La lectura del Evangelio de hoy es una lectura preciosa, es una de mis lecturas favoritas del Evangelio. Es la historia de cómo Jesús de Nazaret salva la vida de una prostituta. Los guardianes de la ley llegan con ella y la acusan de adulterio, entonces Jesús (que mientras le hablan está escribiendo en el suelo) se levanta y les dice que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Los guardianes de la ley se fueron yendo, uno por uno, empezando por los más mayores. El mensaje del Evangelio de hoy es tremendo y es de gran actualidad.
Muchos estamos encantados de habernos conocido, reprochamos a los demás sus miserias sin saber ver nuestras miserias propias. A veces lo hacemos de manera agresiva, otras veces lo hacemos con una falsa piedad e inocencia. Damos gracias a Dios por no ser como el drogadicto, como el criminal, como el parado, como el colgado o como el monstruo. Ante esas oraciones, Dios toma la opción que toma en la parábola del publicano y el fariseo, toma opción por el pecador que pide perdón antes que por el guardián de la ley que se siente tan orgulloso de ser quien es.
Me ha impactado mucho el suceso del asesinato de Marta del Castillo, sobre todo por la gran crueldad del asesinato (una menor) y luego por la manera en la que los criminales están jugando con la justicia española y se están riéndose de la familia de la víctima. Pero también me llama la atención como este suceso ha puesto de relieve nuestro sistema social, sistema social que difiere mucho de lo que el Evangelio nos enseña hoy.
Ahora hay unos blancos púbicos, unos monstruos. Son seres abominables, humanos horrendos o la belleza en negativo. La sociedad, por desgracia, tiende a crearse sus propios monstruos, es como si en parte los necesitara para sentirse mejor y justificar sus propios errores. Nos creemos mejor que esos monstruos y nos creemos que somos quien para juzgarles, ¿Lo somos de verdad? Habría que preguntarse eso antes de comportarnos como personas que desean ver al monstruo de la sociedad sacrificado ante el altar de nuestra inocencia.
Nos estamos creando monstruos ante los cuales la piedad es poco menos que un delito y la misericordia es debilidad. Parece increíble, pero así es. Nos creemos mejores que los asesinos de Marta del Castillo (o de otros criminales) ¿Lo seremos de verdad? Esos monstruos no salen de la nada, salen de los errores de nuestra sociedad. La historia del asesino y de los colaboradores con el asesinato es tremenda. Familias desfragmentadas que en absoluto han servido como referente, cierta marginalidad social...la historia es tremenda. Nosotros ¿Qué?, ¿No tenemos culpa en eso? Hay un sistema judicial, es bueno, juzga a los criminales con la idea de reinsertarlos en la sociedad (no de castigarles y proporcionarles una vengativa tortura); no hagamos nosotros de jueces morales cuando tampoco tenemos mucha autoridad para hacer juicios de quien es buena persona, quien merece vivir (por ahí hay gente que habla de pena de muerte) o quien merece pasar toda su vida a la sombra (por la cadena perpetua, una idea que va contra los valores sobre los que se apoya nuestro país).
Aquí, en este caso y en otros muchos que no han trascendido a los medios de comunicación, se ve la cosa como una guerra entre el bien y el mal, el orden y el desorden, la protección y la barbarie. Yo lo que veo es un desorden total, que permite que unos niños no tengan familia y por lo tanto no tengan un buen referente, veo un gobierno que ve como más importante reformas en la constitución por ver si tenemos sucesión femenina que en la protección de la vida, de las familias y la transformación de esta sociedad que reclama cabios sociales, veo un padre sufriendo porque no consigue encontrar el cuerpo de su hija, veo al vida de una niña acabada y veo al vida destrozada de dos jóvenes y un niño (que no sé si antes tendrían una vida que les hiciera realmente feliz). El caso de Marta del Castillo, el caso de familias desfragmentadas, niños que pasan casi su vida en la calle sin referentes adultos que den ejemplo, el caso de la violencia de género, el caso del asesinato...no es una cosa de ahora, no es un caso concreto, hay muchos similares (solo que los medios de comunicación no ven una oportunidad para hacer tanto morbo para sacar dinero). Yo no quiero juzgar personas concretas (eso a lo hará Dios), ni quiero juzgar los delitos (que ya lo hará nuestro sistema judicial), yo quiero reflexionar sobre lo que ha pasado y pensar en la responsabilidad que todos hemos podido tener en este suceso y muchos similares. No nos creamos tan perfectos y tan jueces, no tiremos la primera piedra...o por lo menos, antes de atrevernos a tirarla, reflexionemos sobre nuestras propias miserias. Veamos estos dramáticos sucesos no a la luz de programas morbosos de la televisión sino a la luz del Evangelio de hoy.
