos son servidores de la Iglesia, no al revés. El Papa actúa como si la Iglesia fuera su club social, como si la religión fuera suya y de los suyos, comete un error de catastróficas consecuencias. ¿Cómo puede ser obispo un señor que niega documentos esenciales del Concilio Vaticano II?, ¿Cómo puede ser obispo una persona que niega la libertad religiosa? Será normal que los elementos de otras religiones tengan dificultades para tratar con la Iglesia Católica, faltaría más ¿Cómo no van ha sentirse molestos los judíos con un obispo que niega el documento del Concilio Vaticano II sobre los judíos? Es normal que los judíos rompan relaciones con la Iglesia Católica ¿Cómo van ha mantener relaciones con semejante institución?, ¿Cómo van ha tener relaciones las demás iglesias cristianas con la Iglesia Católica? La Iglesia Católica no quiere tener relaciones con ella, no quiere hacer comunión con ellas, la Iglesia Católica únicamente quiere que las demás iglesias se anexionen y acepten la autoridad del Sumo Pontífice. Evidentemente, toda la readmisión de los obispos lefebvrianos es penosa, patética y despreciable. En forma y fondo.
El Papa y las herramientas propagandísticas del Vaticano intentan vender la readmisión como una reconciliación, pero no es tal. Si lo que el Papa quisiera fuera reconciliación, bien podría hacerlo con los teólogos de la liberación o los teólogos modernistas. El Papa no puede ocultar una secreta simpatía por la Fraternidad San Pío X, el Papa Benedicto XVI no puede negar una simpatía por el pre-concilio, no puede negar una simpatía por la liturgia del pre-concilio. Ha sido una readmisión personal, del Papa, de su obsesión personal, importando nada o poco la vida de la Iglesia. El Papa ha dado un sopapo mayúsculo a la vida de la Iglesia con la readmisión de los lefebvristas, una decisión que ha sido personal. Es escandaloso que el Papa haya malvendido el Concilio Vaticano II y haya readmitido a los enemigos abiertos del Concilio Vaticano II en el 50 aniversario de su convocatoria. No hubo discursos, no parece que los vaya ha haber, en homenaje al evento, al concilio universal, menos aún para el Papa que lo convocó, Juan XXIII.
Benedicto XVI ha perdido todo contacto con la realidad, vive encerrado en su mundo, en su secta, en su Vaticano, a duras penas asoma por la ventana. No creo que tenga una mínima idea de cómo ha conmocionado a la Iglesia que en este año tan especial para el Concilio Vaticano II haya readmitido en la Iglesia a una serie de obispos que están en contra del Concilio Vaticano II, que están en contra del dialogo con protestantes, judíos y con los musulmanes. No creo que tenga una idea mínimo de lo que está causando. Y si la tiene, es peor para él.
Hubo un tiempo en el que Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, era un teólogo progresista y avanzado, participó en el Concilio Vaticano II. Cuando fue nombrado Papa yo esperaba que esa faceta progresista del Cardenal Ratzinger (con mala fama por su labor, también penosa, al frente de la Congregación Para la Doctrina de la Fe) saliera al descubierto. Me gustó que el Papa se reuniera con Hans Küng, me pareció que podía ser un principio. Aún así han pasado los años y no ve absolutamente nada, no veo que aborde con seriedad el tema de los divorciados, las relaciones con las demás iglesias cristianas o el papel de las mujeres en la Iglesia. El Papa prefiere preocuparse de una secta integrista que a duras penas tiene un millón de seguidores en todo el mundo.
El Papa puede hacer lo que le de la gana. El Vaticano es una dictadura bien montada, no hay un senado, el Papa no necesita apoyo de nadie para sacar adelante lo que quiera. En el Vaticano el Papa es jefe de gobierno, legislador y juez, si quiere hacer algo lo hace. Eso podría permitirle hacer cosas buenas, como ordenar teólogos laicos, ordenar casados, ordenar mujeres o permitir el uso de métodos anticonceptivos; pero sino quiere hacerlo nadie le puede obligar. Porque el Papa es infalible. Una vez Hans Küng intentó abrir el debate sobre la infalibidad del Papa, pero le cerraron la puerta en las narices. Aún así, las encuestas dan a mostrar que la mayoría de los católicos no creen ya que el Papa sea infalible.
