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La Coctelera

Justicia

Categoría: Iglesia Católica

22 Octubre 2009

Hans Küng, alternativa a la jerarquía eclesiástica

Hans Küng es, con muchas posibilidades, el mejor teólogo de la Iglesia Católica  y puede ser considerado, con corrección, como el legítimo sucesor de Karl Rahner. Hoy día es un crítico de la jerarquía eclesiástica y del Papa Benedicto XVI. Al principio de su papado, Benedicto XVI tuvo una reunión con Hans Küng que hicieron parecer que la Iglesia podía aceptar, o al menos tolerar, algunas tesis del teólogo progresista, pero hoy ya se ve que toda esperanza era falsa  y que Benedicto XVI sigue siendo el guardián de la ortodoxia y el teólogo reaccionario que era antes de ser Papa, prueba de ello es que mantiene dialogo con los sectores ultra-conservadores de la Iglesia Católica (sector de tendencias nazis, fascistas y antisemitas).

El Papa Ratzinger, según Hans Küng, lleva a la Iglesia a un desastre y la devuelve a la Edad Media. Realmente es cierto. Ratzinger está demostrando que lo del Papa es un absolutismo cerrado, antes al menos teníamos la esperanza de que el Papa tenía que atenerse a un mínimo consenso de la Iglesia Universal (como el Concilio Vaticano II) y no podía ponerse por encima de él, pero el Papa Ratzinger pone sus tesis personales como absolutas y las pone sobre un Concilio de la Iglesia Universal, lo que supone un total escándalo y lo que rompe el cuerpo de la Iglesia. Es muy complicado lo que ha hecho el Papa y es muy radical, casi supone una amenaza de cisma en la Iglesia y desobediencia a sus propias normas, es una ofensa no al mundo progresista sino a la Iglesia Universal que hizo ese concilio, a las Iglesias de oriente, a las Iglesias locales, a la Iglesia de América Latina y de África, esto supone una total ofensa. Me parece muy bien que el Papa tenga sus teorías, pero me parece espantoso que quiera imponerlas en la Iglesia y para ello se "cargue" teológicamente hablando a todo el que le haga sombra (el mismo Hans Küng, Leonardo Boff, Jon Sobrino...) y dialogue con sectores que odian a la propia Iglesia Católica y al Concilio Vaticano II.

El Papa ha provocado, o más bien ha puesto de acento, una crisis muy fuerte en la Iglesia. Una crisis que es la división, por un lado la jerarquía eclesiástica y por otro lado la Iglesia Pueblo. Ya no es que la Iglesia Pueblo tenga ciertas oposiciones frente a la jerarquía eclesiástica, es que yo diría que ahora mismo la Iglesia Pueblo pasa de la Iglesia jerárquica y tiene por ella un desinterés casi total. Se están haciendo las dos iglesias una a parte de la otra, la Iglesia Pueblo se hace viviendo en el mundo real y en dialogo con él, mientras que la Iglesia jerárquica se está haciendo viviendo en la inopia, enfrentándose a la modernidad con la compañía de algunos católicos "militantes" que la siguen a todas partes y en toda aventura, y también vive en la Edad Media.

Hans Küng siempre ha sido una alternativa a lo que presenta la jerarquía. Frente a la cerrazón de la jerarquía en todos los temas y frente a su dogmatismo, Hans Küng siempre hace una reflexión crítica y razonada. Hay quien dice que es un teólogo rebelde, como si además ser rebelde fuera malo, pero  podemos decir que Hans Küng es un teólogo católico, interesado por la Iglesia Católica y que hace su trabajo teológico a sabiendas de que a otros también les llamaron de todo, a sabiendas de que Congar también fue condenado en su día y más tarde fue nombrado Cardenal y fue un inspirador del Concilio Vaticano II. En tiempos difíciles para el pensamiento cristiano, en los que parece que para hacer una reflexión sobre la sociedad hay que criticar el progreso y las filosofías modernas, haciendo una defensa numantina de la Iglesia (incluido de los errores de la propia Iglesia), Hans Küng presenta un pensamiento sin complejos, en dialogo con la sociedad desde una perspectiva crítica, en dialogo con las demás religiones para buscar una ética mundial de mínimos, y en crítica con la Iglesia para buscar una reforma seria de ésta que la ponga al servició del Evangelio y no al Evangelio a su servicio.

