Categoría: Religión
7 Mayo 2012
Los acontecimientos políticos sucedidos últimamente no me han dejado compartir con vosotros una reflexión que quería compartir. Ya habrá tiempo mañana y pasado mañana de comentar las elecciones francesas y griegas. Hoy quiero hablar de esto (llevo meses queriendo tratarlo). No todo lo que me gusta es política o historia, también soy una persona que durante mucho tiempo estuvo vinculada de alguna manera a la Iglesia Católica. Tengo una gran afición por la teología, pareciéndome muy curiosa la Teología de la Liberación. De dicha teología tengo una basta bibliografía de la cual me siento bastante orgulloso. Hoy quería hablar de un debate teológico surgido recientemente dentro de la Iglesia en trono a una figura importante de la Teología de la Liberación en España, Andrés Torres Queiruga.
En marzo del 2012 la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado sobre la teología de Torres Queiruga. Se trata de un breve documento influenciado por la teología de Rico Pavés (el gran inquisidor español de nuestra época). He leído la teología de Andrés Torres Queiruga, es una teología bíblica basada en la tradición eclesial y en los Padres de la Iglesia, entendidos a la luz del Siglo XX y Siglo XXI para hacer frente a los actuales problema sociales, religiosos y políticos. El documento no parece entender lo que es la tradición cristiana y por ello hecha mano de la ideología eclesial, basada en gran parte en los últimas documentos eclesiales (documentos que no es que no tengan nada que ver con el cristianismo sino que no tienen absolutamente nada que ver con la tradición de la Iglesia Católica). Los documentos eclesiales están elegidos ademas de manera indistinta, sin decir el contexto en el que fue publicado el documento citado ni la intencionalidad del mismo en su publicación (como si fuese lo mismo el Concilio de Trento que las enseñanzas de Tomás de Aquino o los últimos documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe).
Parece poco serio un documento que niega el magisterio del evangelio en favor de un magisterio de la Iglesia basado en el magisterio que la propia Iglesia se ha fabricado, magisterio que no tiene ningún respaldo teológico en la Biblia, en los Evangelios o en la tradición de la Iglesia Católica. Simplemente es una utilización ideológica de determinados documentos. Es un paso más en un camino que hay trazado en la Iglesia Católica, un camino por el cual se pone al magisterio eclesial, a los obispos y a la estructura eclesial por encima de la palabra de Dios en la Biblia. Me acuerdo cuando hace tres o cuatro años estuve en unas jornadas pastorales organizadas por la Diócesis de Salamanca en la que se hablaba del valor de la Biblia en la Iglesia (hubo incluso un Sínodo de Obispos dedicado a ello). Todo coincidíamos en que era un problema que en la Iglesia Católica la Biblia hubiese caído en el olvido. Evidentemente este tipo de documentos y este comportamiento de la jerarquía eclesiástica no ayuda a resolver el problema que se ha planteado en torno a la valoración de la Biblia dentro de la Iglesia Católica.
Como persona que ha leído a Torres Queiruga puedo decir que no es el que más me gusta de todos los teólogos. Para mi gusto de un uno a un diez tiene un seis, los he leído mejores y más innovares, pero bajo ningún concepto se puede decir que Torres Queiruga sea una persona alejada de la Fe Católica o que su teología sea extraña a la misma. La teología de Torres Queiruga es una teología que se basa en la tradición para entender la actualidad. Precisamente en la Iglesia Católica eso se entiende como una disidencia eclesial, como una ruptura con la doctrina, cuando en realidad es un regreso a las raíces de la Iglesia Católica para que, a partir de ellas, se pueda comprender nuestro mundo y convertir al cristianismo en un factor positivo de progreso.