El mundo cambia y el Vaticano parece no darse cuenta de ello. Ya no impera la lógica de Bush, la lógica de que nada debe cambiar, de que hay que mantener el orden para defender a todos, la lógica del enemigo, de la persona externa como el enemigo natural. Desgraciadamente el Vaticano está esa lógica. El mundo cambia, hasta los EE.UU. empieza ha dejar atrás esa lógica rancia. Ya el otro no es el enemigo natural, sino que es con el que tenemos que colaborar para hacer de este mundo un lugar mejor. La Iglesia Católica no puede ignorar este cambio, el Papa está cometiendo un error de unas magnitudes increíbles.
Esto confirma, por si alguien lo dudaba, la verdadera naturaleza del Vaticano. Una estructura fascista, antidemocrática, donde imperan obsesiones personales y pujas de poder por encima del Pueblo de Dios, de Concilios Universales o del Evangelio mismo. Habrá gente que me dirá que no le gusta que yo diga esto así, que yo diga estas cosas de la Iglesia en la que vivo la Fe (y lo hago muy alegremente), yo solo puedo decir que menos a mí me gusta decirlas, admitir esta realidad es penoso, es penoso que tenga que estar diciendo que es intolerable un obispo nazi y que mis palabras caigan en vacío, no porque sean contrarias a lo que dice la Iglesia, los concilios o el evangelio, sino que porque son contrarias a lo que dice la institución, el líder todo poderoso.
El Papa no es Papa, el Papa es un profesor llamado Joseph Ratzinger que está obsesionado con la cristiandad, que cree que la salvación está en su Verdad y en la teología (la suya, por supuesto), los actos de buena voluntad no cuentan, la caridad no cuentan, el desinterés no cuenta, el dialogo no cuenta, los derechos no cuentan, los mártires de la justicia no cuentan, la caridad no cuentan, los sacramentos de la vida no cuentan, la sensibilidad humana no cuenta...Esa es la realidad y para mi es penoso tener que afrontar esta realidad. Más penoso aún sería ignorarla o justificarla, hay veces que hay que demostrar que por encima de las instituciones y de las modas está el mantener una posición decente ante la vida, eso que llaman testimonio, y que no se puede caer en el error de hacer cosas solo porque "sí" o por el bien de la institución, aquí lo importante es la relación del creyente con Dios y su crecimiento en la comunidad, no instituciones penosas de estructuras dictatoriales donde hasta el más radical de los nazis, a pesar de ir contra documentos de esa propia institución, encuentra cabida gracias a que es "colega" del jefe. El Papa debe dimitir. Esta decisión suya demuestra los fallos, la aberración de las estructuras de la Iglesia. Sencillamente penoso tener que decir esto hoy.
Justicia
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29 Enero 2009
Benedicto XVI ha decidido levantar la excomunión a los obispos que nombró Marcel Lefebvre en rebelión contra Juan Pablo II. No entraré en cuestiones que ya todos conocemos, por ejemplo que esto es una patada al Concilio Vaticano II o que esos obispos deberían retractarse de algunas de sus afirmaciones (por ejemplo, afirmaciones antisemitas y negacionistas con el terrible drama del holocausto). Quiero hablar de cuestiones que ponen de relieve el absurdo de tal decisión y la debilidad institucional de la Iglesia Católica, una debilidad que reside en sus propios vacíos y contradicciones.
Estos obispos, creo que son cuatro, son obispos nombrados por un señor que sigue excomulgado y que murió sin tener comunión con el Papa, es decir, un hombre que fue separado de la comunión de la Iglesia por nombrar a estos obispos. Ahora este puñado de obispos ¿Tienen el status de obispo? Si lo tienen ¿Por qué? Nunca fueron nombrados por el Papa sino que fue nombrado por una persona que se creyó que era el Papa y que lo hizo sin otro criterio que el de cambiar la línea de la Iglesia por sus santas narices, me parece una gravedad que el Papa acepte como magisterio y como institución lo que fue una rebelión abierta contra el Papa Juan Pablo II (también con los tres predecesores que tuvo) y contra el Concilio Vaticano II. No hay que pedir a los obispos lefebvrianos que acepten el Concilio Vaticano II ni tampoco hay que pedirles que no nieguen el holocausto nazi, es que gente tan insensata no debe ser acercada al rango de obispo, si lo hubiera nombrado el Papa habría sido una torpeza del propio Papa, pero es que ese obispo fue nombrado por un señor que fue excomulgado, lo que hace que encima toda esta situación sea infumable, confusa y ridícula.
