Categoría: Teología de la Liberación
17 Noviembre 2009
Ayer hicieron veinte años del asesinato de los jesuitas de la UCA en El Salvador. Personalmente siento muy cerca esa tragedia, comparto mucho espiritualmente con la Compañía de Jesús en general y con la teología de la liberación en particular. Conozco mucho a varios salvadoreños que son auténticos santos contemporáneos, amigos míos personales como Frankie Flores o Walter Arnoldo, son como apóstoles de Jesucristo que escriben con el sudor de su frente el evangelio del mañana, un evangelio que anuncia un socialismo nuevo, un cristianismo aquí en la tierra. Hay otros testimonios que giran en el área gravitatoria de la Iglesia de los pobres en El Salvador y su lucha por los Derechos Humanos, ese es el caso del sacerdote Roy Bourgeois. Son historias fantásticas, parece mentira que exista gente tan buena. Y desde allí, ellos me interpelan, me sirven de inspiración e intento tenerles muy presentes, pese a la distancia (que hay entre Europa y El Salvador), porque estamos unidos en una misma Fe y en una misma lucha.
Los mártires de El Salvador, Ignacio Ellacuría, la comunidad de los jesuitas de El Salvador, una cocinera y su hija que fueron asesinadas con los jesuitas de la UCA, son mártires que nos llaman a que giremos la cabeza y miremos América Latina, lo que allí pasa y el estado en el que viven esos pueblos. Hay que girar la cabeza en dirección a América Latina para otras cosas que no sean oír las barrabasadas de Chávez, hay que girarla también para ver como nuestro sistema económico machaca esos países, cuando nos hablan de cómo las empresas explotan en América Latina…se gira la cabeza para no mirar al Sur, solo se mira al Sur para decir que Chávez es malo. Es hora de humanizar el tema de las diferencias económicas entre el Norte y el Sur y saber ir más allá de un análisis superficial que justifica la pobreza mundial y el impedimento del desarrollo de los pueblos del Tercer Mundo en que Chávez “puede que”, “a lo mejor intenta”, “puede terminar siendo” un dictador.
Con Chávez o sin Chávez, con Lula o sin Lula, con Uribe o sin Uribe; hay una realidad que puso muy de relieve Ignacio Ellacuría…hay que reversar la historia. La historia no puede seguir en la dirección que va, no puede ser que la historia vaya siempre en contra de los pobres, hay que reversar la historia a favor de los pobres. No me gusta cuando se habla del desarrollo de los países del Tercer Mundo como si su aspiración fuésemos nosotros, es como si ellos fueran unos malditos y nosotros fuéramos el hermano mayor ha imitar. Hemos convertido nuestra democracia burguesa en un becerro al que adorar y no aceptamos modelos culturales diferentes. Yo miro los países que más imitan occidente en América Latina, como Chile, y veo un Estado que reprime a los pueblos originarios, a los Mapuches, con leyes de los tiempos de la dictadura de Pinochet, veo una opresión contra un pueblo que tiene derecho a una determinación. Eso es lo que veo. No entiendo porque es más aceptable una democracia que reprime a los pueblos originarios y que da todo el poder a una cierta oligarquía y unos partidos vendidos, dependientes de la ayuda de entes privadas y de los medios de comunicación, no se porque eso es una democracia tan sumamente defendible. Creo que es mejor el modelo que propone el presidente de Bolivia, Evo Morales, de dar la democracia al pueblo, dar la democracia a los sectores populares del país con comités de barrios, con representantes populares y con una participación importante de los movimientos sociales en el caminar del país.
Ignacio Ellacuría fue un profeta en ese sentido. Supo dar autoestima a los países del Tercer Mundo. Ellos tienen que dar la vuelta a la historia, no tienen que imitar al Primer Mundo sino que tienen que poner sobre el tapete las muchas cosas positivas del Sur y tienen que desarrollar la democracia que exijan los pueblos latinoamericanos (o africanos…de donde sea) y no los que exijan los EE.UU. o Europa. Creo que el mejor homenaje a Ignacio Ellacuría es mantener vivo ese deseo de reversar la historia.