Justicia
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Si creyéramos que el Evangelio de hoy (Jn 12, 20-33) nos transmite un Dios que nos reclama nuestro sufrimiento, estaríamos cometiendo un error muy grave. Dios no quiere el sufrimiento de los hombres. La Iglesia debe insistir mucho en que el Padre no quiere que sus hijos sufran, si alguien saca la conclusión de que Dios quiere nuestro sufrimiento, ese alguien cree en un Dios que no es ni padre ni madre, ni siquiera es madrastra. Dios no es un vampiro que necesite e nuestra sangra ni la salvación tampoco es algo que nos ganamos a base de sufrir en nuestra vida temporal. Antonio de Mello, un sacerdote jesuita, decía que tenemos la manía de decir de Dios cosas que no diríamos de ninguna persona decente. Es decir, que muchas veces ponemos y achacamos a Dios actos que no esperamos ni siquiera de las personas que menos nos quieren.
El Evangelio nos dice que el grano de trigo tiene que morir para dar fruto. Dios no quiera la muerte, sino que quiere el fruto, quiere la vida. Desgraciadamente, en nuestro mundo, la defensa de la vida pasa muchas veces por la muerte. Traigo a mi cabeza la historia de los Jesuitas de la UCA, que fueron asesinados en 1989 por defender la vida y los Derechos Humanos en El Salvador. Fue un grano de trigo que cayó muerto, pero que ha dado fruto, hoy El Salvador es un país con aspiraciones de progreso y donde la dictadura (cada vez más) va pasando a ser algo que el pueblo salvadoreño va superando.
El Evangelio nos llama a comprometernos con otra manera de ver la vida que la rescata desde una comprensión digna de esta. Es decir, no solo nos llama a defender en público los Derechos Humanos sino que nos llama a defender esos valores en todas las esferas de la vida, en cada momento, comprometiendo toda nuestra vida con ese rescate de la dignidad de la vida. Muchos cristianos, mártires, como Monseñor Romero (que hablaba sobre el aniversario de su asesinato en mi post anterior), son un testimonio de lo que supone un compromiso total con los pobres, con los Derechos Humanos y con la vida. El Evangelio de hoy no pide simples defensores de justas causas, no pide simples líderes de causas políticas justa; el Evangelio de hoy nos pide testigos, nos pide profetas y nos pide mártires. Hoy recibo la noticia de que la salud del misionero Vicente Ferrer empeora, ahí hemos tenido una vida que ha sido testimonio y profetismo. La Iglesia, el mundo, necesitan de figuras así.
Dios sabe que tememos a la muerte, somos humanos. Jesús mismo pasó por ese miedo a la muerte, ahí tenemos la oración en el Huerto de los Olivos. Jesús lloró y grito, pidió a Dios que aparatará de él ese cáliz, quiso renunciar a su misión histórica. Muchos de nosotros renunciamos a nuestra misión histórica, si es que la hemos aceptado alguna vez. Son comportamientos comprensibles, comportamientos humanos que han tenido todos los mártires de la Iglesia. Jesús consiguió superar esa angustia por la fuerza que Dios le daba, este Evangelio nos da fuerzas a nosotros para aceptar nuestra misión ante la realidad que tenemos en frente.