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20 Octubre 2009

Descanse en paz, Enrique Miret Magdalena

Hace una semana aproximadamente moría con 95 años el teólogo seglar Enrique Miret Magdalena. Siempre admiré bastante a Enrique Miret, me parecía una persona sumamente inteligente y aunque por todas partes le acusaban de heterodoxia, a mi me parece que Miret tan solo defendía lo que defendían los juristas católicos del Salamanca (Domingo de Soto etc). Gran crítico de nacional-catolicismo, siempre abogó por una Iglesia más abierta, adelantándose incluso al Concilio Vaticano II.

Ante una jerarquía totalmente reaccionaria y un catolicismo cultural que nos evita conocer la verdadera tradición cristiana en temas importantes (el aborto, el matrimonio entre homosexuales, la eutanasia, el divorcio...), Enrique Miret tomo una postura crítica no en contra del catolicismo sino a favor del catolicismo y de que este fuera conocido correctamente en las corrientes de opinión. Tengo delante de mi ahora mismo su libro "Creer o no creer" que es una recopilación de artículos de Enrique Miret (la mayoría de los que escribió en El País) en los que el teólogo habla de cuestiones que fueron de actualidad, habla de la Ley de Aborto del PSOE en el 83, habla de la Ley de Divorcio, habla de la regulación de matrimonios homosexuales etc... Creo que todos esos que creen que el catolicismo es hacer de la lucha contra las abortistas, contra la homosexualidad o contra la eutanasia una bandera, deben leer este libro y contrastar un poco las fuentes que tienen.

Hombre optimista, que veía en la crisis de las religiones en nuestra sociedad no una ofensiva secular, sino una oportunidad de que las religiones que redescubran a sí mismas y se presenten como lo que realmente son, liberándose de creencias supersticiosas e irracionales. Siempre soñó con una sociedad laica en la que las religiones mantuvieran entre ellas un dialogo coherente, sano y fructífero.

Hombre de críticas tranquilas y constructivas, era difícil ver acidez en sus denuncias (de él tendríamos que aprender los que a veces llevamos una gran carga de acidez en nuestras denuncias). Critico con las instituciones que se creyesen mediadoras ante algo superior y olvidasen su dimensión liberadora y humanitaria, tanto con la Iglesia (que suplantaba a Dios) como instituciones políticas.

Intelectual comprometido con la libertad incluso en los tiempos de la dictadura franquista, defensor de los Derechos Humanos. Uno de los teólogos seglares más destacados de España, algo de lo que siempre se sintió orgulloso. Fue de esos socialistas cristianos, al que llamaban vaticanista, en el que estaban Peces Barba, Fernando Ledesma, Liborio Hierro, Leopoldo Torres, Gustavo Suarez Pertierra, Tomás de Quadra Salcedo y María Teresa Fernández de la Vega, de todos ellos (a mi parecer) Enrique Miret siempre fue el más lucido y más coherente. Un gran admirador y amigo del ex alcalde de Madrid el profesor Enrique Tierno Galván y del Padre Llanos. Duante el gobierno de Felipe González (el de 1982), el ministro de justicia Fernando Ledesma le nombró Director General de Menores.

En lo religioso también fue comprometido, fundador y presidente (del 1996 al 2004) de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, compartiendo tribulaciones con otros teólogos críticos con la jerarquía como José María Díez Alegría, como Juan José Tamayo o como Benjamín Forcano. Amigo, también, del presidente de Mensajeros de la Paz (de la que era presidente honorario) el famoso Padre Angel.

Una persona muy querida, su perdida se ha sentido bastante. El mejor teólogo seglar del Siglo XX, el más brillante. Una gran perdida para la Iglesia Católica y para el pensamiento progresista español. Enseñaba a querer más a los hombres y a Dios, enseñó que es posible respetar las ideas desde las diferencias y también que es posible dialogar entre las religiones.

