Categoría: Sacramentos
8 Febrero 2009
Hoy día podemos ver como muchas parroquias han cerrado por la falta de curas. Muchas veces un sacerdote tiene que hacerse cargo de un número considerable de parroquias que han quedado casi abandonadas. Muchos feligreses de parroquias periféricas tan solo pueden celebrar la eucaristía cinco veces al año. Ante esto la Iglesia tiene que reflexionar y actuar.
A mi se me ocurre una cosa, la ordenación de curas casados. En las comunidades cristianas que se encuentran en lugares apartados, no sería malo que hubiese un cura de la comunidad, un cura con un status especial que le permita contraer matrimonio y desempeñar el sacerdocio. El matrimonio no tiene porque ser una molestia para el trabajo del sacerdote, también puede ser una ayuda y un apoyo.
Haría falta reflexionar esta idea para ver como se podría normalizar eso dentro de la institución de la Iglesia. Muchas comunidades ya practican esto que digo, pero lo hacen sin reconocimiento del Vaticano y sin necesitar su permiso, lo hacen colocados en las fronteras de la Iglesia. El sacerdote no puede ser el protagonista de la vida de las comunidades, son las propias comunidades las protagonistas de esa vida, la comunidad tiene que ser la que se organice y lleve a cabo las actividades que quiere realizar.
Muchas comunidades saben esto, lo tienen en cuenta y celebran la eucaristía en unas celebraciones donde el sacerdote es uno más en la comunidad. Cualquier persona puede coordinar la eucaristía, ya sea hombre o mujer. La celebración de la eucaristía es una fiesta comunitaria en la que todos son iguales y comparten con los demás lo mejor que tienen.
La estructura actual de muchas parroquias se queda pequeña, deja huecos vacíos. La gente no se puede sentir miembro de una comunidad cuando lo que prima es una jerarquía, en la que importe mucho el poder y la influencia, en la que se está mirando de manera continua a Roma, esa mirada constante al Vaticano les hace alejarse de las necesidades reales del pueblo, no puede importar más el dinero, la moral ortodoxa o la identidad cristiana que la caridad con el prójimo.
Con frecuencia, la Iglesia se ve identificada con la derecha política. Muchas personas de sectores progresistas, personas de las clases populares y muchos jóvenes, se sienten distanciados de la Iglesia y pasan de ella. Solo permanecen con gran fidelidad personas mayores, en su mayoría mujeres, hace falta cambiar algo. Puede que uno de los mayores problemas está en no hacer una liturgia seria y hacer una liturgia sosa y aburrida.
Le damos demasiada importancia, en la eucaristía, a cosas que no son tan importantes ¿Qué pasa con el templo? Es un lugar de encuentro, pero no absoluto, también puede ser lugar de encuentro la casa de los miembros de la comunidad o el amplio campo abierto. La Iglesia tiene que ser comunitaria, abierta al espíritu santo y misionera. La Iglesia tiene que plasmarse en la realidad y hacerse popular, hacerse joven, hacerse del pueblo, sufrir con el pueblo y alegrarse con el pueblo.
El cura casado es una imagen cercana al pueblo que puede ayudar ha esta Iglesia que hoy necesitamos, no solo el mundo y la modernidad, sino el propio catolicismo y la propia Iglesia Católica. La historia cotidiana de los pueblos, de las comunidades, de las familias, es una gran fuente liberadora y es necesario un clero más cercano a estas realidades. Una Iglesia excesivamente clericalizada es una Iglesia que no sirve para nada.
La Iglesia institucional debería dejar libertad de acción para que algunos practiquen esto en sus diócesis y ver que tal funcionan. Seguramente algunos obispos opinan como yo, o por lo menos tienen opiniones parecidas y alternativas ante la escasez de vocaciones; Monseñor Libinger (obispo alemán que ejerce en África) opina que es debería haber curas que pudieran estar casados, ya fueran hombres o mujeres, que estuvieran vinculados con las comunidades cristianas y en las que fueran unos miembros más en la comunidad. Esta opinión es muy cercana a lo que yo intento decir y yo me siento muy identificado con lo que dice Monseñor Libinger.