Si este Evangelio nos transmite un mensaje pesimista y un llamamiento a que suframos, pensando que con eso Dios se contenta, estamos cometiendo un error funesto. Pero si sabemos ver en este Evangelio una fuerza para que nos comprometamos mas con nuestro mundo y con la defensa de la vida, la lectura de este Evangelio habrá sido un encuentro con la Buena Noticia del Reino de Dios
Justicia
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El evangelio de hoy (Jn 5, 1-3. 5-16)nos habla de un hombre enfermo y solo, un hombre que no tenía a nadie. Ese hombre se encuentra con Jesús, que le cura en sábado y con ellos polemiza con los guardianes de la ley. Lo hace sin quererlo, a Jesús no le gusta polemizar sino que le gusta más pasar haciendo el bien y ayudando a los hombres. Sin embargo es motivo de polémica precisamente por ese querer hacer el bien a los hombres, hace el bien a los hombres incluso cuando ese bien choca con la ley.
En nuestra situación actual podemos ver ejemplos claros de esto. Lo vemos en nuestra vida diaria, a veces para ayudar a alguien en apuros tenemos que renunciar a cosas que para nosotros son importantes e incluso capitales, la gente muchas veces no lo entiende y cree que es una locura. También vemos como se impone el pensamiento de que lo legal es lo moral, es decir, que algo que es aceptado por la ley es automáticamente bueno y algo que la ley no acepta es automáticamente malo. Se hace un proyecto de ley que permite el aborto de los niños antes de 16 semanas, y se permite en 20 semanas si el feto tiene mal formaciones (habría que ver qué mal formaciones) y así se cree que la decisión de abortar es automáticamente buena y nunca algo reprochable. Sin embargo, también se formula una ley de extranjería que convierte al inmigrante sin papeles en un delincuente perseguido y a todo el que le ayude en un cómplice de su delincuencia (aunque simplemente le dé un puñado de monedas para que coma o una cama en su casa para que duerma una noche), se cree por ello que automáticamente ayudar a las personas inmigrantes es malo. Tenemos una sociedad que se escandaliza ante la oposición al aborto, pero que sin embargo no se escandaliza ante la realidad de las mujeres desprotegidas, ante la realidad de mujeres que se quedan en la calle por quedar embarazadas, ante el escándalo de la pederastia (porque la pederastia también existe en España).
Hay una campaña de la Conferencia Episcopal hablando de la nueva ley que se quiere hacer sobre el aborto. Probablemente la campaña necesita de tantas matizaciones y de tantas revisiones como la misma ley. Yo no quiero que aquí se interprete un discurso político o una suma a una campaña que, sinceramente, tampoco me interesa mucho. Pero si quisiera poner de relieve que no todo lo bueno es legal ni todo lo legal es bueno, que Jesús muchas veces nos pone contra el estado de las cosas e incluso contra algunas leyes de un contenido totalmente contrario al proyecto de Dios, un proyecto que es personal pero que también tiene unas implicaciones sociales y políticas.
Esta contradicción entre la ley o la tradición con lo cristiano y con el bien de la humanidad es algo que tenemos que tener también en cuenta los propios cristianos. Precisamente hoy, día 24 de Marzo, moría asesinado en El Salvador (país que ahora mismo vive entre grandes esperanzas, pero también entre algún que otro temor) hace 29 años el obispo Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Obispo mártir, obispo santo y obispo bueno, incomprendido por sus compañeros de la conferencia de obispos de El Salvador e incluso por el Papa Juan Pablo II. No era incomprendido por su opción preferencial por los pobres, sino que era incomprendido porque esa opción preferencial por los pobres que practicaba Monseñor Romero era una opción que le hacía leer el evangelio y las doctrinas de la Iglesia desde la realidad de opresión de su pueblo, no desde la tradición y la ley. Eso hizo que Monseñor Romero tuviera muchas tensiones en sus solo tres años de administración de la Archidiócesis de San Salvador, que terminó con su dramático (aunque también pascual) martirio. Tengamos en cuenta que la Iglesia es algo temporal, no eterna. La Iglesia no es un fin, es un medio. El fin es el Reino de Dios, el Reino de Dios se construye desde los pobres y no desde la tradición de una Iglesia que simplemente comunica e interpreta esa construcción del Reino de Dios (y tendría que hacerlo interpretándose y construyéndose a sí misma a partir del pueblo y de los pobres).