Nunca se cansó de dar testimonio, nunca dejó de escribir. Para algunos es un heterodoxo  y azotador de obispos que hizo mucho daño a la Iglesias, para otros (entre los que me incluyo) fue un hombre de Dios, un teólogo inteligente y sensible; lo que nadie puede negar es que era un autentico referente y que su muerte es algo que se siente en toda España y la Iglesia Católica. Un pensamiento como el de Miret Magdalena es lo necesario para que España vaya por caminos de paz y de consenso, de acuerdos y de progreso, y para que la Iglesia camine hacia la aceptación de la sociedad laica y de la cultura moderna, a parte del dialogo con otras culturas y un sano sincretismo.

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18 Octubre 2009

¿Caso Forcades? Más bien caso Iglesia Católica

Roma censura todo en la Iglesia y el retroceso es algo que no tiene fin, quieren matar la rebeldía en el pensamiento...que es donde se mata la rebeldía. Ahora una monja, como Teresa Forcades, no puede decir en conciencia su opinión sincera sobre el aborto en un canal catalán (TV3) porque ni en ese pequeño espacio se puede decir una opinión muy acorde con el pensamiento actual sin que suponga un escándalo para el Vaticano y sus inquisidores.

El Cardenal Rodé ha decidido intervenir contra la monja para que se desdiga de sus opiniones acerca del aborto o del sacerdocio femenino. Ya hay quien habla de un "caso Forcades", yo más bien creo que estamos en un "caso Iglesia Católica y es un caso que trae cola. Por un lado defienden el derecho a tomar las calles de unos y por otro lado no dejan que la otra opinión se exprese, aunque sea bebiendo de sus propias fuentes. Quieren convencer no razonando, sino repitiendo e imponiendo y, lo que es peor, irrespetando a la gente con la que hablan, pasando olímpicamente del raciocinio y tratando de manipular sus emociones (Estoy enteramente seguro de que en el cartel del bebe y el lince nunca lo harían con un feto real y la cría de un animal protegido tan feo como es el buitre).

No me cabe la menor duda de que el magisterio eclesial tiene que ser respetado por los católicos, y más especialmente por los teólogos. Pero de la misma manera, no excluyo que un teólogo pueda exponer, sin absolutizar, ideas hipotéticas que puedan hacer avanzar al magisterio y puedan servir de pregunta al magisterio. La gente no tiene porque mirar siempre la Iglesia, la misma Iglesia tiene que mirar de vez en cuando a los hombres y preguntarles "¿Qué puedo hacer por vosotros?" y dejar que estos respondan. Para eso se hizo, en teoría, el Concilio Vaticano II, aunque en la práctica este concilio es como si no hubiese existido nunca.

No se como terminará este tira y afloja entre Teresa Forcades y la jerarquía. El final poco me importa, si sigue pudiendo hablar en la Iglesia mejor, si deja de hablar da igual (como dice Atahualpa Yupanqui, el poeta canta hasta en silencio) y si lo que hace es hablar desde un ámbito no eclesial, en rebelión con la jerarquía, eso tampoco condiciones mucho mi opinión sobre ella (por mi experiencia de vida voy viendo que los mejores cristianos muchas veces son nefastos católicos).

Si puedo decir que para mi esto demuestra el tremendo retroceso de la Iglesia Católica en cuanto a algunos temas. Por algún motivo que desconozco, los efectos de Concilio Vaticano II son totalmente contrarios a sus intenciones fundacionales, la intención era modernizar la Iglesia y ponerla en dialogo y como respuesta lo que estamos teniendo es una Iglesia Católica cada vez mas cerrada en si misma y no solo eso, incluso regresiva. En algunas cuestiones, y el aborto es una de ellas, la Iglesia es más retrógrada ahora que con Pio XI. La moral tradicional católica dice que si una niña es violada y el bebe pone en peligro la vida de la madre el aborto no supone una excomunión para la pobres niña (y tampoco para los médicos, que la han salvado la vida), sin embargo ahora resulta que si una niña violada por su padrastro aborta...pues esa niña tienen una pena de la Iglesia mayor que la que pueda tener su padrastro violador y pederasta, algo totalmente surrealista e irracional. Como decía Chesterton, nos quitamos el sombrero cuando entramos en la Iglesia pero no nos quitamos la cabeza con la que pensamos, aquí no hay un caso Teresa Forcadoes...aquí hay un caso Iglesia Católica que ya se vuelve preocupante, sufrimos una especie de esquizofrenia que nos lleva ha dañarnos a nosotros mismos