Pero es que el desacuerdo entre la Fraternidad San Pío X y el Vaticano no estaba solo en la cuestión del nombramiento rebelde de obispos, eran problemas que venían de atrás. Entre los Lefebvrianos y la Iglesia del concilio hay una diferencia doctrina muy fuerte en lo referente al Concilio Vaticano II, no sobre su interpretación, sino sobre los documentos que se publicaron. Los lefebvrianos (mal llamados tradicionalistas) no aceptan el dialogo ecuménico y menos aún el interreligioso, también están en contra de la concepción de la libertad religiosa que defiende el Concilio Vaticano II y sobre todo están en contra de la reforma litúrgica. Hasta ahora la Fraternidad San Pío X decía que Roma tenía que hablar con ellos y antes que normalizar su status, tenía que tratar las cuestiones que llevaron a Marcel Lefebvre ha hacer lo que hizo.
Se dieron por contentos con el Motu Propio del Papa Benedicto XVI sobre la misa en latín, porque para ellos la cuestión de la misa "tridentina" es muy importante. Pero por otro lado se quejan de que el Motu Propio no es aplicado en muchas diócesis correctamente. Mientras ellos exigen que les dejen celebrar la liturgia como ellos quieren, no dejan que este derecho los tengan otros. Los lefebvrianos son integristas y como tales se comportan, ellos pueden defender su derecho a opinar en libertad porque tienen razón, también tienen derecho a no dejar expresarse en libertad a otros porque ellos tienen la razón y la verdad de su parte.
La relación de Benedicto XVI con este extraño cisma es muy curiosa. Hay una cierta concordancia, pero por otra parte no hay buena confianza. Para la Fraternidad San Pío X, el Papa Benedicto XVI hace importantes avances, pero los creen insuficientes. Por otra parte, el Papa no cuenta con mucho respaldo a la hora de su acercamiento a los lefebvrianos y tampoco cuenta con mucho respaldo de sus seguidores Monseñor Fellay, que es visto por muchos integristas como una persona débil.
Este es uno de los episodios más triste de la decisiones del Papa en los últimos cinco años, tan solo superado por la notificación a Jon Sobrino. Con este suceso se demuestra una vez más la inestabilidad institucional de la Iglesia, sus contradicciones, sus huecos en blanco. Ahora se ve que en el sentido institucional, el Concilio Vaticano II fracasó, Lefebvre y sus obispos consiguieron lo que querían, parar el Concilio Vaticano II y paralizar los cambios, la operación les salió estupendamente, porque además están consiguiendo que se hagan importantes regresiones con el Concilio Vaticano II. El Papa Benedicto XVI no debería pedirle a la Fraternidad San Pío X que acepte el Concilio Vaticano II, el Papa Benedicto XVI tendrá que aceptar él el Concilio Vaticano II y tendrá que defenderlo, sabiendo mantener el equilibrio entre la tradición y la misión, la ortodoxia y el dialogo, San Pedro y San Pablo. Desgraciadamente, el Papa esta desequilibrado y para él no hay equilibrio, la misión tiene que estar al servicio de la tradición (nunca al revés), el dialogo tiene que hacerse para imponer al ortodoxia (nunca al revés) y el Papa es heredero de San Pedro, nunca de San Pablo.
Justicia
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28 Enero 2009
El 25 de Enero se cumplieron cincuenta años desde que Juan XXIII anunció, por sorpresa, la convocatoria de un nuevo Concilio Ecuménico que más tarde sería conocido como el Concilio Vaticano II, un concilio que traslado a la Iglesia de modelos medievales al dialogo con su realidad social. Fue el primero concilio en el que la Iglesia le preguntó al mundo que podía hacer por ellos y también que podían hacer para salvar la Iglesia en este mundo y que podía hacer la Iglesia para hacerse entender en la época moderna.
El llamado Papa “bueno” dio un soplo de esperanza a un mundo que la necesitaba y dio también una llama de ilusión y optimismo a la Iglesia Católica. Pero esa realidad no se da en la actualidad. Ahora podemos ver como muchas metas marcadas en el Concilio Vaticano II se han pospuesto, pues sino se han olvidado.
Cuando el Papa Benedicto XVI fue elegido por el conclave hubo quienes quisimos creer que este Papa nos podría dar alguna sorpresa. Yo tengo que decir que pasados unos tres o cuatro años de su pontificado, dejo de lado esas tesis. Benedicto XVI, y esto lo digo muy en serio, es el Papa que más ha malvendido el Concilio Vaticano II. No se practica las directrices del Concilio Vaticano II, no se practica la medicina de la misericordia (bueno si, se utiliza con los obispos lefebvrianos que se oponen al Concilio Vaticano II precisamente por la medicina de la misericordia, entre otras cosas…).