No dejemos que la ley, los partidismos o las religiones nos dividan o nos digan lo que está bien o está mal. Que esas cosas nos la diga la gente, la bondad humana, los problemas en la vida cotidiana que tantos sufren. Solo así mantendremos viva la memoria de Monseñor Romero, solo así portaremos la Buena Noticia del Reino de Dios. No hace falta que el Evangelio se vea respaldado por partidos políticos, iglesias o leyes, para proclamarlo o practicarlo. Si el señor es nuestro pastor, nada más nos hace falta. Hagamos el bien, sin más, a pesar de los desencantos y de las oposiciones. No imponiendo, sin campañas absurdas y sin puestas en escena. Simplemente con acción liberadora y con caridad cristiana. Hagamos cristianismo acompañando a todos aquellos que estén solos, inmigrantes, ancianos, hijos no deseados (no por ello no queridos), madres solteras, prostitutas, drogodependientes, jóvenes problemáticos..., todo ello sin importar lo que diga la gente y sin importar las modas políticas, religiosas o lo que se ve como lo políticamente correcto, sin importar el qué dirán.
Justicia
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Leo el episodio de la transfiguración de Jesucristo en el Evangelio de San Lucas. Tengo que admitir que es una de las lecturas evangélicas que más me llenan por dentro. En esta lectura San Lucas dice:
"Y mientras Jesús estaba orando, el aspecto de su cara cambió y su ropa se volvió muy blanca y brillante. Entonces aparecieron dos hombres conversando con él, los cuales eran Moisés y Elías, rodeados de un resplandor glorioso, y hablaban de la muerte que Jesús iba a sufrir en Jerusalén. Aunque Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, se quedaron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando esos hombres se iban alejando ya de Jesús, Pedro le dijo: Maestro, ¡Que bien que estemos aquí! Hagamos tres chozas; una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pero no sabía lo que decía. Y mientras hablaban vino una nube que los envolvió, y tuvieron miedo cuando se vieron dentro de la nube. Entonces se oyó dentro de la nube una voz que dijo: Este es mi Hijo amado; óiganlo a él. Después que habló la voz, vieron que Jesús estaba solo. Ellos se quedaron callados, y no dijeron nada a nadie de lo que habían visto."
Es una lectura preciosa que nos dice varias cosas. En primer lugar es una muestra que Jesús le da a sus discípulos de que va ha resucitar; para que los discípulos vean (como ahora tiene que ver la Iglesia) que nosotros vamos a ser transformados como él. Si cambiamos de actitud vamos a tener ese cambio que tuvieron su cara y su ropa. Esa luz que vieron en Jesús los discípulos, es una luz que también estará en nosotros.
También, en gran parte, nos recupera la importancia que tiene la oración. La transfiguración tiene lugar cuando él oraba. Yo creo que para nosotros los cristianos es importante rezar más. Jesús, ante el sufrimiento y el desencanto, siempre encontraba apoyo en la oración.
También nos habla de la vida, de la muerte y de la resurrección. Los muertos que se aparecen con Jesús, Moisés y Elías, aparecen bien alegres para hacernos ver que no habían muerto, incluso después de sufrir la muerte. Por eso hablan con Jesús de la muerte y de la resurrección. Hablan de la muerte con Jesús, ellos lo hacen desde la gloria, compartiendo esa gloria y esa alegría con Jesús. Todos los que comparten los sufrimientos de Jesús, todos los que luchan por su causa, los que luchan por la liberación de los seres humanos, participan con Jesús en la gloria, la mesa común, la Iglesia y la alegría, como lo hacían esos dos profetas. Cuando Moisés y Elías hablan de la muerte de Jesús no hablan solo de él sino que también hablan de todos aquellos que iban a gozar de un destino semejante.
Moisés fue el gran libertador del pueblo, el que lo sacó de la esclavitud en Egipto; Elías es un gran profeta, defensor de los pobres y de los oprimidos, mantuvo una posición verdaderamente profética ante un Israel que volvía a caer en la esclavitud creando una sociedad de ricos y pobres. Los dos estaban muy identificados en el Mesías, el Mesías era un segundo Moisés y Elías era un profeta que volvería a denunciar la injusticias y sería precursor del Mesías (¿Jugo ese papel Juan el Bautista? Muchos creemos que si).
