Le han dado el Premio Pablo Neruda al poeta, sacerdote y revolucionario Ernesto Cardenal. El Premio Pablo Neruda es el mayor galardón que se le puede dar a un poeta en Chile, un premio que fue instituido en el año 2004 cuando fue el centenario del natalicio del gran poeta chileno. Ernesto Cardenal siempre ha sentido una gran admiración por Pablo Neruda, tanto por su poesía como por su trayectoria política.
La verdad es que los dos tienen cosas en común, por lo que el Premio Pablo Neruda para Ernesto Cardenal me parece un gran acierto. Pablo Neruda fue uno de los más importantes poetas de América Latina, así como lo es Ernesto Cardenal. Pero los dos, además de su compromiso con el arte, también tuvieron un gran compromiso político con su país, y ambos lo hicieron desde una perspectiva de izquierda.
Pablo Neruda hizo ese compromiso en las filas del Partido Comunista de Chile. Fue una persona importante en ese partido, llegando a ser precandidato presentado por los comunistas para la Unidad Popular, aunque acabó retirándose a favor de Salvador Allende (socialista) que quedó como candidato único de la UP. Ernesto Cardenal hizo su compromiso, primero en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, más tarde en el Movimiento Renovador Sandinista.
Neruda tuvo que enfrentarse, antes del gobierno de Allende, a la represión y al exilio. Algo que también tuvo que afrontar en su día Ernesto Cardenal. Cuando ganó las elecciones la Unidad Popular y se intentó el socialismo pacifico, el socialismo democrático, Pablo Neruda formó parte de ese gobierno siendo embajador en Francia. Ernesto Cardenal fue ministro de cultura del gobierno sandinista.
Neruda vio morir su sueño revolucionario, vio como los militares (con el apoyo de los EE.UU.) mataron a la gente chilena y arrebataron el poder democrático que tenía Salvador Allende (que murió ese fatídico 11 de Septiembre). Vio como la felonía de los inmovilistas y los autoritarios acababan con el proyecto revolucionario en el que tantos creían en Chile. Poco después de esos acontecimientos tan duros, murió de un cáncer de próstata.
Ernesto Cardenal, por desgracia, también vio morir su sueño revolucionario. Vio como el acoso de los EE.UU. a Nicaragua frustró el intento del pequeño país de salir adelante. Vio también como el mismo Papa Juan Pablo II iba a Nicaragua expresamente para criticar la Revolución (apoyando a los EE.UU. y a la contrarrevolución armada) y para sancionar personalmente a los sacerdotes que tenían su compromiso político dentro de la Revolución Sandinista, el mismo fue reprendido personalmente por Juan Pablo II en el Aeropuerto de Managua. Pero también vio morir la Revolución cuando Daniel Ortega e importantes dirigentes del FSLN comenzaron a robar dinero, robaron muchísimo y se comportaron como dictadores.
Tampoco está gozando Ernesto Cardenal de una vejez tranquila. Sus cuentas están congeladas, por lo que no sabemos muy bien que hará con el dinero que le han dado con el galardón, dinero que no podrá donar a sus proyectos en Solentiname ni tampoco podrá invertir en sus talleres de poesía para niños con cáncer. Es una persona perseguida por el gobierno, intervinieron incluso en su correo electrónico. Sus cuentas fueron congeladas por un juicio, muy parodiable, por el cual Ernesto Cardenal fue multado por injurias a un empresario alemán con el que se enfrentó tiempo atrás por motivos de terrenos en Solentiname. Ernesto Cardenal considera que esa multa no la puede pagar, considera el juicio una venganza de Daniel Ortega y realmente todo parece indicar que lo es. En Nicaragua hay una dictadura familiar, eso lleva denunciando desde hace unos años Ernesto Cardenal, también lo hizo ahora en Chile
Como dijo Michelle Bachellet (presidenta de Chile) en el discurso de entrega del premio Pablo Neruda, este premio no solo es para la obra literaria de Ernesto Cardenal (que es encomiable) sino que es también un premio a una persona comprometida con su país y con su continente, una persona altamente comprometida con la creación de un "otro mundo" posible, un mundo donde la cooperación y la solidaridad imperen por encima de los intereses individualistas y el utilitarismo.