No podemos pensar que las cosas pasan por nada. Yo no creo que la ausencia de vocaciones sea una crisis, yo creo que es algo que nos intenta decir el Espíritu Santo. Es necesario que la Iglesia se reformule y se refunde a partir de las comunidades eclesiales de base, de las pequeñas comunidades cristianas que hay desperdigadas por todo el mundo. El modelo tradicional de Iglesia está acabado y tiene ya puesta fecha de caducidad, es incapaz de sobrevivir en la realidad en la que estamos (una realidad que esté modelo tradicional tampoco asimilar muy bien).
Como he dicho, estas comunidades sin presbítero ya las hay existiendo en muchas partes del mundo. En el Tercer Mundo hay muchas, en Europa se práctica mucho en las Comunidades Eclesiales de Base, en Asía incluso hay experiencias que incluyen el ecumenismo. Es necesario que la Iglesia institucional reflexione profundamente sobre esta realidad y la reconozca.
Esto es a lo que deberíamos ir evolucionando. Ahora hay comunidades "pioneras" y hay algunos obispos interesados en estas realidades, aunque no muchos. Solo falta que Roma salga del cascarón, vea la realidad y la admita. Por el momento esta figura de "sacerdote comunitario" es una figura que no está reconocida por la Iglesia institucional, con tranquilidad porque la reconocerá, pero por el momento tenemos que ir reflexionando sobre esta idea y sobre la falta de vocaciones. Algo está pasando en el mundo y en la Iglesia, hay que ver, reflexionar, orar y actuar.
Justicia
servido por justicia
sin comentarios
compártelo
10 Enero 2009
Para los cristianos el bautismo es una cosa importante, es un sacramento, pero los cristianos no creemos que para seguir a Jesús sea suficiente un bautismo de simple agua, es necesario un bautismo del Espíritu Santo. Es decir, es necesario vivir la vida empapados en Jesús y el Espíritu Santo. Ya lo decía el propio Juan Bautista "Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo".
En la Iglesia dicen que ahora vivimos un crisis de la Iglesia, una crisis del cristianismo. En estos momentos de crisis es necesario, más bien es más necesario aún, dejarnos guiar por el Espíritu Santo, es necesario que escuchemos y nos dejemos guiar por el Espíritu Santo. Muchos hablan de tomar estrategias ante la crisis y contra la secularización, yo soy de los que piensa que hay que ser más fiel al Espíritu Santo, tendremos que ver como estamos acogiendo a Jesús y al Espíritu Santo en nuestras vidas.
Hay mucho lloriqueo y mucha lamentación ante la secularización, pero no creo que la secularización sea tan lamentable, simplemente creo que es. En el mundo secularizado tendremos que buscar los caminos de Dios, los caminos por los que tendrá que ir la Iglesia, los caminos por los que tenemos que ir los cristianos. Tenemos que actualizar, tenemos que repensar nuestra manera de decir y de anunciar la Fe, sobre todo tenemos que examinar interiormente nuestra manera de vivir la Fe, porque la Fe no se impone ni se enseña, se vive.
Jesús le da a la Iglesia un rostro nuevo, un rostro humano. Es algo necesario. Tenemos que recuperar a Jesús. Jesús está vivo en el corazón de las personas, incluido de las personas no creyentes. La Fe no es un elemento religioso, es una necesidad humana que todos tenemos, incluido los ateos, otra cosa es que no se identifique esa Fe que se tiene con Jesús, con la Iglesia Católica o con Dios. Pero la Fe existe. Por otra parte sabemos que una persona que cree pero no actúa con caridad, no entrará en el proyecto de Dios, mientras que una persona que si es caritativa y no cree si entrará en el proyecto de Dios; es decir, que a la hora de la verdad de lo que nos examinarán es del amor, de que hicimos con nuestros hermanos. Esto que digo y que puede sonar a locura, lo dice San Juan.