Justicia

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21 Septiembre 2009

Ovejas y pastores

Este año es el año sacerdotal y hay que reflexionar sobre el sacerdocio y sobre la crisis del sacerdocio. Existe la idea de que el mayor problema del sacerdocio es que no hay sacerdocio femenino ni tampoco un sacerdocio que no sea célibe (ayer mismo pusieron un reportaje sobre el celibato en TVE).

Efectivamente, estos temas hacen daño al sacerdocio y cierran las puertas del sacerdocio a mucha gente de buena Fe y con vocación; pero hay más problemas. No se trata de permitir a las mujeres que sean sacerdotisas ni tampoco de dejar que los curas se casen, es que hay que cambiar todo el sacerdocio casi de raíz, incluso el planteamiento del mismo que tenemos en la Iglesia Católica (y en las demás iglesias).

Existe la idea de que el pueblo es rebaño y de que el sacerdote es pastor. Ayer mismo estuve en una misa del vicario de la diócesis de Salamanca y no  hacía otra cosa que repetir que los parroquianos son rebaño del pastor. Lo dijo unas diecinueve veces, según conté. Esta idea es dañina para el sacerdocio porque no refleja ni la realidad de la misión que deberían realizar ni la realidad de la misión que realmente realizan la mayoría de los sacerdotes (al menos los que yo conozco personalmente).

Un sacerdote no es un hombre que se pone en el altar, por encima del "rebaño", donde esta Cristo para dirigirse a un público que (pobre de él) es pecador y necesita del sacerdote hasta para saber que son pecadores. Un sacerdote es el que coge el micrófono y en la misa hace preguntas a los asistentes, un sacerdote es el que es plenamente consciente de que el milagro no es que el pan se convierta en Cristo (como si eso fuera una transubstanciación mágica) sino que es el que se da cuenta y es consciente de que el milagro es Cristo presente en la asamblea a la que se dirige. Si se comprende esto se entienden las bellas palabras de Monseñor Romero, "Es fácil ser pastor de este pueblo".

Creo que hay que replantear el sacerdocio y volver a presentarlo. Da la sensación de que los sacerdotes solo son funcionarios de Dios y que solo hay una manera de vivir el sacerdocio. En primer lugar, el sacerdocio no tiene porque ser clerical sino que también puede ser laico. Yo soy laico y soy sacerdote, o al menos es fue lo que dijo el señor que me bautizó como "sacerdote, profeta y rey".

Tendríamos que pensar, los católicos, si lo que tenemos es una crisis de vocaciones para el sacerdocio o si lo que tenemos es una crisis de sacerdocio que no reconoce vocaciones evidentes. Sin ir más lejos, hace casi un año le escribía una carta a un sacerdote llamado Roy Bourgeois (un hombre muy comprometido con la pobreza, con las víctimas de la Guerra Civil de El Salvador y de las dictaduras militares en América Latina) dándole mi apoyo en un momento en el que pasaba grandes dificultades con la jerarquía eclesiástica por su postura favorable al sacerdocio femenino y por su presencia en un supuesto acto de ordenación de sacerdotisas.

Tenemos que pensar en el sacerdocio como un factor positivo de liberación, de comunicación y de dialogo. Hay que ser rebeldes ante la vida y ante las cosas, tener un sentido crítico. Lo contrario es hacer lo que quiere la actual jerarquía eclesiástica, es encerrarnos en la placenta materna, adormecernos, no actuar más que a consignas que nos dan de alguna parte. Eso no puede ser, no se hace el sacerdocio con consignas o con instrucciones canónica (ni que fuera un micro hondas celestial) sino que se hace con la relación que se tenga con el pueblo y con Dios.