El Premio Pablo Neruda no solo se le ha dado a un gran poeta latinoamericano (como lo fue Neruda) sino que se le ha concedido a un autentico revolucionario, al eterno cura rebelde de la boina y la cotona, a un hombre que lucha por un mundo mejor y posible, como lo fue también Neruda.
Ya pasaron 30 años de la victoria guerrillera de la Revolución Sandinista, la que posiblemente fuera la más bella revolución de la historia. Comenzó con Cesar Augusto Sandino, que dio a luz de mano de Carlos Andrés un primogénito: el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Por desgracia, el gran sueño Sandinista terminó cuando los líderes de la revolución -algunos- antes de perder las elecciones y traspasar los poderes, robaron...robaron muchísimo dinero y muchas propiedades.
Fue un gran intento de transformar un país hacia un socialismo de rostro humano, un socialismo democrático y un socialismo nacional que mantuviera una distancia de la URSS. Fue también un intento de hacer un socialismo que fuera más artístico y romántico que militar y burocrático. Un socialismo de todos, nacido desde las expresiones y necesidades del pueblo, no un socialismo que sea impuesto por un líder bienhechor que lo hace por el pueblo (pero sin el pueblo).
El arte lo tenía, las canciones de los Mejía Godoy, la poesía de Ernesto Cardenal y de Giconda Belli, toda la promoción de un arte con rasgos populares y un arte folclórico también la tenía. Tenía la Revolución la educación, no una educación que adoctrinara (como querían muchos líderes sandinista que ejecutara el ministro de educación, el Padre Fernando Cardenal), sino que una educación que enseñara a leer, a escribir y a pensar por uno mismo, para aportar esos conocimientos al país y así desarrollar la Revolución.
Fue un gran sueño, por desgracia truncado. Truncado, por una parte, por los Estados Unidos de América, que se comportaron como unos auténticos canallas, no solo rompieron las reglas del bien sino que hasta traspasaron las fronteras de las reglas del mal, utilizando todo tipo de tretas para derrotar la Revolución y frustrarla, desde un bloqueo hasta la financiación de la contrarrevolución (que generó una gran violencia y muchos muertos), al final prácticamente chantajeo al pueblo prometiendo que si no votaban al Frente Sandinista EE.UU. levantaba el bloqueo.
También fue un sueño truncado por una religión, que no era la Fe del pueblo sino que era la religión de Roma. Nadie olvida esa visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua en la que arremetió contra Ernesto Cardenal en el mismo aeropuerto de Managua, luego en la misa criticó la Revolución y se negó ha pedir por aquellos que perdieron su vida a manos de la contrarrevolución. Fue una visita para olvidarla porque el Papa no supo transmitir el mensaje que ahí era evidente, que entre Dios y Revolución no hay contradicción. Dejo un gran vacio en el pueblo nicaragüense y dejó frustrados a aquellos que desde la Iglesia también querían aportar su granito de arena a la Revolución, algunos miembros lo hacían siendo miembros activos de ese gobierno (como Miguel D´Escotto, Fernando Cardenal o Ernesto Cardenal).
Pero no hay que olvidar que es una Revolución, también, frustrada por sus propios líderes. No tenían riqueza, estaban bloqueados, era un país muy pobre en un contexto muy violento. El gobierno cada vez se venía volviendo más autoritario, viendo todo tipo de crítica (incluso la interior y constructiva) como una amenaza de la CIA o del imperialismo, eso hace que la gente se aleje de una Revolución que deja de ser creativa y artística para pasar a ser autoritaria y militar. Pero luego, además, después de la derrota electoral viene la derrota de la Revolución.
En realidad la derrota electoral no es una derrota de la Revolución, todo lo contrario, es una evolución de ésta. La Revolución contaba con que podía perder unas elecciones democráticas, para eso se hacía, se quería construir la democracia en el país. La derrota llega cuando algunos líderes del Frente Sandinista deciden robar, es ahí donde matan la revolución y la revolución muere, en ese mismo momento.
