Hace 129 años, el día 14 de marzo, murió Karl Marx a la edad de 65 años. Murió con su trabajo no desarrollado del todo, mientras escribía "El Capital" y organizaba la Internacional Comunista. Sería un mentiroso si dijera que jamás he leído a Marx, lo he leído, me leí hace bastante tiempo el "Manifiesto del Partido Comunista" y me leí recientemente "El Capital" así como "La miseria de la filosofía".
Su influencia es innegable. Hizo unas erráticas previsiones sobre la evolución económica, acertó en otras, diseñó el mejor método de análisis histórico así como un desastroso sistema de gobierno. A sido inspiración de revoluciones que han marcado un periodo de la historia, ahí queda la Revolución Rusa que tumbó al Zar, la Revolución China o la Revolución Cubana. Su influencia no se ha delimitado solo a esa franja ideológica comunista sino que su método de análisis ha sido aceptado incluso en ambientes tan extraños al marxismo como pueda ser la Iglesia Católica.
Es un personaje odiado, desprestigiado y atacado constantemente con radicalidad por aquellos que ven en él una amenaza y no le conceden ni un solo método. El más detractor de los marxistas debería ser el primero en no tener ninguna dificultad para admitir aquellas cosas buenas que la teoría de Marx aportó. En estos días, desgraciadamente, en ciertos ambientes la simple mención de Marx crea incomodidad.
Muchos de los que hablan mal de Marx no entienden ni al autor ni a su época. Karl Marx es un hombre que vivió la crisis de 1830 y las revoluciones de 1840. Él sencillamente quiso hacer un método de análisis que comprendiera esas crisis de la economía y que a su misma vez, esto ya era algo ambicioso en su época, interpelase a la Clase Obrera a ser un elemento protagonista para llevar a cabo una revolución que transformase el sistema económica y acabase con sus contradicciones.
Marx creía que la propiedad privada dividía a los hombres entre aquellos que tenían las propiedades, pudiendo vivir de su explotación, de aquellos que tan solo tenían sus manos para trabajar a cambio de un salario. Para él la lucha entre estas dos clases con intereses contrarios era el motor de la historia, de ahí que propusiera superar ese sistema mediante una sociedad socialista que superase esas diferencias y acabase con la propiedad privada. El Estado y la religión tan solo eran herramientas de la clase burguesa para oprimir al proletariado, al igual que las ideologías.
Hoy en tiempos de crisis estamos viendo que esa lucha de clases sigue viva, que están los que tienen propiedades y defienden sus intereses contra los que solo tienen sus manos para trabajar y son explotados para la explotación más barata de aquellas materias primas. Los recortes son buena prueba del lado del que está el Estado y la manera en la que la clase financiera y la clase empresarial a succionado a la clase política. Ante eso la clase obrera debiera estar unida y dispuesta a utilizar sus herramientas de lucha, el día 29 de este mes hay una Huelga General en España por la Reforma Laboral de Mariano Rajoy.
Las interpretaciones políticas han sido muchas a lo largo de la historia. Los leninistas interpretaron que el Partido Comunista tenía que ser el partido que hiciera de vanguardia para una clase obrera que algún día se levantara contra el Estado burgués para derrocar mediante la revolución sus estructuras e instaurar un nuevo estado socialista donde la propiedad privada y la sociedad clasista desaparecieran. El comunismo consejista creía en la revolución pero no entendía que tuviese que ser la vanguardia el Partido Comunista sino que ellos pensaban que esa revolución para imponer el estado obrero tenía que ser una revolución de una clase obrera auto-organizada. Los socialdemócratas y los eurocomunistas negaron el papel fundamental de la revolución y defendieron la vía parlamentaria, reformista, para poder lograr los cambios que permitan deshacer la sociedad de clases.
Hoy la reflexión sobre Marx sigue siendo algo compleja; ¿Hay marxistas?, ¿Existe una ciencia marxista o debemos hablar más bien de un científico que analiza y se llama Karl Marx? Son debates que existen aún hoy y que se seguirán desarrollando por los interesados en su pensamiento.
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El domingo por la noche me enteré de que había fallecido el teólogo, filósofo y antiguo salesiano italiano, Giulio Girardi. Para los que hemos crecido educados en una Fe en la Iglesia Católica que hemos intentado compatibilizar con la lucha democrática y socialista, Giulio Girardi era un referente.
Fue un teólogo importante en la renovación de la Iglesia Católica en los tiempos del Concilio Vaticano II. Profundo conocedor del marxismo y del ateísmo, fue llamado en 1960 como perito para participar en el Concilio, donde fue uno de los inspiradores de Gaudium et Spes. Fue uno de los referentes del diálogo entre cristianos y marxistas que tomó especial impulso a mediados de los sesenta.
Hombre de mundo, sobrepasó las fronteras de Italia y se convirtió una figura importante en América Latina. Ahí desarrolló buena parte de la Teología de la Liberación, siendo uno de los teólogos de la liberación europeos más importantes (y uno de los primeros).