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26 Agosto 2009

Cruces

Se está hablando en España de quitar las cruces cristianas de los colegios públicos. La verdad es que la noticia me sorprendió porque yo no tenía ni idea de que en los colegios públicos aún se expusieran cruces cristianas. La decisión a sorprendido a algunos, no han faltado católicos que dicen que es un atentado contra la religión y toda una agresión. Yo no creo que lo sea y creo más bien, que conviene relajarse un poco. Hay que tener en cuenta que vivimos en un estado aconfesional y laico, o por lo menos un estado que aspira a ser ambas cosas.

Por algún motivo la antigua ley de libertad religiosa no ha funcionado, más que nada porque la Iglesia Católica es la Iglesia del Estado Español aunque no sea la Iglesia de la Fe de todos los españoles. Eso, parece ser, se puede deber a que en España lo que hay no es un estado aconfesional real, tampoco hay un estado laico, simplemente hay una cierta libertad religiosa dentro de un estado que sigue dando posiciones de privilegio a la Iglesia Católica, esa es la dura realidad.

Por eso el gobierno quiere hacer otra Ley de libertad religiosa, esta ley tiene la intención de pasar de la simple libertad de religiones a la igualdad de todas estas. El tema es complicado, si bien es cierto que la mayoría de la sociedad españoles se confiesa católica, también es verdad que es una minoría de esa mayoría (y además una minoría muy grande) la que practica la Fe, y es una minoría aún más grande la que profesa los dogmas de esa Iglesia o las posturas de esa Iglesia en tema como la familia, los preservativos o la educación. Eso también deberían tener en cuenta los obispos y cardenales a la hora de elaborar su discurso, porque muchas veces se manipulan datos y se falta a la realidad que se palpa en España: somos un país con Fe en Jesús (y por lo tanto, con sentido eclesial) pero no somos un país tradicionalista católico.

Muchos católicos nos sentimos cómodos viviendo en un país donde todos somos iguales, todas las Iglesias y todas las religiones. No me da miedo que el budismo, el hinduismo o el islam tomen y ocupen espacios públicos, son religiones muy santas en las que también se revela Dios y es una gran oportunidad el dialogar con ellas. Creo que si la aspiración es un estado en la que todas las religiones sean iguales, lo favorable sería (en primer lugar) cambiar nuestra constitución que deja a España como un estado aconfesional pero con la Iglesia Católica como querida, aunque podemos aprovechar la ambigüedad de ese artículo para no pasar por el duro trago de tener que andar reformando cosas. Desde luego, si lo que se pretende es la igualdad, o se quitan las cruces de los colegios públicos, o empiezas a poner al lado también la estrella de David y la media luna de los islámicos.

Tengo que admitir que el gobierno socialista, del que he discrepado y sigo discrepando en muchos puntos (pues a saber; la economía, en su día la lucha contra el terrorismo, la inmigración, la política exterior que tiene...) tiene una gran visión de lo que debe ser la religión en la sociedad democrática, la religión (tal y como la entendemos ahora) es algo que no puede con la globalización. Eso es lo que creo que piensa este gobierno, y por lo tanto el gobierno aspira ha la creación y aportación de una gran ética mundial, una ética que englobe a todas las civilizaciones en unos mínimos, una unión de todas las culturas y religiones en contra del terrorismo y de la violencia de cualquier tipo. Eso es la Alianza de Civilizaciones de la que tanto habla (o más bien hablaba) el gobierno español.

En realidad, la Alianza de Civilizaciones, por desgracia, no es muy practicada y no veo yo que eso avance mucho en el sentido de realizarse en la práctica. Con la Alianza de Civilizaciones me pasa como le pasaba a Mahatma Gandhi con las democracias occidentales, veo que la idea es buena pero no ve que las prácticas políticas se ajusten mucho esas ideas que dicen defender políticamente. Pero sin duda la Alianza de Civilizaciones es una necesidad mundial, la necesitamos, son importantes cosas como los encuentros de Asís, cosas como las conferencias ecuménicas o la experiencia de la comunidad de Taize; sin duda, el discurso de Obama en el Cairo es un buen paradigma también. Creo que es a eso a lo que tenemos que aspirar, eso es lo favorable.