Hoy vuelve a gobernar el Frente Sandinista, con Daniel Ortega. Hoy Nicaragua ya no es el sueño Sandinista, sino que es un país que tras tanta aventura quedo pequeño y pobre. Daniel Ortega hizo un pacto con la derecha, con la misma oposición, con ese gran ladrón que es Arnoldo Alemán, para reformar la constitución, ese pacto sigue hoy en Nicaragua y hay una gran sintonía entre los poderosos de Nicaragua y el gobierno sandinista de Daniel Ortega (todo ello en nombre de una falsa reconciliación). En Nicaragua se camina políticamente y también económicamente al abismo, hay autentica persecución a los disidentes del falso sandinismo que representa Daniel Ortega y el FSLN (sin ir más lejos, el caso más conocido, el de Ernesto Cardenal) y contra todo tipo de oposición política.
Ahora Daniel Ortega quiere la reelección indefinida. Para mi eso tan solo confirma lo que todos vienen sospechando, que Ortega quiere convertir Nicaragua en su república bananera, quiere dominar Nicaragua, que Nicaragua sea lo que viene siendo estos últimos años, un país que es mandado por una férrea dictadura de un partido que esta dirigido de manera dictatorial por una familia, por Daniel Ortega, su mujer (Rosario Murillo) y sus hijos. Eso es Nicaragua. La parcelita de Ortega, donde las ayudas de los otros países, como el petróleo que llega de Venezuela, son ayudas que no llegan a los pobres sino que se quedan en manos de los amigotes y los partidarios de Daniel Ortega.
Espero que no haya resultado desesperanzador, pero es que ésta es la realidad que al parecer se percibe de Nicaragua. Para quitar el mal sabor de boca que esto haya podido dejar, finalizo el mensaje con un video música de Mejía Godoy: "Terapia contra el desencanto"
Hoy todo el mundo hablará de Chávez y de su reelección indefinida. A mi no me apetece hablar de Chávez, que eso ya lo hacen todos. Yo voy a hablar de un autentico ensayo de gobierno totalitario en América Latina, no lo digo por Colombia y El Salvador, done los gobiernos además de totalitarios son asesinos y criminales, sino que lo digo por un pequeño ensayo que cada vez pone más en claro sus pretensiones: el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua.
En Nicaragua, Daniel Ortega está poniendo en marcha un proyecto populista y totalitario, donde cada vez las políticas de izquierda y las políticas socialistas se ven menos y pierden importancia, ganan sin embargo importancia el líder (Daniel Ortega) y el partido (el FSLN). En el 2006, el FSLN consiguió volver al gobierno después de casi 16 años, con Daniel Ortega a la cabeza otra vez. Desde entonces se defiende que Nicaragua vive una segunda etapa de la Revolución Sandinista. Hay que decirlo sinceramente, aunque duela decirlo, en Nicaragua ahora mismo no hay revolución y no hay sandinismo, solo hay traidores en el gobierno.
Hay gente que piensa que lo que se vive en Nicaragua es un proceso de cambios como el que están viviendo otros países en América Latina, conviene saber que eso no es una revolución ni mucho menos. Se ve su falta de revolución en su autoritarismo y sus constantes ataques al pueblo. El pueblo de Nicaragua está expectante y está extrañado por el posible fraude electoral que vivió el país.
Algunos intelectuales, cantantes, miembros del primer gobierno sandinista, están siendo víctimas de la persecución política a la que somete Daniel Ortega a sus enemigos. Ahí queda el caso de Ernesto Cardenal, el caso de Carlos Mejía Godoy o el caso de Sergio Ramírez. Cada vez se desvanece más la idea de que Nicaragua vive una revolución, si es que esa idea vivió alguna vez de verdad.
¿Se vive una revolución? No creo. No creo que dispersar las protestas con mangueras de bomberos, que se usan hasta con personas que únicamente van ha pedir alimentos a organismos humanitarios, sea revolución. Eso no es revolución. El gobierno de Nicaragua humilla las personas y niega su dignidad, todo eso en nombre de una revolución que precisamente se hizo para dignificar al ser humano.