Cuando en los años 70 nace en Chile el movimiento "Cristianos por el Socialismo", Giulio Girardi se siente atraído por el movimiento. Eran unos tiempos en los que el espíritu del mayo del 68 invadía a buena parte del clero, que se volvió contestatario y comenzó a hacer reflexiones que ponía en entredicho la doctrina ortodoxa tradicional. Giulio Girardi intentó, en la medida de lo posible (porque los obstáculos de la jerarquía eclesiástica fueron muchísimos), exportar este movimiento a Italia de la misma manera que Alfonso Comín lo quiso implantar en España.
Su compromiso con los pobres y sobre todo su implicación política con el socialismo le trajeron problemas, fue expulsado de la orden salesiana, suspendido "ad divinis" (o como dice Ernesto Cardenal, "ad humanis") y se le impidió impartir clases en cualquier universidad católica. Esa Iglesia Católica en la que él tanto creía y que esperaba de ella que tuviese un lugar en otro mundo mejor posible, le había rechazado y le había dicho "no" a sus ilusiones.
Pero sería falso decir que Girardi se rindió o bajó los brazos, era de esas personas combatientes que no se rinden. En 1980 apoya la Revolución Sandinista, en la que la Teología de la Liberación tuvo una vital importancia. A partir de la caída del muro de Berlín y la enorme crisis de la izquierda, con un comunismo fracasado en Europa del Este y una Iglesia con nuevos retos incapaz de resolver los que antaño quiso vencer, Girardi entra en una nueva fase de su trabajo intelectual no menos interesante que el anterior pero si más desconocido: el ecumenismo.
En los años 80 Girardi comienza a trabajar por el ecumenismo en Nicaragua, así como en el dialogo con los pueblos indígenas. A partir de esos años emprende viajes anuales a Cuba para trabajar ahí también la faceta del ecumenismo. Participa en la Asamblea del Pueblo de Dios donde grupos cristianos de diversas confesiones reflexionan y viven la liberación cristiana desde el reconocimiento de las raíces indígenas de los pueblos de América Latina. Este tipo de movimientos se desarrolló con especial fuerza a lo largo de los años noventa y continúan hasta hoy.
En Europa, Girardi apoya el movimiento "Nosotros Somos Iglesia", importante en Europa a partir del año 2000, que exige reformas importantes dentro de la Iglesia Católica para que cambie el papel de la mujer, se revisen ciertas doctrinas y se inicie una reforma que dé a los laicos la importancia que se merecen dentro de la comunidad eclesial. Sabiendo todo esto, no es de extrañar que fuera opuesto a la beatificación de Juan Pablo II, del que fue un duro crítico.
Su muerte es una pérdida, no demasiado mencionada en la prensa (tan solo en la sección religiosa de Periodista Digital y en un blog de Intereconomía, no muy agradable, he visto mención a la muerte de Girardi). Fue un teólogo significativo para muchos católicos, su memoria perdurará por los tiempos y su obra será una inspiración para los que estamos indignados con el mundo en que vivimos y queremos otro mundo mejor posible.
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Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, una ciudad en la provincia del Bajo Rin del Reino de Prusia. Fue el tercero de siete hijos y su ascendencia era judía, su abuelo fue rabino de Tréveris y su otro abuelo fue rabino holandés. El adre de Karl recibió una educación laica. Su familia era de clase media, relativamente próspera, era poseedor de algunos viñedos y se convirtió al protestantismo, era un abogado ilustrado, interesado en las ideas de Kant y Voltaire, participó en las protestas por una constitución y por las reformas políticas en una Prusia donde imperaba la monarquía absoluta. La madre de Karl era judeo-holandesa, era semi-analfabeta, una mujer muy dedicada a su familia.
La infancia de Marx fue alegre y despreocupada entre sus hermanos. Fue educado en privado hasta 1830, cuando entró en el Gimnasio Federico Guillermo de Tréveris, que luego fue dirigido por un amigo de su padre (Wyttenbach). Wyttenbach había dado empleo a muchos humanistas liberales, algo que enfureció al gobierno e hizo que la policía alemana desmantelara la escuela en 1832, descubriendo en su interior libros a los que acusaban de sembrar ideas liberales en las mentes de los estudiantes. En 1835, Marx comenzó a asistir a la Universidad de Bonn, donde quería estudiar filosofía y literatura, pero su familia le condicionó a hacer derecho. Evitó el servicio militar obligatorio por sufrir debilidad de pecho. Fue aficionado a la bebida alcohólica e incluso estuvo en el Club de la Taberna en Tréveris, una asociación de bebedores de la que llegó ha ser copresidente. Marx se interesó más en beber y socializar que en estudiar derecho, sus bajas notas hicieron que su padre lo trasladara a la Universidad de Berlín, donde sus estudios de derecho se hicieron menos importantes que las excursiones en filosofía y la historia.