La Iglesia Católica quiere convertir a los teólogos en un eco de sus jerarquías. Hablo de jerarquías porque ni siquiera estamos hablando de una jerarquía fija, el Papa con sus cardenales fieles y sus obispos, sino que estamos hablando de jerarquías basadas en sectores de obispos, frente a otros sectores, acompañados de grupos ultraconservadores que componen una mini iglesia (por no llamarla secta) dentro de la Iglesia Católica (hablo de los Legionarios de Cristo, los Kikos, Opus Dei o Comunión y Liberación). Torres Queiruga no es un disidente, ni siquiera es un mal teólogo, su lectura es recomendada para quien tenga interés en leer algo que tenga que ver con una Teología de la Liberación en clave española.
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29 Febrero 2012
El domingo por la noche me enteré de que había fallecido el teólogo, filósofo y antiguo salesiano italiano, Giulio Girardi. Para los que hemos crecido educados en una Fe en la Iglesia Católica que hemos intentado compatibilizar con la lucha democrática y socialista, Giulio Girardi era un referente.
Fue un teólogo importante en la renovación de la Iglesia Católica en los tiempos del Concilio Vaticano II. Profundo conocedor del marxismo y del ateísmo, fue llamado en 1960 como perito para participar en el Concilio, donde fue uno de los inspiradores de Gaudium et Spes. Fue uno de los referentes del diálogo entre cristianos y marxistas que tomó especial impulso a mediados de los sesenta.
Hombre de mundo, sobrepasó las fronteras de Italia y se convirtió una figura importante en América Latina. Ahí desarrolló buena parte de la Teología de la Liberación, siendo uno de los teólogos de la liberación europeos más importantes (y uno de los primeros).
Cuando en los años 70 nace en Chile el movimiento "Cristianos por el Socialismo", Giulio Girardi se siente atraído por el movimiento. Eran unos tiempos en los que el espíritu del mayo del 68 invadía a buena parte del clero, que se volvió contestatario y comenzó a hacer reflexiones que ponía en entredicho la doctrina ortodoxa tradicional. Giulio Girardi intentó, en la medida de lo posible (porque los obstáculos de la jerarquía eclesiástica fueron muchísimos), exportar este movimiento a Italia de la misma manera que Alfonso Comín lo quiso implantar en España.
Su compromiso con los pobres y sobre todo su implicación política con el socialismo le trajeron problemas, fue expulsado de la orden salesiana, suspendido "ad divinis" (o como dice Ernesto Cardenal, "ad humanis") y se le impidió impartir clases en cualquier universidad católica. Esa Iglesia Católica en la que él tanto creía y que esperaba de ella que tuviese un lugar en otro mundo mejor posible, le había rechazado y le había dicho "no" a sus ilusiones.
Pero sería falso decir que Girardi se rindió o bajó los brazos, era de esas personas combatientes que no se rinden. En 1980 apoya la Revolución Sandinista, en la que la Teología de la Liberación tuvo una vital importancia. A partir de la caída del muro de Berlín y la enorme crisis de la izquierda, con un comunismo fracasado en Europa del Este y una Iglesia con nuevos retos incapaz de resolver los que antaño quiso vencer, Girardi entra en una nueva fase de su trabajo intelectual no menos interesante que el anterior pero si más desconocido: el ecumenismo.
En los años 80 Girardi comienza a trabajar por el ecumenismo en Nicaragua, así como en el dialogo con los pueblos indígenas. A partir de esos años emprende viajes anuales a Cuba para trabajar ahí también la faceta del ecumenismo. Participa en la Asamblea del Pueblo de Dios donde grupos cristianos de diversas confesiones reflexionan y viven la liberación cristiana desde el reconocimiento de las raíces indígenas de los pueblos de América Latina. Este tipo de movimientos se desarrolló con especial fuerza a lo largo de los años noventa y continúan hasta hoy.
En Europa, Girardi apoya el movimiento "Nosotros Somos Iglesia", importante en Europa a partir del año 2000, que exige reformas importantes dentro de la Iglesia Católica para que cambie el papel de la mujer, se revisen ciertas doctrinas y se inicie una reforma que dé a los laicos la importancia que se merecen dentro de la comunidad eclesial. Sabiendo todo esto, no es de extrañar que fuera opuesto a la beatificación de Juan Pablo II, del que fue un duro crítico.