El gobierno de Daniel Ortega, lejos de ser sandinista o socialista, es populista. Dar cuatro panes a cuatro hambrientos, dar ciertas limosnas a los empobrecidos, limosnas del Estado…, eso no es revolución ni es socialismo. La Revolución Socialista o Sandinista supone cambiar de raíz esta sociedad y sus estructuras, para hacer unas estructuras más justas y democráticas, donde todo el mundo cuente y nadie pierda, se trata de sumar a los pobres al mundo civilizado, no de darles simples limosnas de compasión que no les saca de su situación de pobreza (pan para hoy y hambre para mañana). Por desgracia esto no es una realidad en Nicaragua.
A lo mejor cuando haya unas instituciones realmente democráticas en Nicaragua se podrá demostrar que hubo fraude electoral. A lo mejor cuando haya instituciones democráticas se podrá demostrar la inocencia del misionero católico (de nuestra misma Iglesia, la mía y la de Benjamín Forcano) acusado en falso y sin pruebas de un acto de violencia armada en una manifestación, cuando videos emitidos en los medios de comunicación muestran que Albero Bochi lejos de agredir a nadie, fue agredido él. También, cuando haya instituciones democráticas, podremos demostrar la inocencia de Ernesto Cardenal, o puede que Carlos Mejía Godoy vuelva a tener mano sobre su propia creación. No se, puede que hasta se pueda sacar de juicios injustos a las mujeres que abortan y podremos meter en juicios a los pederastas y las personas que trafican sexualmente con niñas en Nicaragua. Son una serie de cosas que se me ocurren, que podrían pasar en Nicaragua si tuviera vigencia la revolución y si fuera el país democrático soñado por Sandino.
Benjamín Forcano es uno de los mejores teólogos de España. En su día fue claretiano y ahora es uno de los teólogos más visibles de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Tiene un gran interés y una gran sensibilidad para la realidad que se vive en América Latina, probablemente debido a su cercanía (por no decir total identificación) con la Teología de la Liberación. Una vez tuve el placer de escuchar sus palabras en Salamanca, cuando vino hace un año y medio junto con Leonardo Boff para dar una charla sobre la crisis ambiental.
De que Benjamín Forcano es un gran teólogo no me cabe duda, pero tampoco me cabe duda de que a veces muestra posiciones que no coinciden con las mías, puede que sea yo el que esté equivocado pero también puede que sea él. Hace poco leí en El País un artículo de Benjamín Forcano sobre la Revolución Sandinista y solo puedo decir, después de leerlo, que no estoy para nada de acuerdo. Benjamín viene a repetir sistemáticamente lo que viene a decir la propaganda danielista del FSLN, con argumentos que lejos de ser revolucionarios más bien parecen socialdemócratas (que ni eso). El artículo se llama “¿Fraude en las elecciones de Nicaragua?”.
Hablo como una persona para la que la Revolución (y más concretamente, la Revolución Sandinista) quiso decir, aun lo quiere decir, mucho en su vida. Tengo amigos varios en Nicaragua y en El Salvador, gente de muy buena voluntad, en su mayoría muy buenos cristianos que están comprometidos con las ideas sandinista o farabundistas, que quieren que su país sea un lugar mejor para vivir. Le tengo gran estima a la figura histórica de Augusto Cesar Sandino y de Farabundo Martí, a la misma vez que tengo una gran admiración y respeto por la Revolución Sandinista, que triunfó en 1979 y fue derrotada el mismo día que a sus principales dirigentes les pareció que era buena idea robar al pueblo (robaron muchísimo).