No veo grandes avances en ecumenismo, lamentablemente el Papa tiene una concepción del ecumenismo que tiene que ver poco o nada con el ecumenismo real. Firma una serie de documentos con líderes de otras confesiones cristianas, pero en cuanto un cristiano da el salto y tiene relaciones con las demás Iglesia, el Papa pone de acento la identidad católica de la Iglesia y para los pies a cualquier intento serio de ecumenismo. Ahí tenemos el caso de Leonardo Boff. Mucha gente dice que el libro de Leonardo Boff “Iglesia: Carisma y Poder” fue condenado porque aplicaba el método marxista a la Iglesia llegando a la conclusión de que en la Iglesia había dos clases, la dirigente (el clero) y la oprimida (las comunidades de base), tal cosa es mentira. En ningún momento aplica Boff un análisis marxista a la realidad de la Iglesia, lo que hace Leonardo Boff es hablar de eclesiología desde la militancia y lo único que defiende Boff es que la Iglesia tiene que defender los Derechos Humanos y que si quiere defenderlos tiene que hacerlos cumplir en su funcionamiento interno. Pero tampoco fue ese el error de Leonardo Boff por el que Ratzinger decidió llamarle a Roma, el error que el Cardenal Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI) vio en Leonardo Boff fue el ecumenismo. Leonardo Boff defendió en su libro que las iglesias cristianas tienen todos unos componentes de la verdad de Dios y que todas juntas forman la Iglesia de Cristo. Esa tesis para Benedicto XVI es completamente falsa porque para él todas las iglesias cristianas tienen una verdad deficiente y que solo la Iglesia Católica tiene la verdad plena. Es decir, para Benedicto XVI el ecumenismo no es dialogo sincero con las otras confesiones cristianas sino que el ecumenismo es una especie de negociación con las otras confesiones para que acepten la autoridad del Papa, sin que la Iglesia Católica tenga que claudicar en nada (faltaría más, si para Ratzinger es la Iglesia de verdad).
El compromiso social de la Iglesia sigue cayendo. Hay un presidente, el de Ecuador, Rafael Correa, que habló una vez en unos congresos ecuménicos, él es católico practicante y su ideología está muy influida por la Doctrina Social de la Iglesia, se quejó de que en América Latina la Iglesia cada vez está menos comprometida con los pobres. Aparecida fue un buen ejemplo de eso y algunas reflexiones que vemos por ahí de importantes teólogos ponen de relieve como en la jerarquía eclesiástica los pobres cada vez están más lejos de ser algo sobre lo que reflexionar. En Aparecida se acaba la Iglesia de los pobres, o más bien sigue sin tomarse en serio la Iglesia de los pobres. En Aparecida los pobres no son ya el centro de reflexión, no se va a los clamores de los pobres y ahí se intenta ver a Jesucristo, sino que se intenta ver a Jesucristo (¿Donde? Como no, en el magisterio de la Iglesia) y de ahí se va a los pobres. Es decir, prima la jerarquía, la tradición y la autoridad por encima de las necesidades humanas, del clamor de los pobres y del sufrimiento humano. No está la Iglesia al servicio de los pobres sino que esta el servicio a los pobres al servicio de la Iglesia (Y ya los pobres es que ni existen). Se desprestigia a las ONGs diciendo que no sirven para la evangelización y que si la Iglesia sigue trabajando por los pobres, lo que hace es olvidar su misión de anuncio, lo que hace que encima prime el utilitarismo católico por encima de la caridad cristiana. Caridad cristiana, que por cierto, a dejado de serlo, porque ahora preguntas a la jerarquía que es la verdad cristiana y deja de ser sentir en mejilla propia el puñetazo ajeno y amar incondicionalmente a amigos y enemigos, ahora la caridad cristiana es no se qué anuncio de la Verdad. Toda esta realidad de la jerarquía, y de Benedicto XVI, contrasta con unos cristianos de base muy concientizados, con unos misioneros que están muy comprometidos y con una serie de cristianos que desde sus realidades (parroquias, misiones, educación, medicina, misión evangélica, sacerdocio, política etc) intentan luchar por los más pobres y lo hacen desde los más pobres. Tristemente, en la Iglesia se sigue viendo mal las reflexiones de Jesucristo desde los pobres y contra la pobreza, como la que hace Jon Sobrino (que fue sancionado por el Vaticano con la firma de Benedicto XVI).