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15 Noviembre 2009
Hace poco vino a España el teólogo Leonardo Boff, impartió una conferencia en el Colegio Calasancio, fue homenajeado en la Universidad Carlos III y también aprovechó para visitar la Iglesia de Entrevías. Leonardo Boff es, junto con Hans Küng, uno de los teólogos actuales que mantienen una crítica más encendida hacia la jerarquía eclesiástica. Creo que merece la pena observar las diferencias y las similitudes entre estos dos maravillosos teólogos de la Iglesia.
Ambos teólogos fueron amigos de Joseph Ratzinger. Hans Küng fue su colega en la Universidad de Tubinga y Hans Küng, como Joseph Ratzinger, fue invitado al Concilio Vaticano II por el Papa Juan XXIII. Leonardo Boff también fue amigo de Joseph Ratzinger, alumno, el mismo Ratzinger patrocinó su tesis doctoral sobre el ecumenismo y lo presentó en su día ante el Papa como un prometedor teólogos.
Ser amigos de Joseph Ratzinger no les libró de la censura vaticana y aunque ambas censuras sean injustificadas, hay claras diferencias. Hans Küng vio como le quitaban su licencia para enseñar teología católica, todo ello debido a que era crítico con el autoritarismo de Juan Pablo II y por cuestionar la infalibilidad del Papa. Hans Küng se sintió muy molesto por la retirada de su licencia y no quiso saber nada más de la polémica con el Vaticano, la Congregación para la Doctrina de la Fe le citó para confrontarse con él pero Hans Küng se negó ha asistir. Fue un crítico de Juan Pablo II y del Cardenal Ratzinger. Cuando Ratzinger fue convertido en Papa Benedicto XVI, hubo una reunión entre estos dos viejos amigos y compañeros, en esa reunión ambos reconocieron la labor de uno y de otro, aunque en ningún momento hablaron de viejas discusiones dogmáticas. Pero desde que Benedicto XVI empezó ha poner en marcha un desmontaje del Concilio Vaticano II y una restauración que empieza por el regreso de los preconciliares y reformas reaccionarias en contra del Concilio, en ese momento Hans Küng comienza ha tomar distancia y vuelve a ser un duro crítico. Lo último que leí de Hans Küng fue una muy acertada crítica al Papa Benedicto XVI y a la hipocresía que supone la readmisión de los sacerdotes conservadores de la Iglesia Anglicana, creo que el artículo fue publicado en El País.
Leonardo Boff, aunque también fue castigado por Roma, tiene una trayectoria muy diferente. En primer lugar, Leonardo Boff no era simplemente un teólogo progresista o ecuménico, Leonardo Boff era un teólogo de la liberación. Recordemos que la Teología de la Liberación fue una teología con la que el Vaticano intentó acabar desde todos los medios, algunos muy ilícitos. En 1984 Leonardo Boff publicó un libro llamado “Iglesia: Carisma y Poder”, el libro fue revisado por la Congregación para la Doctrina de la Fe que vio cosas en el libro que les parecían dañinas para la Fe, Leonardo Boff fue llamado a Roma para defender su obra. A diferencia que Hans Küng, Leonardo Boff siguió todos los procedimientos que Roma pidió, fue humilde y obediente con Roma. De poco le sirvió, volvió de Roma con un año de silencio, a parte de ser depuesto de la enseñanza y de la dirección editorial de revistas católicas. El castigo tuvo que ser levantado por Roma dadas las exigencias de la Iglesia de Brasil (país de Leonardo Boff) y Boff pudo volver a sus antiguas ocupaciones en 1986. Cuando Leonard Boff comenzó actividades ecologistas, concretamente cuando iba a participar en la Eco-92 de Río de Janeiro, el Vaticano pretendía volver a imponerle un castigo similar y eso llevó a Leonardo Boff ha abandonar la orden franciscana y el ministerio sacerdotal. Es decir, Boff cambió de trinchera para seguir en la misma lucha (como le gusta decir a él mismo.).