En 1836, Marx se comprometió con una baronesa de la clase dirigente prusiana llamada Jenny von Westhalen, que dejó a un alférez aristocrático para estar con él. Su matrimonio fue cantoso para la época, una joven aristócrata con un joven judío. La amistad Marx con el padre de Jenny (de ideología liberal) hizo más fácil la relación. Marx le dedicara su tesis doctoral “Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro”. La pareja se casó siete años más tardes, en 1846, en la Iglesia de San Pablo en Bad Kreuznach.
Marx se interesó por la obra del filósofo alemán Hegel, cuyas ideas eran debatidas en los círculos filosóficos del momento. A Marx le ponía enfermo tener que hacer un ídolo de un punto de vista que detestaba. Se unió a un grupo de estudiantes radicales conocidos como los jóvenes hegelianos, reunidos en torno a Ludwig Feuerbach y Bruno Bauer. Los jóvenes hegelianos fueron críticos con los supuestos metafísicos de Hegel pero adoptaban su método dialéctico con el fin de criticar a la sociedad, a la política y la religión establecida. Marx se hizo amigo de Bauer con el que consultaba sobre cualquier problema de la época, incluso de temas personales. En esa época Marx se centró en la crítica a Hegel y a algunos jóvenes hegelianos de la época.
Marx escribió para su disfrute obras de ficción y de no ficción. En 1837, completó una novela corta titulada “Escorpión y Fénix”, un drama llamado “Oulanem” y poemas que nunca fueron publicados. Pronto dejó de escribir ficción y se centró en otras actividades, como el aprendizaje del inglés y el italiano.
Estaba comprometido con su tesis, que finalizó en 1841. En ella defendía el ateísmo de Epicuro, un filosofo antiguo que se oponía a la creencia de Dios, una tesis polémica, sobre todo entre los profesores más conservadores de la Universidad de Berlín, por ello Marx la presentó en la Universidad de Jena, más liberal. Esa universidad le concedió el doctorado.
Marx se volcó al periodismo, se trasladó a Colonia en 1842 y empezó a escribir para el periódico radical Gaceta Reanana y expresó ahí sus ideas cada vez más socialistas. Criticó a los gobiernos de Europa y sus políticas, también criticó a los liberales y a otros miembros del movimiento socialista cuyas ideas le parecían idealistas e impracticables, incluso en ocasiones anti-socialistas. El periódico finalmente atrajo la atención de los censores del gobierno prusiano, que revisaron cada tema que fuera material que pudiera ser sedicioso antes de que se imprimiera. Marx publicó un artículo en el que criticaba la monarquía de Rusia, concretamente a Nicolás I, un aliado de la monarquía prusiana. La Gaceta Renana fue cerrada en 1843. Marx criticó desde un artículo en una revista para jóvenes hegelianos las instrucciones del rey Federico Guillermo IV de Prusia para la censura de La Gaceta Renana, irónicamente ese artículo fue cancelado y Marx tuvo que salir de Colonia para París.
En París comenzó a escribir en otros periódicos radicales como Anales Franco-Alemanes y Vorwarts!, así como una serie de libros, los cuales algunos fueron escritos por su amigo Engels. En 1845 fue exiliado a Bruselas, en Bélgica, donde se convirtió en una importante figura de la Liga Comunista, antes de regresar a Colonia donde fundó La Nueva Gaceta Renana. En 1849 se exilió a Londres junto con su esposa y sus hijos. En Londres la familia vivió austeramente, Marx siguió escribiendo y formulando sus teorías sobre la sociedad y como debía mejorarse, defendiendo el socialismo y convirtiéndose en una figura importante de la Primera Internacional.
Las teorías de Marx sobre la sociedad, la economía y la política sostienen que la sociedad avanza a través de la dialéctica de la lucha de clases. Fue muy crítico con la forma socioeconómica de su época, el capitalismo, al que llamó dictadura de la burguesía, un sistema que a su ver estaba acaudalado por las clases altas y medias para su propio beneficio, predijo que inevitablemente se producirían tensiones internas que lo llevarían a su propia destrucción y que sería reemplazado por el socialismo. Sostuvo que la sociedad socialista sería regida por la clase obrera, sería una dictadura del proletariado, el Estado obrero o la democracia obrera. Creía que el socialismo sería a su misma vez reemplazado por una sociedad sin Estado y sin clases, el comunismo puro. Marx luchó activamente para implementar el socialismo, argumentando que los teóricos sociales y las personas desfavorecidas debían realizar una acción revolucionaria organizada para derrocar el capitalismo e iniciar el cambio político.
En su vida Marx fue una figura desconocida, pero sus ideas y su teoría comenzaron a ejercer influencia sobre los movimientos socialistas poco después de su muerte. Los gobiernos revolucionarios socialistas basados en los conceptos de Marx tomaron el poder en varios países durante el Siglo XX, llevando a la formación de Estados socialistas como la URSS o la República Popular de China. Estas revoluciones socialistas llevaron a variaciones teóricas sobre lo dicho por Marx como el Leninismo, el Trotsikismo, el Estalinismo y el Maosimo. Marx es uno de los arquitectos de la ciencia social moderna y es una de las figuras más influyentes de la historia de la humanidad. Sin duda es el pensador más importante del milenio pasado.
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