La liturgia es otro tema complicado. La liturgia ha dejado de ser un trabajo para el pueblo, que es lo que quiere decir etimológicamente, para ser una carga muy pesada para el pueblo. Ya no es la liturgia un servicio que acerca la verdad de Dios a los hombres, sino que es una verdad más que los hombres tienen que aceptar y seguir, es decir, es una carga más, otra norma. Cualquier intento de acercar la liturgia a los más humildes o a culturas muy diferentes de la occidental (en África, en América Latina, los indígenas o en Asia) es visto (a ojos de la jerarquía) como un exceso. Aquí en España tuvimos el penoso ejemplo de San Carlos Borromeo, pero hay más. Los cambios que se hacen en liturgia son hacia atrás y son a favor de cerrar aún más la liturgia. En la Carta Apostólica “Sacramento de la caridad” Benedicto XVI habla tanto de la importancia de la exaltación y devoción que debemos tener por la eucaristía que se olvida de lo más importante de la eucaristía, la fraternidad, la recepción de cristo en todos los cristianos (sin distinción, aunque esto no es extraño que Benedicto no lo aprecie porque él hace distinciones entre divorciados vueltos a casar y no divorciados) y de la alegría, que yo creo que es la gran olvidada en la jerarquía de la Iglesia Católica. Se ponen trabas a una liturgia más cercana, como por ejemplo dar la paz con un abrazo y que el sacerdote de la paz. Se pone trabas a las devociones personales, diciendo que recibiendo el sacramento de la eucaristía de rodillas y sin tocarla con las manos se recibe mejor la eucaristía y con más respeto a Dios ¿Por qué? Pues en realidad eso viene del dogma de la transubstanciación, en el momento en el que el sacerdote bendice el pan y el vino el pan y el vino se convierten realmente en cuerpo y sangre de Dios, por eso no pueden ser profanados, no pueden quedar migas, no se puede recibir la eucaristía con pan de miga porque las migas caerían al suelo y eso sería una profanación (esto lo tuve que oír sobre la eucaristía de la Parroquia de San Carlos Borromeo) y no se puede tocar el pan con las manos porque eso sería impuro. A cerca de esto solo puedo decir, y espero que no se tome como un cachondeo, que yo creo que Jesucristo no se sentiría impuro porque le tocaran, en todo caso, también creo que le importaría menos ser arrastrado por los suelos que ser engullido y seguir toda la ruta de la digestión, si las migas en el suelo es una profanación del señor, eso es porque los guardianes de la tradición no saben donde acaban las sagradas formas.
Eso lo digo solo acerca de cuestiones que se hablaron durante el Concilio Vaticano II y que era un reto entonces ¿Qué decir de los problemas actuales que no se hablaron ni durante el Concilio Vaticano II? Sobre el terrorismo global el Papa habla poco y cuando habla lo hace en términos de condena, pero tampoco creo que el problema sea afrontado con seriedad. Una muestra de imprudencia ante la coyuntura del mundo actual fue el discurso del Papa en Ratisbona. Ante los problemas entre terrorismo radical islámico y occidente imperialista, el Papa en lugar de optar por la paz, negando las salidas bélicas y defendiendo el mutuo dialogo y enriquecimiento cultural, lo que hace es pedir el cese de las hostilidades, pedir paz, pero en su obsesión de identidad católica, toma parte por occidente y pone de relieve los valores de occidente frente a los islámicos, que para Ratzinger no ofrecen nada positivo y lo poco positivo que ofrezca ya lo ofrece el occidente arraigado en la tradición católica. Ante el terrorismo islámico, fuertes condenas (que comparto), ante el Islam una actitud hostil y crítica a la que llama “dialogo sincero”, aunque si ese dialogo sincero se utiliza con el catolicismo se le nombra laicismo, mientras que con el occidente imperialista hay unas condenas en voz bajas y unas recepciones faraónicas en el Vaticano, como la que tuvo George W. Bush. Es decir, ambos hacen mal, pero los de occidente son mejores que los de oriente porque occidente es la civilización y lo demás es barbarie. Esa es la visión de Ratzinger y esa visión tan penosa no es capaz de abarcar con madurez y seriedad el terrorismo mundial.