Tenemos que aprender a ampliar nuestra mirada, dejarnos de tantas iglesias independientes, de tantas identidades, y construir la verdadera Iglesia de Jesús, una Iglesia que no es jurídica, que no tiene Estado ni tiene unos estatutos, pero que es real y opera hoy en nuestro mundo (necesitado de cristianismo y de liberación). Ante la caída de la credibilidad de las diversas jerarquías religiosas, nace un terreno donde el Evangelio puede sonar de mejor manera, con mayor credibilidad, desde las comunidades de base y las bases eclesiales, desde la que refundamos la Iglesia. Eso es lo favorable.
Justicia
servido por justicia
4 comentarios
compártelo
12 Diciembre 2008
Necesitamos recuperar la Iglesia entendida como la comunidad de creyentes que celebran la Fe y luchan por la construcción del Reino de Dios y dejar de pensar en la Iglesia como una jerarquía monárquica, con los cardenales, obispos, dicasterios y todo ese folclore. Si no refundamos la Iglesia a partir de las cosas pequeñas de esta vida (que no por ello poco importantes), nos arriesgamos ha convertir (por paradójico que suene) a la Iglesia en un obstáculo muy serio para la Fe cristiana.
El pasado 4 de Diciembre la página web de Religión Digital publicaba una entrevista a uno de los mejores teólogos de la Iglesia Católica, José María Castillo ¿El motivo? La publicación de su último libro llamado “La religión de Jesús”. Un libro que intenta redescubrir al verdadero Jesús y su verdadero proyecto, teniendo con ello que tirar varios mitos que la Iglesia Católica (más bien las tradiciones de la Iglesia Católica) han ido imponiendo hasta ahora. Con esto no quiere decir que la figura de Jesucristo que tenemos los católicos sea falsa, ni mucho menos, pero el libro puede ser una ayuda para redescubrir a Jesucristo complementando lo que ya sabemos de él, es un apoyo positivo para la vida del cristiano. Tampoco creo que se intente decir que la Iglesia Católica no sea una verdadera iglesia sino que sea una institución adulterada, simplemente se dice que la Iglesia tiene errores temporales porque además de divina es también humana.
Entre otras cosas, José María Castillo dice que la Iglesia se ha convertido en un obstáculo para entender el Evangelio. Por supuesto, José María Castillo no se refiera a la comunidad católica, sino que se refiera a la institución jerárquica de la Iglesia Católica. Ciertamente podemos decir que la institución jerárquica en no pocas ocasiones a absolutizando cosas que son relativas. Por ejemplo, algunos temas que cita José María Castillo, la eucaristía o el templo. Para Jesucristo la eucaristía no fue un rito religioso sino que fue una cena de amigos, también dijo que destruiría el templo (que entonces era el mayor símbolo nacional y el mayor símbolo de dominación del Imperio Romano sobre el pueblo judío) y que a pesar de ello, sin templo, aún quedaría Dios. Yo creo que estos conceptos del Evangelio los hemos perdido en favor de unas anquilosadas tradiciones que a cuentas finales son humanas. Y que conste que no digo con esto que haya que eliminar el sacramento de la eucaristía ni que tengamos que cerrar los templos, pero si digo que la eucaristía no es un “rito” sino que es una celebración de gozo y una mesa común de cristianos y también digo que Dios no está solo en el templo, aunque es normal que los cristianos tengan un lugar común en el que rezar y hacer sus oficios religiosos.