Benjamín Forcano defiende que hubo observadores internacionales, pero Benjamín Forcano tendrá que admitir que esos observadores internacionales fueron los observadores internacionales que eligió Daniel Ortega a dedo, lo suyo sería que los observadores internacionales fueran neutrales y no fueran observadores internacionales que son aceptados por Daniel Ortega por algo. Públicamente en Nicaragua se dice que el país va al abismo y que si sigue así acabará en una fuerte quiebra, Daniel Ortega no ha conseguido mejorar la situación de los pobres y ha generado más pobreza aún, por no decir que la posición de las mujeres en Nicaragua ha empeorado hasta lo indecible, todo por un inmoral pacto entre Daniel Ortega y el Cardenal Obando. Los partidos opositores ciertamente se tomaron las elecciones regionales como un plebiscito al gobierno de Daniel Ortega, pero también es verdad que Daniel Ortega se lo tomó como tal. ¿Un error de perspectiva? No creo, en Nicaragua la situación es límite, se está yendo (sino se está ya) a una dictadura de Daniel Ortega, su mujer y sus hijos (con al complicidad del Partido Liberal y del Cardenal Obando). Puede que Daniel Ortega no sea todo el Frente Sandinista, como recuerda Benjamín Forcano en su artículo, pero Daniel Ortega si es el jefe supremo del Frente Sandinista y lo trata como si fuera suyo, Daniel Ortega es un dictador de partido. Yo conozco gente del sandinistmo que apoyó a Ernesto Cardenal cuando éste tuvo sus confrontaciones con Daniel Ortega, pero los que lo hicieron una de dos: o se fueron de FSLN o lo hicieron en secreto. Eso solo pasa en un partido que está bajo la férrea dictadura de alguien, en este caso Daniel Ortega.
No se si la gestión de los municipios gobernados hasta ahora por el FSLN sería tan buena como dice Benjamín Forcano, a juzgar por la realidad de pobreza en Nicaragua (cada vez más sangrante) tengo muchos motivos para dudarlo. Más aún lo dudo si el candidato para gobernar Managua, que es la capital de Nicaragua, es un personaje que en su día fue boxeador, es uno de las personas más ricas y pudientes de Nicaragua, con sus connotaciones corruptas y que además en su día lucho en la contra-revolución violenta y asesina, que tantas víctimas ha dejado en Nicaragua y con la que ahora gobierna Daniel Ortega y el FSLN tan tranquilos. No se si esos gobiernos hechos a partir del politiqueo, del tráfico de influencias y del poderosismo tendrán mucho éxito revolucionario.
El Consejo Electoral Supremo, que cita Benjamín Forcano como si eso diera legitimidad al proceso electoral, es un consejo que está controlado por el FSLN (y eso es un secreto a voces en Nicaragua). Cierto es que el PLC pidió el recuento y que el Consejo Electoral Supremo recontó (un recuento al que fueron invitados los cuatro partidos: FSLN, PLC, PRN, Alternativa por el Cambio), pero también es verdad que ha ese recuento no se presentaron dos partidos que tradicionalmente tienen mucha importancia en Nicaragua: ni fue el Movimiento Renovador Sandinista ni fue el Partido Conservador (el partido político más antiguo de Nicaragua). No fueron por un solo motivo, porque el Consejo Electoral Supremo suspendió su personalidad jurídica no dejándoles ir ni siquiera a las elecciones, intentando legitimarlo en complicaciones burocráticas, pero que en realidad más bien parece una estrategia marrullera para dejar fuera a los segundos partidos, a los minoritarios, para reforzar la fuerza del bipartidismo y del pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.
Benjamín Forcano recurre al pasado, al primer gobierno sandinista y al gobierno de Violeta Chamorro. Es cierto lo que dice Benjamín, el FSLN dejó el país mucho mejor que como lo dejó luego Violeta Chamorro (que se cargó todo el trabajo que hizo el ministerio de educación, capitaneado por el jesuita Fernando Cardenal). Pero también hay que ser justos y decir que el FSLN tampoco dejó el país muy bien que digamos, ya al final Daniel Ortega dejó el país hecho trizas, se volvió muy autoritario, se cargo ministerios que funcionaban bien tan solo porque su mujer lo pidió y sin consultar al ministro de ese ministerio (es el caso del ministerio de cultura del Padre Ernesto Cardenal), no fue una gran experiencia ese gobierno sandinista. Eso si, Violeta Chamorro vino a empeorarlo todo más aún.