Hans Küng es un gran teólogo, uno de los grandes teólogos de la Iglesia Católica, un teólogo que habla para todo el público, Leonardo Boff es un teólogo más divulgativo que dialoga en sus libros directamente con el individuo que lo lee. Kung dialoga con la sociedad, dialoga con la modernidad, es experto en tolerancia y en la ética mundial. Un gran hombre que se sintió muy molesto porque le quitaron la cátedra y el título de teólogo católico; Leonardo Boff simplemente fue un teólogo del pueblo que se tuvo que ir para seguir en el mismo lugar.
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7 Noviembre 2009
El número de personas que mueren de hambre, según la FAO, ha aumentado de manera alarmante a causa de la crisis económica que vivimos. Antes de la crisis eran 800 millones de personas pasaban hambre y no recibían la alimentación indispensable para sobrevivir, este número de personas hambrientas ha aumentado con la crisis y e incrementado otros doscientos millones de personas en situación de hambre. La situación es alarmante, creo. En el momento en lo que escribo esto pienso que en el mundo hay más de mil millones de personas muriendo de hambre y me lleno de estupor.
Esto es un problema político, porque la pobreza es problema político con causas políticas. Estas personas, esta pobreza, afecta al desarrollo de los pueblos y el desarrollo de los pueblos aceptan al mundo y al desarrollo de la globalización. No podemos permitir que haya pueblos que mueren literalmente de hambre, la política sirve precisamente para solucionar este tipo de problemas y no para crearlos. Por desgracia, la política está aletargada. En los países más adinerados los jóvenes “iluminados” no hablan de política pero sin embargo se escandalizan cuando hay cambios políticos, todo ello a pesar de que admiten que la política no les importa y que tampoco saben mucho. Otros, un poco más coherentes, admiten que no saben de política porque no les interesan y asimilan con optimismo los cambios. Aunque lo favorable sería que la gente se interesara por lo político, porque al final lo político les afecta a ellos. La misma colocación de una fuente en un parque o en otro, eso ya es política y puede ser una propuesta política. El hombre es un animal político.
Pero además de ser un problema político, es un problema humano. Esta crisis también es humanitaria. Estamos deshumanizándonos por completo. Nos escandalizamos porque el gobierno no sepa identificar la edad de un pirata somalí y por lo tanto no pueda tomar las medidas de castigo que dejen cómodas las conciencias y los egos de la nación; pero nos importa un pepino que en este planeta haya una persona que pueda ser menor de edad y que no este identificada, que carezca de identidad, recuerdo que la identidad es un derecho humano y que los Derechos Humanos son inalienables, ¿De verdad nadie ve la profunda hipocresía que hay detrás de esta forma de organizar la sociedad?
Por último, este problema del hambre es también un problema teologal. Jesús dice “Tuve hambre y me disteis de comer”. Sin embargo no parece que la pobreza sea mucho problema para las Iglesias. En España los obispos casi no hablan de la crisis económica, no hablan de la corrupción ni de cómo aumenta el número de personas que no tienen hogar ni techo bajo el que dormir, simplemente hablan del aborto, del condón y muchas veces de sus propias obsesiones con ciertas formas de teología en su Iglesia (que si niegan la divinidad de Jesús, que si eso es marxismo, que si niega verdades fundamentales de la Iglesia), algo que se está convirtiendo en una autentica obsesión, por cada tres meses tapan la boca al menos a dos teólogos como poco. La cosa resulta escandalosa cuando uno se da cuenta de que los teólogos a los que tapan la boca, son en muchas ocasiones los que saben ver el problema teologal que supone la pobreza (Jon Sobrino, Leonardo Boff, José María Castillo, Teres Forcades…).
Que somos malos políticos ya lo tengo claro, y que los peores políticos encima son los que ejercen la política con no poca complicidad popular es algo que tengo también muy claro. También tengo claro que hemos perdido nuestra propia conciencia como humanos, no reconocemos nuestras virtudes ni nuestras diferencias, no apreciamos el saber, no apreciamos el conocimiento y muchas veces ni siquiera ejercemos la capacidad de pensar, se lo dejamos a otros y nosotros hacemos de eco. Pero también estoy viendo que no somos ni cristianos, no se si creemos en Dios o en qué creemos, y aunque todo esto lo digo de la sociedad en general (yo me incluyo, porque sino es injusto) no puedo evitar decir esto último pensando especialmente en la Iglesia Católica con la que me identifico plenamente y hacia la que tengo unos determinados sentimientos, ¿Cómo puede la Iglesia creer en Dios en un mundo con tanta pobreza y tomársela con tanta calma? Escandaloso, sin duda.