Cuando Jesucristo entregó las llaves (de manera simbólica) de la Iglesia a San Pedro lo hizo sin darle estolas, ni albas, ni sotanas, los apóstoles nunca tuvieron vestidos de ceremonias. Los apóstoles vivían de su trabajo, tampoco eran célibes, Jesucristo jamás instituyó un sacerdocio tal y como lo entendemos ahora muchos. En esos tiempos tampoco tenían templos los cristianos, empezamos ha tener templos en el Siglo IV (más o menos cuando cesó la persecución sobre la Iglesia) y aún así se hacían celebraciones ¿Por qué? Pues porque se hacían en la casa de los miembros de la comunidad porque los cristianos no le daban tanta importancia al templo.
Jesucristo tampoco instituyó el episcopado tal como lo entendemos ahora. Cada comunidad cristiana tenía sus administradores apostólicos, pero el episcopado se ha convertido en una jerarquía de rasgos monárquicos y dictatoriales. Los obispos en los primeros tiempos del cristianismo ni estaban separados de los creyentes ni tampoco eran célibes. Se dice que la jerarquía no puede ser cambiada, que el Papa y los obispos no se pueden elegir en consenso de todos los creyentes, en una especie de elecciones, y se argumenta que no se puede porque esto va contra lo que Jesucristo mandó a Pedro sobre el gobierno de la Iglesia. Yo, por mi parte, opino que Jesucristo nunca dio un mandato firme e inequívoco, que pueda valer de absoluto, para la Iglesia Católica. De ser así no haría falta un Código de Derecho Canónico ni tampoco tanta burocracia. No podemos justificar el modo de gobierno de la Iglesia en el Evangelio y decir que por ello es absoluto, el Evangelio no es una estructuración del gobierno de una Iglesia sino que es la buena noticia que inspira a la Iglesia, que tendrá que organizar su gobierno según las necesidades que le vayan surgiendo al Pueblo de Dios.
Jesucristo, en realidad, nunca le dio tanta importancia ni a la burocracia ni al poder, más bien le dió más importancia a las cosas más pequeñas de la vida y a las más humildes, nunca se sentó con un escriba de la época para dejar por escrito un sistema diseñado, con sus cargos y funciones, para la Iglesia Católica. No lo hizo, seguramente, porque no le dio ninguna importancia o le dio una importancia muy relativa.
Necesitamos recuperar la Iglesia entendida como la comunidad de creyentes que celebran la Fe y luchan por la construcción del Reino de Dios y dejar de pensar en la Iglesia como una jerarquía monárquica, con los cardenales, obispos, dicasterios y todo ese folclore. Si no refundamos la Iglesia a partir de las cosas pequeñas de esta vida (que no por ello poco importantes), nos arriesgamos ha convertir (por paradójico que suene) a la Iglesia en un obstáculo muy serio para la Fe cristiana.
Justicia
servido por justicia
2 comentarios
compártelo
10 Diciembre 2008
Yo también considero que la liturgia es uno de los mayores retos del catolicismo. Por algún motivo no conseguimos que la liturgia conecte con la gente y esto solo puede ser considerado como un tremendo fracaso, porque si la liturgia no atrae a la gente es porque la liturgia no sirve y si la liturgia no hace un servicio a los demás está faltando a su propio nombre. Liturgia, etimológicamente, quiere decir trabajo para el pueblo, eso es algo que no podemos perder de vista.
Hace poco el Cardenal Cañizares ha sido designado por el Papa Benedicto XVI como Prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Esta Congregación siempre ha sido considerada como una Congregación secundaria, pero lo cierto es que Benedicto XVI le ha dado más protagonismo y ha puesto la liturgia entre las prioridades de su pontificado.
Yo también considero que la liturgia es uno de los mayores retos del catolicismo. Por algún motivo no conseguimos que la liturgia conecte con la gente y esto solo puede ser considerado como un tremendo fracaso, porque si la liturgia no atrae a la gente es porque la liturgia no sirve y si la liturgia no hace un servicio a los demás está faltando a su propio nombre. Liturgia, etimológicamente, quiere decir trabajo para el pueblo, eso es algo que no podemos perder de vista.