Sobre la crisis alimentaría tampoco hay mucho que decir porque el Vaticano ni se ha molestado en tener una postura bien definida, prima la preocupación por las cuestiones doctrinales. Ocurre aquello que decía el Padre Camilo Torres, se discute si el alma es mortal e inmortal, olvidándose de que el hambre si que es mortal. Tampoco se toma muy sen serio el Papa la cuestión del SIDA y del preservativo. Muy probablemente la postura que tiene el Vaticano en lo referente al preservativo es la postura más terrible, la postura de mayor no amor a la vida por su parte. No parecen tener una idea muy definida de lo que están haciendo, no ya solo porque recomienden no usar el preservativo (que es como recomendar no ducharse, recomendar conducir una moto sin casco, recomendar no recibir donaciones de sangre o no donarla o recomendar no ponerse vacunas), sino porque no dejan ni siquiera informar a los jóvenes (simplemente dar una información que ellos luego puedan contrastar) sobre la sexualidad y las medidas de higiene sexual.
La consecución de la paz es otro problema serio. La paz no es solo el cese de violencia, que el Vaticano apoya firmemente. La paz es el cese de la violencia, la justicia social y la convivencia. Creo que la parte de convivencia es algo que el Vaticano y Benedicto XVI tienen muy olvidado. El mayor problema de la convivencia está en los grupos que creen que su sector es el mejor, es decir, los sectarios. Todo es gira entorno a la idea de la “identidad” que uno tiene que defender porque “son sus intereses”. Benedicto XVI no puede hablar de paz en el mundo porque el no se encuentra en paz con el mundo, el tiene la visión de que esta enfrentado entre una batalla que libra el bien contra el mal en el mundo, la Iglesia representa el bien y el mundo moderno, secularizado y plurireligioso, es el mal.
Otro tema pendientes es la relación de la Iglesia con el mundo secularizado. La Iglesia ante el mundo secularizado, y Ratzinger también, lo que hace es llorar. No proponen medidas para actuar en el mundo secularizado, sino que se enfrentan abiertamente a él. No parecen conscientes de que es un proceso imparable. En lugar de dialogar, se enfrenta numantinamente defendiendo unos modelos que están completamente superados por la sociedad. Parece que quieran imponer una especie de reinado social cristiano en Europa, todo forma parte de una campaña para volver a evangeliza Europa, campaña que comenzó Juan Pablo II y que hasta el momento ha sido un total fracaso, porque no se trata de dar la buena noticia sino que se trata de dar voz a unas normas morales de la Iglesia en el ámbito público, eso no es evangelizar.
Hay quien dice, a 50 años de este anuncio de Juan XXIII, que hace falta un Concilio Vaticano III. Yo no creo que haga falta. Yo creo que el Concilio Vaticano II y los acontecimientos posteriores hacen superar la idea de concilio que teníamos. Yo no creo que haga falta que los obispos dialoguen con la modernidad en concilios en los que hablan y deciden ellos, es hora de pasar a la parte más importante del Concilio Vaticano II, la de refundar la Iglesia a partir del dialogo con la modernidad y de las Comunidades Eclesiales de Base. El Superior de los Jesuitas dijo, cuando estuvo en España hace poco, que los cambios en la Iglesia no siempre vienen de la parte alta de la jerarquía. Es necesario que las bases exploren sus horizontes y sus límites, que dialoguen con el mundo, un mundo que parece que cambia y que avanza, un mundo que desde la jerarquía, por culpa de modelos flatulentos y rancios, no se abarca con la amplitud de miras que indicaba el Concilio Vaticano II. Ahí tenemos que estar, aunque no este muy de moda, aunque los obispos que abiertamente se opusieron al Concilio Vaticano II y a sus padres (Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II) sean ahora perdonados (que no redimidos, no se arrepienten en absoluto de nada) y aceptados de nuevo, no sabemos si como obispos o en que status, pero una cosa si sabemos, con unas ideas abiertamente contrarias al Concilio Vaticano II, al dialogo con la modernidad…en pocas palabras, a todos los retos que tengo indicados arriba. A pesar de esto, los católicos no tenemos que mirar atrás para perder el tiempo en estas cuestiones tan relativas, tampoco tenemos que mirar adelante pensando en todo aquello que nos gustaría que fuera la Iglesia o el mundo; tendremos que mirar a nuestra realidad, ver a Dios en ella, actuar (que es más importante que palabrear, otro error de Ratzinger: que cree que la salvación del cristianismo esta en la teología cristiana y sus riquezas intelectuales, no ve nada en la caridad y menos aún en la liberación). El Concilio Vaticano II no estará vivo en la praxis de una gran parte de la jerarquía, intentemos darle vida en la praxis y en el espíritu de las comunidades cristianas de base.
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