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18 Agosto 2009

Una Iglesia exclusivamente revolucionaria

Ernesto Cardenal habló en Chile de su esperanza en que un día la Iglesia sea exclusivamente revolucionaria. La idea puede parecer desternillada, pero en realidad no lo es. Está claro que la Iglesia sufre una fuerte crisis y que esta crisis desembocará en una Iglesia totalmente diferente, situada en un lugar diferente al que tuvo antaño. Por desgracia la jerarquía vive esto con miedo, no con esperanza y acogimiento. Yo creo que lo que tenemos que hacer no es encerrarnos en nuestra sacristía y comportarnos como unos talibales, sino que tenemos que abrirnos a la sociedad y buscar nuestro lugar en ella.

Karl Rahner decía que la Iglesia del Siglo XXI sería mística o no sería. Jon Sobrino, sin embargo, dice que la Iglesia o será pobre o no será; Ernesto Cardenal dice que la Iglesia será revolucionaria porque es lo que tiene que ser. Las tres cosas está muy relacionada. Hace poco estuve en una charla de Juan de Dios Martín Velasco y lleve para que me firmara, como recuerdo de ese encuentro, un libro llamado "Mística y humanismo", guardo con mucho cariño esa dedicatoria porque me pareció preciosa: "Un recuerdo de nuestro encuentro en Salamanca, para que se anime a se místico de ojos abiertos", ¿No es bello? Místico de ojos abiertos.

Si una persona es mística y tiene los ojos abiertos a su mundo y a su sociedad, se da cuenta enseguida de que los pobres ocupan un espacio importante en el Evangelio de Jesús y rápidamente llega a la conclusión de que la Iglesia se tiene que encarnar en esa realidad y tomar una opción por ella. Una Iglesia que es mítica de ojos abiertos, es también una Iglesia que opta por los pobres.

Cuando la Iglesia opta por los pobres, rápidamente se da cuenta de que la caridad aunque sea buena es insuficiente, no basta la caridad sino que hay que darse del dolor. Es decir, hay que optar radicalmente por ellos y darles voz y voto, no darles el pez sino enseñarles a pescar. Asía la Iglesia comienza una relación con los pobres que supera la mera ayuda socio-caritativa, la Iglesia pasa a ser una Iglesia de los pobres. No son los pobres ayudados o salvados por la Iglesia, sino que la Iglesia se encarna en el mundo pobre y se deja evangelizar por él. Es entonces cuando la Iglesia se convierte en un fenómeno positivo de movilización social a favor de los pobres, está movilización es un autentico cambio social y por lo tanto podemos decir que es una revolución. Una Iglesia que opta por los pobres es una Iglesia revolucionaria, que opta por el cambio a favor de los pobres, opta por reversar la historia o por revolucionar a los pueblos. Eso es positivo.

Sin duda, la Iglesia mística, pobre y revolucionaria es una esperanza que sigue viva, aunque muy maltrecha después de los ataques del imperialismo, de las dictaduras militares y del conservadurismo y tradicionalismo religioso (incluido el católico).

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4 Agosto 2009

Una Iglesia que camina

 El poeta y sacerdote, Ernesto Cardenal, dice que es necesario hacer en la Iglesia reformas para que la mujer pueda acceder a más ministerios en la Iglesia, incluyendo el sacerdocio o incluso el papado. No resulta raro ver a Ernesto Cardenal decir algo en esta línea, él es un enamorado de la Revolución y de una Iglesia "revolucionaria" entendida desde las realidades de la pobreza.

En la Iglesia se da el problema de que hay una gran división entre sus bases y su jerarquía. La idea debería ser que las bases desarrollasen, pensasen, sintiesen y reflexionasen la Iglesia; recreando la Iglesia desde lo mínimo de lo mínimo. La jerarquía debería dejar a las bases reflexionar en libertad y luego enriquecerse de algunas de sus reflexiones, tenerlas en cuenta. De esa manera la tensión entre Iglesia-Pueblo de Dios e Iglesia-institución sería una relación justa que enriquecería a ambas partes y renovaría enormemente la vida eclesial.