Esta reflexión hay que plantearla desde la Iglesia, igual que planteamos ¿Cómo creer en Dios después del nazismo? Tenemos que pensar ¿Cómo creer en Dios desde el gran genocidio que viven los pueblos del sur y los pobres del mundo? Tenemos que pensar en ello, porque estas personas que mueren de hambre no están muriendo de hambre, las está matando de hambre un sistema que de momento no solo parece estar muy interesado en sacar a esas personas de su situación de pobreza, sino que cada vez da más señales de que incluso necesita de esa pobreza para sostenerse (es un sistema inmoral y antiético, anticristiano).
Es duro decir estas cosas de la sociedad, y es duro porque me identifico con ella y hacer críticas tan negativas nunca me ha gustado, prefiero ser optimista. Supongo que esta situación algún día cambiara y que nuestros bisnietos se preguntaran como nosotros podíamos vivir en un mundo así (igual que lo pensamos nosotros de nuestros abuelos) y les extrañara nuestro mundo. Pero de momento lo que hay es sangrante, mil millones de personas con hambre, aquellos a los que Jesús amaba están muriendo de hambre ante una pasividad apabullante y, también hay que mencionarlo, ante la lucha de determinados grupos que son verdaderas fuentes de una ética para el mundo del mañana, un mundo mejor y posible donde no se puedan hacer este tipo de críticas a la sociedad ni a la Iglesia.
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20 Octubre 2009
Hace una semana aproximadamente moría con 95 años el teólogo seglar Enrique Miret Magdalena. Siempre admiré bastante a Enrique Miret, me parecía una persona sumamente inteligente y aunque por todas partes le acusaban de heterodoxia, a mi me parece que Miret tan solo defendía lo que defendían los juristas católicos del Salamanca (Domingo de Soto etc). Gran crítico de nacional-catolicismo, siempre abogó por una Iglesia más abierta, adelantándose incluso al Concilio Vaticano II.
Ante una jerarquía totalmente reaccionaria y un catolicismo cultural que nos evita conocer la verdadera tradición cristiana en temas importantes (el aborto, el matrimonio entre homosexuales, la eutanasia, el divorcio...), Enrique Miret tomo una postura crítica no en contra del catolicismo sino a favor del catolicismo y de que este fuera conocido correctamente en las corrientes de opinión. Tengo delante de mi ahora mismo su libro "Creer o no creer" que es una recopilación de artículos de Enrique Miret (la mayoría de los que escribió en El País) en los que el teólogo habla de cuestiones que fueron de actualidad, habla de la Ley de Aborto del PSOE en el 83, habla de la Ley de Divorcio, habla de la regulación de matrimonios homosexuales etc... Creo que todos esos que creen que el catolicismo es hacer de la lucha contra las abortistas, contra la homosexualidad o contra la eutanasia una bandera, deben leer este libro y contrastar un poco las fuentes que tienen.
Hombre optimista, que veía en la crisis de las religiones en nuestra sociedad no una ofensiva secular, sino una oportunidad de que las religiones que redescubran a sí mismas y se presenten como lo que realmente son, liberándose de creencias supersticiosas e irracionales. Siempre soñó con una sociedad laica en la que las religiones mantuvieran entre ellas un dialogo coherente, sano y fructífero.
Hombre de críticas tranquilas y constructivas, era difícil ver acidez en sus denuncias (de él tendríamos que aprender los que a veces llevamos una gran carga de acidez en nuestras denuncias). Critico con las instituciones que se creyesen mediadoras ante algo superior y olvidasen su dimensión liberadora y humanitaria, tanto con la Iglesia (que suplantaba a Dios) como instituciones políticas.