Su muerte es una pérdida, no demasiado mencionada en la prensa (tan solo en la sección religiosa de Periodista Digital y en un blog de Intereconomía, no muy agradable, he visto mención a la muerte de Girardi). Fue un teólogo significativo para muchos católicos, su memoria perdurará por los tiempos y su obra será una inspiración para los que estamos indignados con el mundo en que vivimos y queremos otro mundo mejor posible.
Justicia
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19 Diciembre 2011
Este año es un año especial para la vida de la Iglesia en América Latina. Hace 40 años de publicó un humilde libro llamado "Teología de la Liberación: Perspectivas" de un sacerdote llamado Gustavo Gutiérrez. Este libro sentaba las bases intelectuales de la única teología tercermundista de la historia. Se trata de una teología elogiada desde unos sectores por renovar la Iglesia y la religión cristiana, criticada por otros sectores que la acusan de un marxismo disfrazado de catolicismo.
Se trataba de una teología que buscaba transmitir a los pobres un mensaje de esperanza en una Tierra Prometida, un orden social justo, igualitario, donde la pobreza no existiese y donde los seres humanos viviesen compartiendo los medios de producción de nuestro planeta sin explotarse unos por otros laboralmente. Fue una teología que marcó mucho la vida de América Latina en unas décadas (los sesenta y los setenta) en la que los gobiernos eran dictaduras de carácter antipopular que negaban la soberanía popular en favor de los privilegios de una reducida oligarquía nacional apoyada por unos mercados extranjeros que querían explotar los medios de producción del continente.
La Teología de la Liberación levantó ciertas expectativas positivas en Roma al principio y en ese sentido el Papa Pablo VI hizo una serie de nombramientos para promover esa línea pastoral en favor de los pobres. Juan Pablo II, sin embargo, identificó la Teología de la Liberación con el comunismo (él venía de un país en el que la dictadura comunista reprimía a la Iglesia) y por lo tanto la rechazó, la condenó y la persiguió. El papel del Papa Juan Pablo II en el apoyo a las dictaduras fascistas como las de Argentina o Chile es algo bastante cuestionado por parte de organizaciones defensoras de los DD.HH.
Joseph Ratzinger, que ahora es el Papa Benedicto XVI, escribió dos instrucciones doctrinales siendo el líder de la Congregación Para la Doctrina de la Fe (¿Hace falta que diga que la versión moderna del Santo Oficio? Es que creo que ya es muy tópico repetirlo siempre) contra la Teología de la Liberación. Las instrucciones fueron acompañadas por maniobras desde Roma para colocar a obispos de ideología conservadora en América Latina.
Esta posición de Roma siempre ha sido contradictoria porque las fuentes de la Teología de la Liberación son el Concilio Vaticano II y los sínodos de los obispos de Medellín y Puebla. El Vaticano tiene, desde los años ochenta, una serie de más y menos con la Teología de la Liberación y la tensión entre una jerarquía eclesiástica con unos intereses políticos muy concretos y una Iglesia popular con unos compromisos sociales muy fuertes estará ahí permanentemente sin resolver.
¿Cuál es la actualidad de la Teología de la Liberación? Pues parece que su momento intelectual llegó a su fin ya que el cambio de época requiere de nuevas ideas, pero sus valores serán permanentes y se ven en las prácticas diarias de parroquias que hay en barrios populares y en países con fuertes problemas económicos aparte de conflictos sociales. La historia de América Latina quedó marcada por la Teología de la Liberación y posiblemente los procesos de cambio que viven tantos países, de mayor profundización democrática y de recuperación de soberanía nacional sobre sus recursos, se deba en gran parte a la labor de la Teología de la Liberación.