La resurrección es algo que en esta vida uno ya puede empezar a tener, Jesús aún estaba en carne mortal en el momento de la transfiguración. Aún así se le ve con esa claridad, con esa luz, como se le vería después de su muerte, resucitado. Nadie vio eso, solo los discípulos tuvieron esa visión y han visto a Jesús transfigurado ya en vida por la muerte que iba a tener. Eso se puede aplicar a nuestro mundo, a nuestra sociedad, a la Iglesia; sobre todo se puede aplicar a esas partes del mundo que más sufren, las realidades de pobreza, esas realidades están transfiguradas aunque muchos no podamos verlo, porque en esas realidades de pobreza es donde Jesús, su evangelio y su testimonio se hacen más presentes.
Es importante valorar el papel que tiene en la Iglesia los testigos. Los testigos son aquellos que ven el mensaje de Jesús y lo practican hasta sus últimas consecuencias. Un ejemplo de testigo es Monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo mártir de El Salvador. Monseñor Romero fue obispo de un país muy pobre, al borde de una guerra civil, donde el ejercito mataba día sí y día también, de manera injustificada y en nombre de no se que seguridad nacional, a montones de campesinos (los amontonaban en las cunetas). En esa realidad, Monseñor Romero intento luchar por la paz y evitar que explotase la guerra, por otra parte también intentó que su país fuera un país donde los derechos humanos se respetaran; pero sobre todo Monseñor Romero defendió a las personas más humildes de El Salvador y a los sacerdotes que estaban encarnados en las realidades de mayor pobreza. Predicó una liberación profundamente enraizada en la Fe, aunque esto es algo que a muchos les cuesta comprender.
Yo creo que hay dos clases de muertes, una muerte es la de aquel que no está unido la gente y a las realidades de pobreza, que donde Jesús se hace más presente, y esa es una verdadera muerte. Y la muerte de aquel que está unido a la gente y es sensible, solidario, comprometido con las realidades de pobreza, esa es una muerte con resurrección. Monseñor Romero que murió por defender a su pueblo es una persona que está viva, resucitada y presente en la Iglesia Católica, en sus misioneros, en los obispos comprometidos con los pobres (como Dom Pedro Casaldáliga, Monseñor Nicolás Castellanos, Monseñor Fernando Lugo o el Cardenal Maradiaga).
La buena obra que uno hace con los demás es un triunfo sobre la muerte porque en ese momento, casi sagrado diría yo, es cuando esa persona pasa a formar parte de la humanidad y del Reino de Dios. Aunque la memoria de esa persona no sea guardada, cosa que sería una pena, esa persona y esa buena obra queda en la historia de la humanidad como testimonio.
Pero hay que decir más sobre esta lectura, en la lectura he dicho "muerte", pero lo que San Lucas dijo de verdad es "su partida", en griego partida se dice éxodo y esa es la palabra que San Lucas usa. Jesús, con su muerte, encabeza un nuevo éxodo de la humanidad, una nueva partida hacia la liberación. El éxodo, entendido en un lenguaje actual, es una transformación o una revolución. Dios aparece en la Biblia como el Dios del Éxodo, de la transformación, de la revolución...el Dios de la liberación. El profeta Amós dice que el Éxodo de Israel no fue el único, que Yahvé ya había hecho salir de la esclavitud a otros pueblos, eso supone que Dios es un Dios de la liberación de todos los pueblos, de su transformación y de su revolución.
En la Iglesia Jesús nos libera de todas nuestras esclavitudes y lo podemos ver en la Iglesia, Jesús está presente en la Iglesia, en sus celebraciones, en sus comunidades, en sus misiones, en sus obras de caridad y en sus movimientos de liberación. La luz de su transfiguración debe iluminarnos, debe darnos esa luz de amor. No podemos ignorar esa llamada de Jesús.
También, Moisés y Elías, su ejemplo y su testimonio valen de consuelo para Jesús, de ánimo y de testimonio que le ayuda en su confirmación, en su decisión de aguantar voluntariamente la pasión, de morir por la liberación del hombre. Los apóstoles, a pesar del sueño, están toda la noche despiertos, creo que eso también tiene un cierto valor simbólico y que algo nos quiere decir el Evangelio con ello.