Lo que pasa es que Benjamín Forcano pasa por alto la corrupción del FSLN porque la del gobierno de Violeta Chamorro fue una corrupción mayor aún. Parece que Benjamín pasa por alto algo que los revolucionarios de Centroamérica tienen muy presente: Que el sandinismo es la revolución y Violeta Chamorro no. La revolución no es que tenga que robar menos, es que no puede robar. Ernesto Cardenal dice, y tiene mucha razón, que cuando el FSLN pierde las elecciones la revolución pierde pero solo el gobierno, que era algo de lo que los sandinistas eran conscientes, pero la revolución podía seguir desde la oposición democrática; para Ernesto Cardenal (y para mí) la Revolución Sandinista pierde cuando los altos mandatarios del FSLN ven que van a perder y roban muchos bienes al pueblo de Nicaragua, más tarde se repartirían el poder de Nicaragua con la derecha.
En su repaso Benjamín Forcano también da testimonio de la visión del sandinismo en los años 90. Para Benjamín Forcano la controversia entre el sector de renovación sandinista de Sergio Ramírez y el sector de Daniel Ortega estaba basado en la confrontación entre un sector izquierdista liderado por Daniel Ortega y otro más conservador y socialdemócrata liderado por Sergio Ramírez. Yo no lo veo así. Ahí la confrontación que se dio fue entre el partido institucional sandinista y entre el movimiento social del sandinismo. Es decir, como dice Ernesto Cardenal, entre verdadero y falso sandinismo. Conozco a gente del MRS que es realmente derechista, pero también los conozco que son muy izquierdistas y revolucionarios, en el FSLN igual. La diferencia está en que si la situación, el dinero y el poder dicen a los dirigentes del FSLN que “toca” ser de izquierdas, pues son de izquierdas y levantan el puño con Hugo Chávez y con Fidel Castro, pero como diga que hay que ser de derechas pues en ese caso sacan banderas rosas, hablan de la reconciliación con la derecha nicaragüense, penalizan el aborto, le dan puestos políticos al Cardenal Obando y ya de paso dan mítines con banderas de los EE.UU. (Daniel Ortega lo ha hecho). El Movimiento Renovador Sandinista han hecho cosas de derechas y cosas de izquierdas, han tenido aciertos y fallos, pero lo han hecho siendo profundamente sandinista, el FSLN ha sido de todo (chavista, castrista, centrista, cercano a la jerarquía eclesiástica) menos sandinista.
También habla, pero muy poco, Benjamín Forcano, del pacto entre el Frente Sandinista y el Partido Liberal para cambiar la constitución. Poco habla de las carencias democráticas que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán (que es el gran ladrón de Nicaragua) dejaron en la reforma que hicieron a la constitución. Dice que pese a ello el FSLN se hace ganador principal en el 2000 en las elecciones regionales, con el triunfo en Managua de Henry Lewites (que poco después abandonaría el FSLN para irse al MRS, cosa que no cuenta Benjamín Forcano) y ganaron 11 de las 17 cabeceras departamentales.
En el 2006 el FSLN gana, no lo hace mayoritariamente, lo hace con un 38% de los votos. La oposición tenía más, pero es que estaba dividida. También hay que decir que si Daniel Ortega gobernó con ese porcentaje de votos es gracias a la reforma constitucional que hizo el FSLN con el PLC.
Me llama la atención que Benjamín Forcano hable de la ayuda de Venezuela a Nicaragua. Venezuela realmente da una ayuda muy solidaria al pueblo nicaragüense, pero esa ayuda se la da el gobierno a manos privadas. Es decir, que Venezuela le da ayuda al gobierno de Nicaragua para que ayude al pueblo nicaragüense y el gobierno de Nicaragua se la da a manos privadas que se lo venden al pueblo nicaragüense (al que pueda comprarlo claro).
Habla de politiquismo y chaqueteos en la oposición. De como ALC y PLC se arreglan de repente, de como Montealgre se arregla con Alemán para ser candidato a la alcaldía de Managua. Se olvida de esos chaqueteos en el FSLN y de como Daniel Ortega se arregla con la contra-revolución para presentar a un boxeador contra-revolucionario para la alcaldía de Managua. Le extraña que el Movimiento Renovador Sandinista apoye al PLC, pero no se extraña de que el FSLN maneje el Consejo Electoral Supremo y deje sin personalidad jurídica a dos partidos políticos: MRS y Partido Conservador, eso si, que estos partidos que se han quedado sin personalidad jurídica que ni se les ocurra apoyar la oposición de su verdugo, que eso solo puede ser llamado locura inesperada.