Justicia
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24 Octubre 2011
14 Octubre 2011
11 Octubre 2011
6 Octubre 2011
Durante mucho tiempo se pensó que las catacumbas eran excavaciones de los romanos que hicieron en el subsuelo de la ciudad para extraer arenas y materiales de construcción, cuando se agotaron abandonaron esas canteras y los cristianos las utilizaron como cementerios. Las nuevas investigaciones han demostrado que las catacumbas eran excavaciones de los cristianos con la finalidad del entierro, las formas arquitectónicas no pueden ser concebidas para otra cosa que no sean los enterramientos. El conocimiento que tenemos de los antiguos areneros no tienen nada que ver con estas excavaciones, no eran rectilíneos ni verticales, necesitaban de pasajes amplios para maniobrar con las carretas, las catacumbas eran estrechas y con corredores rectilíneos, con paredes diseñadas para nichos.
Podemos decir, entonces, que las catacumbas eran cementerios con múltiples galerías y con nichos donde se disponen horizontalmente los cuerpos por niveles. Los corredores eran largos y estrechos, se cortan unos a otros de mil maneras y el resultado es laberintico, tanto que puede llegar a ser peligros si no hay guía. También servían como lugar de culto, en tiempos de dificultad y persecución, la comunidad cristiana se escondía en las catacumbas para celebrar su religión. Por ello se encontró en muchas catacumbas auténticas criptas en las que se recibían los sacramentos y se contemplaba la palabra de Dios. Las Iglesias estaban divididas por sexos, algo que seguramente habría escandalizado a Jesús de Nazaret, y generalmente no recibían afluencia de fieles, tan solo en los aniversarios de los mártires que ahí se celebraban. Las paredes estaban revestidas de estuco, sobre el estuco se hacían las pinturas. La luz se daba por medio de lámparas de bronce suspendidas en la bóveda por cadenas. También se utilizaban las catacumbas como refugio. En los tiempos difíciles, de persecución, los cristianos se escondían en las catacumbas. Por ejemplo, San Alejandro buscó asilo en ellas durante el Siglo II, San Calixto vivió por largo tiempo en una catacumba que ahora tiene su nombre. No se trataba solo de una catacumba en la que los cristianos se escondían de la persecución romana, sino que se utilizaba en cualquier persecución, incluso en las que hubo entre los cristianos.
La técnica de la pintura de las paredes era al fresco, una técnica muy rudimentaria. Es interesante ver la iconografía cristiana, una iconografía que evoluciona con el tiempo. Al principio la iconografía venía del mundo animal y vegetal, la paloma era el alma, el pavo real la eternidad, la vid y la espiga la eucaristía, el paz era el símbolo de Jesús (se dice Ikhthys, las iniciales de Iexus Khristos Theu Yos Soter. En el Siglo III surgieron, en la iconografía, temas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Gana importancia la figura de Jesucristo y la de la Virgen, tomando para su apariencia el modelo clásico greco-romano (no tenemos ni la memoria ni descripciones en los Evangelios). Jesús de Nazaret es el Buen Pastor (el Moscóforo griego) o un Maestro al estilo greco-romano, la Virgen es la madre, generalmente se la representa con el niño entre las piernas, algo de en lo que se inspirará el arte bizantino al crear el Theotokos, modelo que llegará hasta el románico. La influencia de la cultura griega en la iconografía cristiana inicial es totalmente innegable.
Tras los edictos de Constantino la piedad de los fieles se disparó. Los cementerios pasaron de ser escondites a ser lugar de devoción para aquellos peregrinos sedientos de visitar los restos mortales de los mártires de la fe de los que habían oído historias desde que eran niños. Ahí asistían al sacramento de la eucaristía, el altar solía ser la misma piedra que tapaba la sepultura del mártir. Pronto se crearon itinerarios organizados para organizar a los peregrinos y otras personas piadosas o curiosas.
Cuando los lombardos conquistaron el norte y el centro de Italia, las catacumbas fueron abandonadas, al igual que con el gobierno musulmán. Los papas decidieron sacar de ahí las reliquias de los mártires de la fe, depositándolas en basílicas urbanas donde pudieran vigilarlas mejor. No se volvió a hablar de las catacumbas, se olvidan. Tras el cisma de Aviñón y el Renacimiento, las catacumbas quedan completamente olvidadas.
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29 Septiembre 2011