Los apóstoles, también, dan una muestra de hospitalidad ante tal milagro. En vez de arrodillarse y adorar, ofrecen. No son muy conscientes de lo que estaba pasando. Son personas humildes, del pueblo, que reaccionan con esa hospitalidad típica de las personas del pueblo. Ante una visión, ellos quieren quedarse ahí, en la visión, sin sufrimiento. Querían la resurrección pero sin la muerte, eso es algo que hoy nos pasa a muchos cristianos y por eso a pesar de tener una profunda Fe en la vida tras la muerte, la idea de morir nos asusta. Somos humanos.
San Pedro, que no quería ir a Jerusalén, ahora goza de la felicidad de la resurrección sin sufrir. Piensa que toda la misión está terminada y que se pueden quedar ahí, sin tener que vivir la vida luchando, sin tener que vivir en el mundo real, sin tener que pasar los sufrimientos, penurias y las muertes que hay que la vida. No sabía todavía lo que suponía de verdad el mensaje de Jesús. Se quedaba en simple visión, sin volver a la realidad. Vivía en una especia de país de las maravillas, eso es algo que aún hoy nos pasa a muchos cristianos que creemos que vivimos en un mundo perfecto, en una Iglesia perfecta, donde nadie sufre, donde todo va bien, eso es solo pura imaginación, hay que poner los pies en la tierra. La gloria de la transfiguración es real, pero es futura, es producto de la vida y da la muerte. La transfiguración es una visión que nos pone en contacto con nuestro mundo, que nos llama a vivir la vida con sus penas y con sus alegrías, es un apoyo para la lucha por la liberación de los hombres.
La humanidad es muy destacable y entrañable. Ver como se asustan ante las nubes que los envuelven, ver como no están aún concientizados de lo que Jesús les quiere decir. Representan esas constantes dudas y esas constantes contradicciones que los cristianos tenemos en nuestro día a día. La nube es el misterio de Dios, es aquello que se nos presenta pero no podemos ver, Dios en la Biblia se presenta en muchas ocasiones como una nube. Los apóstoles son humanos, ante el misterio de aquello que no entienden, se asustan, a pesar de que saben que es un Dios amoroso que simplemente manifiesta su amor por Jesús. Jesús es la palabra de Dios hecha carne, es el mensaje de Dios hecho vida, hecho testimonio, es el mensaje de amor hecho carne.
La nube nos envuelve hoy a la Iglesia, muchos somos los que tememos, los que sentimos confusión o duda. La nube de Dios nos dice que oigamos a Jesús en nuestra realidad, que sepamos oír a Dios a través de Jesús que es palabra hecha carne. Con esa palabra y ese amor, nos transfiguramos, nos unificamos toda la humanidad y vamos todos a un mundo mejor.
También remarca la humildad. Jesús siempre guarda en secreto sus glorias, la transfiguración y también que era el Mesías. Es parte de la humildad del cristiano, que nunca se da importancia a sí mismo. Hay una consigna del sandinismo que siempre compartiré: Las alabanzas por al espalda y las críticas a la cara. Jesús cuenta a sus discípulos que es el Mesías, que va a morir y que va a resucitar; todo ello lo guarda en secreto y lo cuenta a unos apóstoles que tampoco acaban de entender muy bien que es lo que Jesús les quiere decir.
El relato de la transfiguración es un relato de gran belleza y de gran valor. Un relato puramente simbólico. No habla de algo concreto que pasa en un monte concreto de Palestina, habla de los montes que hay en nuestra vida, un nuevo monte, donde hay un nuevo Moisés, con una nueva ley, con la ley del amor. Pedro quiere hacer unas chozas para ellos, Jesús, Moisés y Elías; esto tiene sentido si recordamos que los profetas decían que Dios habitaría de nuevo en una tienda de campaña en medio de su pueblo, como en el Éxodo, como en las luchas de liberación y emancipación que hoy viven muchos pueblos. Con Jesús Dios planta su cabaña en medio de nosotros. Pedro quería levantar la cabaña para Dios, pero lo hizo sin Éxodo ni libración, lo hizo por puro desconocimiento. La Iglesia, hoy, sus comunidades, están en movimiento y Dios esta en medio de la Iglesia, en sus chozas.
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