A lo mejor cuando haya unas instituciones realmente democráticas en Nicaragua se podrá demostrar que hubo fraude electoral. A lo mejor cuando haya instituciones democráticas se podrá demostrar la inocencia del misionero católico (de nuestra misma Iglesia, la mía y la de Benjamín Forcano) acusado en falso y sin pruebas de un acto de violencia armada en una manifestación, cuando videos emitidos en los medios de comunicación muestran que Albero Bochi lejos de agredir a nadie, fue agredido él. También, cuando haya instituciones democráticas, podremos demostrar la inocencia de Ernesto Cardenal, o puede que Carlos Mejía Godoy vuelva a tener mano sobre su propia creación. No se, puede que hasta se pueda sacar de juicios injustos a las mujeres que abortan y podremos meter en juicios a los pederastas y las personas que trafican sexualmente con niñas en Nicaragua. Son una serie de cosas que se me ocurren, que podrían pasar en Nicaragua si tuviera vigencia la revolución y si fuera el país democrático soñado por Sandino.
Ni siquiera Benjamín Forcano puede decir que las elecciones fueron justas y limpias, pero se respalda en que las de 1996 fueron “aún peor”. Un argumento que no es válido y que intenta ocultar lo evidente. El FSLN en Nicaragua ya no es lo que era, en Nicaragua ni hay revolución ni hay sandinismo. Hay un gobierno populista, que es muy machista, que persigue el aborto pero no sus causas, que persigue y asfixia las asociaciones de mujeres feministas en Nicaragua. Un gobierno que es hostil a las ONGs y los proyectos solidarios en Nicaragua, les acusa de tener malos planes contra el gobierno. Un gobierno que mete en la cárcel a sus opositores, un gobierno que controla los jueces y el Consejo Electoral Supremo, muy cercano a las personas tradicionalmente poderosas en Nicaragua.
El FSLN, al igual que el FMLN en El Salvador, ya no necesitan a los pobres porque ahora tienen el apoyo de sectores más poderosos, de gente mas adinerada de su país. Ya los pobres dejaron de ser elemento revolucionario y la revolución dejo de ser un medio para llegar a la igualdad y la justicia, la revolución se convierte en un fin: “todo por la revolución”, como si hubiera que alcanzarla algún día en lugar de practicarla. Los pobres no tienen que hacer sacrificios por la revolución, no tienen que esperar a que el “partido revolucionario” ya sea el FSLN o el FMLN se acuerde de ellos y hagan las cosas bien (no mejor que lo peor) y respetando mínimamente la participación popular y la dignidad de los pobres como personas libres y protagonistas de su propia liberación, sino que el FSLN y el FMLN tienen que hacer sacrificios para ser ellos mismos partidos revolucionarios. Esto es por una causa muy simple, y es ahí donde el FSLN y el FMLN cometen su error más capital, y creo sinceramente que en el caso de Nicaragua Benjamín Forcano también lo comete: La revolución no es el FSLN y el FMLN. La revolución, Benjamín Forcano, son los pobres. Por desgracia ni el FMLN y el FSLN están ahí ni emanan de ahí, más bien emanan de otros intereses políticos y económicos muy alejados de los pobres de su país. Yo tengo amigos en Nicaragua y en El Salvador que han sufrido mucho este cambio de interés del FSLN y del FMLN, ellos siguen ahí, con los pobres, trabajando (ahora sin el FMLN detrás, luego con más dificultades porque muchas veces incluso lo hacen contra el FMLN o el FSLN), están en lo que es la verdadera revolución, con los pobres. Fuera de los pobres no hay salvación, que dice Jon Sobrino. Es una pena que a 30 años de la muerte martirial del Padre Gaspar García Laviana (considerado un héroe de la Revolución Sandinista) el tema d ella prostitución infantil en Nicaragua siga teniendo la misma actualidad ahora, eso es patético e interpela a Nicaragua y también a su gobierno sandinista.