Intelectual comprometido con la libertad incluso en los tiempos de la dictadura franquista, defensor de los Derechos Humanos. Uno de los teólogos seglares más destacados de España, algo de lo que siempre se sintió orgulloso. Fue de esos socialistas cristianos, al que llamaban vaticanista, en el que estaban Peces Barba, Fernando Ledesma, Liborio Hierro, Leopoldo Torres, Gustavo Suarez Pertierra, Tomás de Quadra Salcedo y María Teresa Fernández de la Vega, de todos ellos (a mi parecer) Enrique Miret siempre fue el más lucido y más coherente. Un gran admirador y amigo del ex alcalde de Madrid el profesor Enrique Tierno Galván y del Padre Llanos. Duante el gobierno de Felipe González (el de 1982), el ministro de justicia Fernando Ledesma le nombró Director General de Menores.
En lo religioso también fue comprometido, fundador y presidente (del 1996 al 2004) de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, compartiendo tribulaciones con otros teólogos críticos con la jerarquía como José María Díez Alegría, como Juan José Tamayo o como Benjamín Forcano. Amigo, también, del presidente de Mensajeros de la Paz (de la que era presidente honorario) el famoso Padre Angel.
Una persona muy querida, su perdida se ha sentido bastante. El mejor teólogo seglar del Siglo XX, el más brillante. Una gran perdida para la Iglesia Católica y para el pensamiento progresista español. Enseñaba a querer más a los hombres y a Dios, enseñó que es posible respetar las ideas desde las diferencias y también que es posible dialogar entre las religiones.
Nunca se cansó de dar testimonio, nunca dejó de escribir. Para algunos es un heterodoxo y azotador de obispos que hizo mucho daño a la Iglesias, para otros (entre los que me incluyo) fue un hombre de Dios, un teólogo inteligente y sensible; lo que nadie puede negar es que era un autentico referente y que su muerte es algo que se siente en toda España y la Iglesia Católica. Un pensamiento como el de Miret Magdalena es lo necesario para que España vaya por caminos de paz y de consenso, de acuerdos y de progreso, y para que la Iglesia camine hacia la aceptación de la sociedad laica y de la cultura moderna, a parte del dialogo con otras culturas y un sano sincretismo.
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21 Septiembre 2009
Este año es el año sacerdotal y hay que reflexionar sobre el sacerdocio y sobre la crisis del sacerdocio. Existe la idea de que el mayor problema del sacerdocio es que no hay sacerdocio femenino ni tampoco un sacerdocio que no sea célibe (ayer mismo pusieron un reportaje sobre el celibato en TVE).
Efectivamente, estos temas hacen daño al sacerdocio y cierran las puertas del sacerdocio a mucha gente de buena Fe y con vocación; pero hay más problemas. No se trata de permitir a las mujeres que sean sacerdotisas ni tampoco de dejar que los curas se casen, es que hay que cambiar todo el sacerdocio casi de raíz, incluso el planteamiento del mismo que tenemos en la Iglesia Católica (y en las demás iglesias).
Existe la idea de que el pueblo es rebaño y de que el sacerdote es pastor. Ayer mismo estuve en una misa del vicario de la diócesis de Salamanca y no hacía otra cosa que repetir que los parroquianos son rebaño del pastor. Lo dijo unas diecinueve veces, según conté. Esta idea es dañina para el sacerdocio porque no refleja ni la realidad de la misión que deberían realizar ni la realidad de la misión que realmente realizan la mayoría de los sacerdotes (al menos los que yo conozco personalmente).
Un sacerdote no es un hombre que se pone en el altar, por encima del "rebaño", donde esta Cristo para dirigirse a un público que (pobre de él) es pecador y necesita del sacerdote hasta para saber que son pecadores. Un sacerdote es el que coge el micrófono y en la misa hace preguntas a los asistentes, un sacerdote es el que es plenamente consciente de que el milagro no es que el pan se convierta en Cristo (como si eso fuera una transubstanciación mágica) sino que es el que se da cuenta y es consciente de que el milagro es Cristo presente en la asamblea a la que se dirige. Si se comprende esto se entienden las bellas palabras de Monseñor Romero, "Es fácil ser pastor de este pueblo".