Está bien que haya una Congregación que administre la liturgia y que se dedique a reflexionar sobre la liturgia y de aportar material que luego puede ser útil. Si algo podemos ver es que la liturgia no puede ser igual en todas partes, es necesario inculturizar la liturgia y darle a la liturgia un aspecto que la acerque a la cultura en la que está envuelta. Esto no es fallar al cristianismo ni a la liturgia, sino que es cumplirla en su verdadera misión. Jesucristo fue el primero en inculturizarse en la sociedad que le toco vivir y la liturgia de por si no es una expresión confesional sino que es laica, no esta ligada a ninguna religión. No es lo mismo una celebración en Roma que una celebración en el amazonas, no es lo mismo una celebración en un barrio de clase media que una celebración en un barrio periférico y menos desarrollado.
El Cardenal Cañizares llega a la Congregación para el Culto Divino en un momento donde hace falta creatividad litúrgica para los nuevos tiempos. Hace falta implicar más a los laicos, que los laicos tengan mayor participación. Ya hay iglesias donde el laico hace la celebración de la Santa Palabra porque no hay sacerdote que pueda oficiar una Eucaristía, esa es una buena alternativa a la ausencia de vocaciones sacerdotales. También hay parroquias donde se implican a los niños en la celebración en misas de niños, con coralinas, con teatros parroquiales que interpretan el evangelio y con participación de los niños que están en el proceso de catequesis; además de esto he podido ver también celebraciones donde la participación es familiar, de los padres con sus hijos, en misas familiares. Podemos ver experiencias más “radicales” en contextos que conllevan un mayor espíritu misionero, como pueden ser los barrios periféricos donde las iglesias tienen que ponerse “en la frontera” y llevar a cabo liturgias realmente especiales, un caso muy conocido es el de la Parroquia San Carlos Borromeo (que ahora es algo así como una capellanía de los pobres o un centro pastoral) en el que los sacerdotes celebran la eucaristía “de paisano” y con símbolos que acercan la celebración a las personas del barrio y que no son extraños para ellos.
Tendrá que abordar la Congregación para el Culto Divino la participación de la mujer en la celebración de la Eucaristía. No digo ya de tratar el tema de la ordenación de sacerdotes mujeres, que no compete a esta congregación, sino que digo de implicarlas un poco en la celebración. Tenemos que tener en cuenta que más de la mitad de la Iglesia esta compuesta por mujeres y que esta mitad es la más activa. Otra cuestión a tratar es la celebración con miembros de otras religiones, en Asia se hace, personas de otras religiones celebran junto con los cristianos católicos su fe, la oración y la celebración es también una plano más del ecumenismo.
Estas cosas hay que trabajarlas. Hay que flexibilizar la celebración, convertirlo en algo menos ritualista, para convertirlo en algo mas sagrado y que ve lo sagrado donde lo ve el cristianismo, en las cosas más pequeñas de la vida. Hay que acercar la liturgia al pueblo para que recupere su verdadero significado, ser un servicio al pueblo. No se trata de que sea una norma más que guardar o un royo al que hay que ir porque sí, sino que tiene que ser un motivo de fiesta, tiene que ser el centro de la vida de las comunidades cristianas y tiene que ser algo que la gente realmente lo sienta y lo note cercano. No digo que sea fácil, pero hay que trabajar en hacer una liturgia plural, que dependa de la zona en la que se encuentre, de su cultura, de las necesidades de su entorno. Solo así la liturgia tiene sentido. Espero que esto sea algo que el Cardenal Cañizares tenga en cuenta. Le deseamos al Cardenal Cañizares una buena estancia y una buena experiencia en el Vaticano, es motivo de alegría para la Iglesia española; rezaremos porque sepa entender la liturgia como un servicio al pueblo y no como un fósil de museo.
Justicia
servido por justicia
7 comentarios
compártelo