Por desgracia esto no es lo que sucede. La Iglesia, por desgracia, es una férrea dictadura de unos pocos. Quieren sacar todo pensamiento libre de los foros públicos, donde esos libres pensamientos podrían ser escuchados. Si eres un profesor y no opinas como tienes que opinar, como te lo exige la militancia, te expulsan de tu puesto de profesor. Si te vas al ámbito laico, te reprochan la traición (a saber cual...) y presionan con todos los medios a ese ámbito para que te cierren las puertas. Eso es lo que pasa en la Iglesia Católica, y es una desgracia porque tiene unas bases eclesiales que valen su peso en oro.

En la Iglesia, si alguien no opina como el líder siempre acaba viendo como es institucionalmente excluido, aunque muchas veces es bien aceptado por las bases y su tensión con la jerarquía no desgasta ni su Fe ni su vida comunitaria, tampoco su vida eclesial y menos aún su relación personal con Dios. Son muchos los teólogos u otros agentes de la Iglesia que se tienen que alejar de la institución precisamente para hacer aquello que estaban haciendo antes de chocar con la jerarquía, aquello por lo que se consagraron. José María Diez-Alegría y José María Castilla se tuvieron que salir de la Compañía de Jesús para que los obispos de España les dejaran publicar en paz, Ernesto Cardenal y los sacerdotes revolucionarios tuvieron que renunciar a su sacerdocio para poder hacer su aporte a la Revolución Sandinista, grandes teólogos como Leonardo Boff, Hans Küng o Torres Queiruga dan clases en universidades civiles y están en ámbitos laicos porque en la Iglesia Católica poco o nada les dejan hacer, Boff incluso tuvo que renunciar a su ministerio sacerdotal y secularizarse para que la jerarquía le liberará. Esa es la situación en el que se encuentra la Iglesia, una situación de dictadura ferrea, donde todo pensamiento libre o todo tipo de crítica es leída como una amenaza exterior o una infiltración de fuerzas misteriosas y malévolas.

Dejando esta polémica, esta gran crisis en el interior de la Iglesia que la está consumiendo, podemos decir que Ernesto Cardenal simplemente dice lo que diría cualquier persona que ve la Iglesia Católica, ve las Iglesias locales, sus vidas y reflexionan sobre ello. La mitad de la Iglesia Católica, incluso más, está compuesta por mujeres. La mujer es uno de los elementos más importantes de la Iglesia, es importante hasta el punto de que el mismo Evangelio nos habla de la importancia de la mujer en el Reino de Dios y en al comunidad. Los obispos dicen que Jesús no ordeno a ninguna mujer (tampoco a ningún teólogo, ni a ninguna persona que no fuera judía, ni a ningún negro...ni siquiera a ningún católico), pero omiten que fue una mujer la primera que anunció la resurrección de Jesús.

No podemos negar la importancia de la mujer y no podemos tratar a la mujer como si fuera, eclesialmente, una menor de edad. La mujer es importante para la Iglesia y debe de poder ejercer el sacerdocio, de una cierta manera no oficial las mujeres se comportan como las grandes sacerdotisas de nuestra Iglesia. Juan Pablo II dijo que las mujeres nunca serán sacerdotisas, pero no debía tener mucha Fe en ello porque en lugar de esperarlo y confiar en que Dios nunca permitirá que eso suceda, lo que Juan Pablo II hizo fue ordenar, mediante un documento (que fácil y que antievangélico es hacer todo a golpe de leyes dictatoriales y personalistas), que las mujeres jamás tenga acceso al sacerdocio. Tal cosa es un atrevimiento, incluso yo diría que es una ofensa para la Iglesia y para el Espíritu Santo. Yo creo que la mujer conseguirá, gracias a su trabajo silencioso, abrirse un paso en la Iglesia Católica y todo ello a pesar de las trabas que la jerarquía ponga (y de hecho, pone); no me hace firmar ninguna ley ni ningún documento, tengo Fe ciega en Dios y en que Dios está con las pequeñas y humildes mujeres de su Iglesia, por una parte santa, pero por otra parte (y me da que esto tiene mucho que ver con la parte más burocrática e institucional) tremendamente pecadora.

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3 Agosto 2009

Entrevista a Pedro Miguel Lamet

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