Creo que hay que replantear el sacerdocio y volver a presentarlo. Da la sensación de que los sacerdotes solo son funcionarios de Dios y que solo hay una manera de vivir el sacerdocio. En primer lugar, el sacerdocio no tiene porque ser clerical sino que también puede ser laico. Yo soy laico y soy sacerdote, o al menos es fue lo que dijo el señor que me bautizó como "sacerdote, profeta y rey".
Tendríamos que pensar, los católicos, si lo que tenemos es una crisis de vocaciones para el sacerdocio o si lo que tenemos es una crisis de sacerdocio que no reconoce vocaciones evidentes. Sin ir más lejos, hace casi un año le escribía una carta a un sacerdote llamado Roy Bourgeois (un hombre muy comprometido con la pobreza, con las víctimas de la Guerra Civil de El Salvador y de las dictaduras militares en América Latina) dándole mi apoyo en un momento en el que pasaba grandes dificultades con la jerarquía eclesiástica por su postura favorable al sacerdocio femenino y por su presencia en un supuesto acto de ordenación de sacerdotisas.
Tenemos que pensar en el sacerdocio como un factor positivo de liberación, de comunicación y de dialogo. Hay que ser rebeldes ante la vida y ante las cosas, tener un sentido crítico. Lo contrario es hacer lo que quiere la actual jerarquía eclesiástica, es encerrarnos en la placenta materna, adormecernos, no actuar más que a consignas que nos dan de alguna parte. Eso no puede ser, no se hace el sacerdocio con consignas o con instrucciones canónica (ni que fuera un micro hondas celestial) sino que se hace con la relación que se tenga con el pueblo y con Dios.
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15 Septiembre 2009
Quiero dedicar este post al Padre Tamayo y al caso al que se está viendo enfrentado. El Padre Tamayo es un sacerdote salvadoreño de nacimiento pero hondureño por opción. Hace ya más de veinte años que el Padre Tamayo decidió hacerse hijo adoptivo de Honduras y que decidió optar por el sacerdocio.
En Honduras el Padre Tamayo ha dirigido un movimiento para detener la masacre forestal. Esa lucha de Padre Tamayo responde a un compromiso ético con el pueblo, un compromiso que tiene sus raíces en la Fe cristiana. Él ve como empresas extranjeras llegan a esos bosques, compran las tierras, las explota y el resultado son las familias hondureñas teniendo que emigrar al no tener tierras que trabajar. De allí su importante compromiso. El Padre Tamayo vive en un país donde los campesinos que tienen camiseta no tienen zapatillas y los que tienen zapatillas no tienen camiseta, ve esa pobreza y no puede quedarse cruzado de brazos porque siente profundamente que Dios no quiere esa realidad y que Dios le quiere comprometido con esos pobres contra esa situación de pobreza.
Ahora el gobierno golpista de Honduras ataca a este buen sacerdote ¿El motivo? Defender la legalidad en Honduras y decir que tiene que hay que restituir al presidente electo Zelaya, sino las elecciones no serán muy válidas. En base a esas declaraciones el gobierno golpista de Honduras a procedido a despojar al Padre Tamayo de su nacionalidad hondureña.
Sería de esperar que los obispos, la jerarquía eclesiástica dijera algo, pero no lo hace. Es más, parece que la misma jerarquía se ha sumado a la campaña contra el Padre Tamayo y por ello le han removido de la Parroquia de Salamá. Parece que la Iglesia Católica de Honduras en general sigue los reclamos y las ordenes del Cardenal Maradiaga, un Cardenal que ha apoyado descaradamente el Golpe de Estado en Honduras.
Sería paradójico que le quitara al Padre Tamayo la nacionalidad de Honduras porque el Padre Tamayo ahora mismo representa la misma Honduras incluso más que esos golpistas que gobiernan allá. Representa la voz de la naturaleza de Honduras que pide no ser explotada, es la protesta contra la explotación turística, contra la privatización de los medios de producción y su acumulación en pocas manos, contra la neocolonización, contra las mineras que destruyen las montañas, contra las destrucción de las playas...La verdad es que resulta verdaderamente paradójico.
Puede que con esas protestas el Padre Tamayo ya pueda no ser considerado hondureño, y puede que después de eso la Iglesia Católica no lo quiere como sacerdote. Da igual. El Padre Tamayo pasara de ser un sacerdote hondureño de la Iglesia Católica a ser un sacerdote universal de la resistencia hondureña (que es mejor).
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18 Agosto 2009
Ernesto Cardenal habló en Chile de su esperanza en que un día la Iglesia sea exclusivamente revolucionaria. La idea puede parecer desternillada, pero en realidad no lo es. Está claro que la Iglesia sufre una fuerte crisis y que esta crisis desembocará en una Iglesia totalmente diferente, situada en un lugar diferente al que tuvo antaño. Por desgracia la jerarquía vive esto con miedo, no con esperanza y acogimiento. Yo creo que lo que tenemos que hacer no es encerrarnos en nuestra sacristía y comportarnos como unos talibales, sino que tenemos que abrirnos a la sociedad y buscar nuestro lugar en ella.
Karl Rahner decía que la Iglesia del Siglo XXI sería mística o no sería. Jon Sobrino, sin embargo, dice que la Iglesia o será pobre o no será; Ernesto Cardenal dice que la Iglesia será revolucionaria porque es lo que tiene que ser. Las tres cosas está muy relacionada. Hace poco estuve en una charla de Juan de Dios Martín Velasco y lleve para que me firmara, como recuerdo de ese encuentro, un libro llamado "Mística y humanismo", guardo con mucho cariño esa dedicatoria porque me pareció preciosa: "Un recuerdo de nuestro encuentro en Salamanca, para que se anime a se místico de ojos abiertos", ¿No es bello? Místico de ojos abiertos.
Si una persona es mística y tiene los ojos abiertos a su mundo y a su sociedad, se da cuenta enseguida de que los pobres ocupan un espacio importante en el Evangelio de Jesús y rápidamente llega a la conclusión de que la Iglesia se tiene que encarnar en esa realidad y tomar una opción por ella. Una Iglesia que es mítica de ojos abiertos, es también una Iglesia que opta por los pobres.
Cuando la Iglesia opta por los pobres, rápidamente se da cuenta de que la caridad aunque sea buena es insuficiente, no basta la caridad sino que hay que darse del dolor. Es decir, hay que optar radicalmente por ellos y darles voz y voto, no darles el pez sino enseñarles a pescar. Asía la Iglesia comienza una relación con los pobres que supera la mera ayuda socio-caritativa, la Iglesia pasa a ser una Iglesia de los pobres. No son los pobres ayudados o salvados por la Iglesia, sino que la Iglesia se encarna en el mundo pobre y se deja evangelizar por él. Es entonces cuando la Iglesia se convierte en un fenómeno positivo de movilización social a favor de los pobres, está movilización es un autentico cambio social y por lo tanto podemos decir que es una revolución. Una Iglesia que opta por los pobres es una Iglesia revolucionaria, que opta por el cambio a favor de los pobres, opta por reversar la historia o por revolucionar a los pueblos. Eso es positivo.
Sin duda, la Iglesia mística, pobre y revolucionaria es una esperanza que sigue viva, aunque muy maltrecha después de los ataques del imperialismo, de las dictaduras militares y del conservadurismo y tradicionalismo religioso (incluido el católico).
Justicia
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4 Agosto 2009
El poeta y sacerdote, Ernesto Cardenal, dice que es necesario hacer en la Iglesia reformas para que la mujer pueda acceder a más ministerios en la Iglesia, incluyendo el sacerdocio o incluso el papado. No resulta raro ver a Ernesto Cardenal decir algo en esta línea, él es un enamorado de la Revolución y de una Iglesia "revolucionaria" entendida desde las realidades de la pobreza.
En la Iglesia se da el problema de que hay una gran división entre sus bases y su jerarquía. La idea debería ser que las bases desarrollasen, pensasen, sintiesen y reflexionasen la Iglesia; recreando la Iglesia desde lo mínimo de lo mínimo. La jerarquía debería dejar a las bases reflexionar en libertad y luego enriquecerse de algunas de sus reflexiones, tenerlas en cuenta. De esa manera la tensión entre Iglesia-Pueblo de Dios e Iglesia-institución sería una relación justa que enriquecería a ambas partes y renovaría enormemente la vida eclesial.
Por desgracia esto no es lo que sucede. La Iglesia, por desgracia, es una férrea dictadura de unos pocos. Quieren sacar todo pensamiento libre de los foros públicos, donde esos libres pensamientos podrían ser escuchados. Si eres un profesor y no opinas como tienes que opinar, como te lo exige la militancia, te expulsan de tu puesto de profesor. Si te vas al ámbito laico, te reprochan la traición (a saber cual...) y presionan con todos los medios a ese ámbito para que te cierren las puertas. Eso es lo que pasa en la Iglesia Católica, y es una desgracia porque tiene unas bases eclesiales que valen su peso en oro.
En la Iglesia, si alguien no opina como el líder siempre acaba viendo como es institucionalmente excluido, aunque muchas veces es bien aceptado por las bases y su tensión con la jerarquía no desgasta ni su Fe ni su vida comunitaria, tampoco su vida eclesial y menos aún su relación personal con Dios. Son muchos los teólogos u otros agentes de la Iglesia que se tienen que alejar de la institución precisamente para hacer aquello que estaban haciendo antes de chocar con la jerarquía, aquello por lo que se consagraron. José María Diez-Alegría y José María Castilla se tuvieron que salir de la Compañía de Jesús para que los obispos de España les dejaran publicar en paz, Ernesto Cardenal y los sacerdotes revolucionarios tuvieron que renunciar a su sacerdocio para poder hacer su aporte a la Revolución Sandinista, grandes teólogos como Leonardo Boff, Hans Küng o Torres Queiruga dan clases en universidades civiles y están en ámbitos laicos porque en la Iglesia Católica poco o nada les dejan hacer, Boff incluso tuvo que renunciar a su ministerio sacerdotal y secularizarse para que la jerarquía le liberará. Esa es la situación en el que se encuentra la Iglesia, una situación de dictadura ferrea, donde todo pensamiento libre o todo tipo de crítica es leída como una amenaza exterior o una infiltración de fuerzas misteriosas y malévolas.
Dejando esta polémica, esta gran crisis en el interior de la Iglesia que la está consumiendo, podemos decir que Ernesto Cardenal simplemente dice lo que diría cualquier persona que ve la Iglesia Católica, ve las Iglesias locales, sus vidas y reflexionan sobre ello. La mitad de la Iglesia Católica, incluso más, está compuesta por mujeres. La mujer es uno de los elementos más importantes de la Iglesia, es importante hasta el punto de que el mismo Evangelio nos habla de la importancia de la mujer en el Reino de Dios y en al comunidad. Los obispos dicen que Jesús no ordeno a ninguna mujer (tampoco a ningún teólogo, ni a ninguna persona que no fuera judía, ni a ningún negro...ni siquiera a ningún católico), pero omiten que fue una mujer la primera que anunció la resurrección de Jesús.
No podemos negar la importancia de la mujer y no podemos tratar a la mujer como si fuera, eclesialmente, una menor de edad. La mujer es importante para la Iglesia y debe de poder ejercer el sacerdocio, de una cierta manera no oficial las mujeres se comportan como las grandes sacerdotisas de nuestra Iglesia. Juan Pablo II dijo que las mujeres nunca serán sacerdotisas, pero no debía tener mucha Fe en ello porque en lugar de esperarlo y confiar en que Dios nunca permitirá que eso suceda, lo que Juan Pablo II hizo fue ordenar, mediante un documento (que fácil y que antievangélico es hacer todo a golpe de leyes dictatoriales y personalistas), que las mujeres jamás tenga acceso al sacerdocio. Tal cosa es un atrevimiento, incluso yo diría que es una ofensa para la Iglesia y para el Espíritu Santo. Yo creo que la mujer conseguirá, gracias a su trabajo silencioso, abrirse un paso en la Iglesia Católica y todo ello a pesar de las trabas que la jerarquía ponga (y de hecho, pone); no me hace firmar ninguna ley ni ningún documento, tengo Fe ciega en Dios y en que Dios está con las pequeñas y humildes mujeres de su Iglesia, por una parte santa, pero por otra parte (y me da que esto tiene mucho que ver con la parte más burocrática e institucional) tremendamente pecadora.
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